Rompiendo la cuarta pared
Después de seis años, Teatro Ciego vuelve a Paraná para presentar la obra “Un viaje a ciegas”. Será el domingo 17 de julio en las instalaciones de Tierra Bomba. El elenco se encuentra de gira por todo el país. En diálogo con Mirador Entre Ríos, el actor César Martínez dejó en claro que “la gente sale anonadada e impactada con la experiencia que vivió”.
José Prinsich
redaccion-er@miradorprovincial.com
Una nueva forma de hacer teatro está llegando a Paraná. Un teatro donde la oscuridad total se presenta como el escenario principal y la imaginación se convertirá en un componente clave a la hora de pensar cada uno de los paisajes y personajes del relato.
Después de seis años, el elenco de Teatro Ciego vuelve a la capital provincial para llevar adelante la obra “Un viaje a Ciegas”, un show musical con una gran apuesta en los sentidos. Luego de girar por Lomas de Zamora, Mar del Plata, Rosario, Córdoba y Santa Fe, el team de teatreros desembarcará por segunda vez en Entre Ríos. Será el domingo 17 de julio a las 21 en las instalaciones de Tierra Bomba, ubicado en calle Urquiza 1214. Las entradas para el espectáculo se pueden adquirir en The Music Store (Gualeguaychú 442) o en el sitio web passline.com
En diálogo con Mirador Entre Ríos, César Martínez, uno de los actores del staff, expresó que “la sala está completamente a ciegas, es decir, oscurecida y cualquier persona que ingrese a la misma no va a ver nada tanto el espectador como los actores. Lo que hacemos es contar diversas historias con diferentes estímulos sensoriales como táctiles, olfativos, auditivos. En el caso del gusto sólo lo realizamos en Capital Federal ya que mover la estructura de la cocina es complicada. Nosotros con los estímulos creamos los paisajes ya sea una habitación, una casa, la selva, un avión, la playa. Las personas se imaginan el lugar y los actores. A quien le comentas sobre la obra siempre le genera intriga. El nombre del teatro ya genera una expectativa”.
-¿De qué trata “Un viaje a ciegas”?
-Es una obra que se sitúa en un bar de cualquier parte del mundo. Es un poco atemporal porque va y viene. Durante el relato se cuentan diversas escenas de amor y humor de los personajes. Uno es el dueño, después está el típico borracho, la moza, una pianista y un cantante en vivo. Los actores son 5 más el sonidista. Tengo una camioneta con la que hacemos la gira y que es como una casa rodante. Con ella viajamos por todo el país.
-Su última presentación en Entre Ríos fue en el 2016.
-Si, tal cual. Tanto tiempo. Nosotros en esa época estábamos recién arrancando y lo hacíamos a pulmón. Viajábamos en colectivo, traíamos como mil cosas porque teníamos mucho equipaje. Hoy tenemos, por suerte, movilidad propia. Podes llegar a la hora que queres, bajas en la puerta, subis, descargas. La verdad que es un placer, antes era toda una lucha.
-¿Qué dicen los espectadores cuando salen de la sala?
-La gente sale anonadada e impactada con la experiencia que vivió. Tenés que pensar que le eliminas algo sumamente importante para el desarrollo cotidiano y que es la vista. Los despojas durante una hora y la gente sale encantada porque pudieron prestarle atención a otros sentidos. También se enriquece la imaginación y eso no tiene límites. Eso es lo rico del teatro ciego.
-¿Cómo es la puesta en escena de Teatro Ciego?
-Muchos se preguntan “¿cuál es el escenario?”. El escenario es todo el espacio, no es el convencional como estamos acostumbrados, o sea, al frente a la italiana. Nosotros trabajamos en 360° alrededor del público y entre el público. Así creamos los ambientes y que la gente sienta el movimiento y se sitúe en el lugar.
-Rompen constantemente esa famosa cuarta pared.
-Desde el primer momento no existe ni la primera pared (risas). La gente pierde la noción de espacio. Todos están sentados por la seguridad de los espectadores y la nuestra. Nosotros tenemos control del espacio, pero sin obstáculos. Antes del ingreso a la sala, se da una breve charla explicando con qué se van a encontrar. El ingreso se hace en formato de trencito, uno detrás del otro y tomados de los dos hombros. Entramos así para que se mantenga una línea recta y nadie se lleva nada puesta, además de tener un control de la gente. Que vayan a ver teatro ciego con el entusiasmo de vivir una experiencia nueva y divertirse
-¿Qué es lo que buscan ustedes con este tipo de teatro?
-El elenco está integrado por persona con discapacidad visual y personas que ven. Pero dentro de la sala no hay distinción alguna. Somos todos iguales y estamos todos a ciegas. Nosotros, en el teatro ciego, tratamos de comunicar el arte desde otro lugar. Hay muchas formas de hacerlo como el teatro aéreo, de sombras, entre otras. No buscamos que nadie se ponga en el lugar de nadie porque es imposible ponerse en el lugar del otro, sólo se puede empatizar. Buscamos que la gente se distraiga un poco, que se venga a divertir y que conozcan nuevas formas de hacer teatro y de poder experimentar una historia. Cualquier persona puede asistir porque este teatro ciego está para comunicar arte. No es un teatro para ciegos sino para todo el público. Queremos romper esa idea que es más que nada por el desconocimiento.
-El éxito de Teatro Ciego los llevó a viajar no sólo por el país sino también por el mundo.
-Hace poco hicimos el sur de Argentina. Estuvimos 45 días. Nunca habíamos estado allí. Siempre hicimos de la mitad del país para arriba. En el exterior estuvimos en Uruguay, Paraguay, Chile, Bolivia, México, España. Hay funciones que se hacen en Colombia y en New York en conjunto.
Primeros en el mundo
La técnica Teatro Ciego surge en Córdoba en 1991 cuando Ricardo Sued, inspirado en las técnicas de meditación en la oscuridad practicadas en los templos “Zen” Tibetanos, decide realizar una obra de teatro en total oscuridad. En el año 2001, Gerardo Bentatti, ex miembro de ese elenco convoca a José Menchaca para dirigir una nueva obra de teatro en la oscuridad. Este elenco es conformado en su mayoría por actores ciegos, miembros del grupo de teatro leído de la Biblioteca Argentina para Ciegos, por su habilidad para manejarse en un espacio sin luz. Un año después estrenan “La isla desierta”, de Roberto Arlt.
El deseo de fomentar la creación de nuevos espectáculos y el desarrollo pleno de la técnica produjo la necesidad de contar con un espacio propio. Gerardo Bentatti y Martín Bondone deciden encarar el ambicioso proyecto de poner en funcionamiento el Centro Argentino de Teatro Ciego. Luego de mucho trabajo y esfuerzo, el 4 de julio de 2008 abre sus puertas el primer Teatro Ciego del mundo, un espacio donde todos los espectáculos son presentados en la más absoluta oscuridad, buscando el desarrollo cooperativo e igualitario de sus miembros.




















