Referente juvenil
El chajariense Lucas Zampedri, una de las apariciones más significativas que tuvo en los últimos años el deporte de bochas en Entre Ríos, dio cuentas de su historia y una pasión hereditaria. Brindó sus impresiones con respecto a las conquistas nacionales y las experiencias en las citas ecuménicas.
Kevin Rivero
La ciudad de Chajarí sacó a lucir una gran cantidad de deportistas que brillaron en el plano nacional e internacional en este siglo. Sin embargo, el bochófilo Lucas Zampedri tomó un prestigio indescriptible tras las diferentes conquistas superiores a una decena en el ámbito regional y en los distintos puntos del país, hasta dar un salto notorio en dos encuentros mundialistas con el deporte de la bochas.
En diálogo con MIRADOR ENTRER RÍOS, el chajariense, de 19 años, elucubró y narró su trayectoria, forjada con un sentido de pertenencia familiar que lo ayudó a birlar los obstáculos que se presentaron en su recorrido.
Sensaciones
“Comencé a jugar a los cinco años, aproximadamente. Mi familia es bochófila, detrás de mi casa tenemos algunas canchitas debajo de los árboles, dónde mi papá, mi mamá, mis tíos y las personas que trabajan en el lugar, siempre me incentivaban a jugar. Estábamos continuamente con las bochas y empecé a competir en la localidad y en la región. A los ocho años, tuve la posibilidad de representar a la Asociación de Chajarí, en los Juegos Nacionales Evita, que se llevaron a cabo en Villaguay. Es un torneo que me marcó para siempre y casi lo pongo a la misma altura a cuando fui convocado al primer Mundial”, relató el joven, en relación a sus comienzos.
En este sentido, su nombre comenzó a sonar por las paredes de los diferentes clubes y lugares dónde se desarrollaban los diferentes certámenes provinciales. “Todos los torneos que gané en Entre Ríos y a nivel nacional, al recordarlos me generan buenas sensaciones. Un momento que jamás olvidaré, es cuando me consagré campeón en un certamen que reunió a los máximos representantes del país. Al finalizar, el entrenador del seleccionado argentino, me dijo que tenía grandes condiciones para la bocha en modalidad de zerbin, y me manifestó que me llamaría para realizar una prueba. En ese momento, sentí una felicidad absoluta”, expresó.
Un escenario totalmente impensado para un chico que solamente desarrollaba sus actividades con el fin de divertirse y trasladar la pasión que le inculcaron desde la temprana edad. ”Luego volví a jugar un campeonato nacional a La Pampa, y el entrenador me dijo que me iba a tener en cuenta y me pidió mis datos personales para confirmarme en la convocatoria. Fue una sensación increíble e inolvidable”, contó.
“Realicé la primera concentración con el equipo. Tras una semana, el director técnico me mandó un mensaje para expresarme nuevamente que tenía muchas condiciones para jugar y mencionó que estaba seleccionado para el Mundial. Es un recuerdo que nunca me voy a olvidar e incluso tengo la captura de esos mensajes dónde me decía que ponga todas las fichas porque iba a disputar un torneo de esa magnitud”, deslizó entre risas.
La mirada del cuerpo técnico del seleccionado nacional no tardó en colocarse en Zampedri y lo llevó competir en dos Mundiales para menores de 18 años: Mónaco 2016 y China 2018. En este sentido, se refirió a las participaciones en las citas máximas que otorga este deporte. “En Mónaco fue un torneo tremendo y con una relevancia trascendental porque era mi primera Copa del Mundo. No tenía idea como sería y que me iba a encontrar, y fue algo maravilloso. Me tocó jugar la modalidad individual en bochas de zerbin, dónde perdí la final con Italia”, concretó. Por otro lado, se refirió a la segunda experiencia mundialista en el suelo chino: “En el plano individual me tocó llegar a estar entre los cuatro mejores por la medalla de plata. Y en pareja, no tuvimos la suerte de alcanzar la meta que nos propusimos, pero nos quedamos contentos. La experiencia, los recuerdos y la nostalgia que te queda, es maravillosa”.
La vara se levantó rápidamente y los desafíos se acrecentaban continuamente. En este sentido, Lucas relató: “Nunca me di cuenta que podía competir a esa altura porque solamente trataba de superarme día a día. Mi viejo me ayudaba a mejorar mis cualidades, tanto la tranquilidad y los nervios, como la precisión, manejar el tiempo, jugar con el contrario y saber qué decisiones tomar en diferentes circunstancias. Jamás supe cuando estaba preparado para cosas grandes y todavía no caigo hasta dónde llegué y lo que logré con el deporte de la bochas”.
Además destacó los aspectos positivos que se encontró en el camino de una carrera trazada con éxitos: “Tengo mucha gente que me apoya y me acompaña, principalmente, mi familia y mis amigos que están dándome fuerza para seguir creciendo. Fueron tantos torneos, y soy un afortunado porque hice grandes amigos y vi ciudades hermosas. No puedo definir el momento más destacado”. No obstante, señaló los puntos negativos que anhela fortalecer: “Quiero mejorar los nervios y la tranquilidad, porque me falta competitividad. Al estar distanciado de todo, la impaciencia me juega en contra y no es tan fácil como parece”.
“Todos los torneos tienen trascendencia para mí, y se me hace complejo inclinarme por una. Me quedé con 14 citas provinciales, asimismo, a nivel nacional. Todas tienen relevancia, pero, al Mundial siempre lo destacaré, ya que no es una posibilidad que se da continuamente y tuve la suerte de vivirlo dos veces. Los viajes que compartí con mis compañeros y el técnico, son inolvidables. Armamos una familia a pesar que estamos lejos físicamente”, sostuvo el entrerriano, en relación a los triunfos alcanzados durante su carrera.
Los objetivos
“Pienso en llegar más lejos en el nivel deportivo. Trabajo con mi familia y apunto a seguir ayudando a la gente que me dio todo. Sueño con pertenecer a la selección argentina de mayores y ganar una Copa del Mundo para levantar la bandera celeste y blanca, con el himno atrás. Me llenaría de orgullo hacerlo, y que esté mi familia viéndome”.





















