Entre Ríos, patrimonio y paisajes culturales
El Banco de Italia y Río de la Plata fue fundado en 1872 con sede en la ciudad de Buenos Aires y su creación respondió a la iniciativa de un grupo de capitalistas italianos cuyo primer propósito fue impulsar el comercio ítalo argentino.
Mariana Melhem
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Se estableció en Entre Ríos hacia 1903, casi simultáneamente a la clausura del Banco Provincial. Una ley sancionada por la legislatura autorizaba al Poder Ejecutivo, en la figura del Gobernador Dr. Enrique Carbó, a la contratación del Banco para su establecimiento en la provincia como entidad oficial mediante las condiciones enunciadas en su primer artículo: “El Banco de Italia y Río de la Planta sustituirá con sus sucursales propias al Banco Provincial de Entre-Ríos en la casa central y sucursales que este Banco tiene actualmente en la Capital de la Provincia y en las Ciudades de Concepción del Uruguay, Concordia, Victoria, Gualeguay y Gualeguaychú quedando facultado el Banco de Italia y Río de la Plata para establecer otras sucursales en los demás pueblos de la Provincia cuando lo considere conveniente”. De esta manera, la entidad se hizo cargo de los pasivos y de la liquidación de los activos y depósitos judiciales del disuelto Banco Provincial en una relación contractual con la provincia que duró 25 años.
Rol importante
Fueron sus rasgos salientes el impulso del crédito y el fomento del comercio y las industrias. Al ser agente financiero de la Provincia, colaboró principalmente con los bancos agrícolas regionales a los que otorgó créditos y facilidades.
Su importancia fue tal, que ocupó el primer lugar entre los bancos particulares del ámbito nacional y el tercero del conjunto, detrás del Banco de la Nación y el Banco de la Provincia de Buenos Aires. En Entre Ríos, hacia 1924, contaba con nueve sucursales dispuestas en Paraná, Concordia, Gualeguay, Gualeguaychú, Concepción del Uruguay, Victoria, Villaguay, La Paz y Nogoyá.
Un mismo proyecto como sello
Recorriendo las ciudades de Paraná, Concordia, Gualeguaychú, Concepción del Uruguay, Victoria y Gualeguay se distinguen fácilmente los edificios que fueron construidos como sede de la entidad que fuera agente financiero de la provincia hasta la creación del Banco de Entre Ríos.
Un rasgo común es la localización en esquina y en el área céntrica de cada ciudad, pero lo que llama la atención es su arquitectura de gran porte sin perder la condición de sobria y ostentar atributos que dan cuenta de la actividad.
El programa constaba de un salón de atención al público y oficinas en planta baja, mientras la planta alta se reservaba para la vivienda del director. La superficie respondía al tamaño de la ciudad donde se asentaba. En todos los casos, los edificios se disponían en dos pisos, lo que definía una cierta escala que, en el entorno urbano de aquella ciudad de principios del siglo XX, lo dotaban de singularidad.
El ingreso principal se ubicaba sobre la estrecha ochava (de aproximadamente cuatro metros), disponiéndose, en algunos casos, un ingreso secundario y uno diferenciado para el acceso a planta alta. Al establecerse en terrenos de forma rectangular, había un desarrollo más extendido en una calle que en la otra, lo que permitía disponer en el centro del lado más largo, la figura alegórica de Mercurio (dios del Comercio). El lenguaje es ecléctico de composición clásica, división tripartita (basamento, desarrollo y coronamiento) y su repertorio se caracteriza por la utilización de pilastras articuladas con recortes de piedra que abarcan todo el desarrollo y marcan el ritmo entre paños; la diferenciación entre ventanas de planta baja y alta, donde las primeras rematan en arco rebajado y las superiores son de dintel recto, ambas coronadas por guardapolvos que acompañan sus formas; el remate del conjunto es una cornisa corrida donde se marca la posición de las pilastras inferiores. Los únicos módulos tratados de forma diferenciada son los correspondientes a los ingresos que se valen de balcones compuestos por balaustradas y sostenidos por ménsulas, para señalar las puertas de acceso y, sobre la cornisa, elevan un arco en el que se inserta una guirnalda para el caso de la esquina y una rocalla que sirve de soporte a Mercurio elevado sobre el conjunto.
Pequeñas y sutiles diferencias en la ornamentación, por ejemplo los capiteles de las pilastras, nos recuerdan que la ejecución estuvo a cargo de diferentes constructores.
Así, en Victoria se trató de Alfonso Ghiggino; en Concordia, de Mas y Tayeda; en Paraná, de Borghobello, desconociéndose quiénes ejecutaron el resto de las obras.
Un interrogante se presenta respecto a quién fue el autor del proyecto que no figura en los planos, salvo en el caso de Victoria, donde se consigna que se trata del Arq. Bernardo Rígoli, italiano del Ticino, autor de una variedad y cantidad de obras realizadas tanto para el Estado como para particulares, donde se destaca el Palacio de Gobierno Provincial.
De la observación y análisis de las obras destinadas al Banco de Italia y Río de la Plata se infiere que existen elementos suficientes para considerar que se trata del mismo prototipo adecuado a cada caso como si se tratase de una marca corporativa de la entidad. Este ha sido un rasgo característico de Rígoli para otros proyectos, como los de las jefaturas de Policía con las mismas componentes de la Casa de Gobierno, emulando la presencia del Estado en cada ciudad.
Nuevos destinos
En 1985, el Banco Central de la República Argentina procede a liquidar la entidad, lo que provocó protestas en la sociedad que derivaron en la continuidad bajo la denominación “Banca Nazionale del Lavoro”. Los inmuebles de su propiedad fueron vendidos a particulares otorgando beneficios para quienes conservaran las características y el nombre de Italia utilizándolos con fines educativos e institucionales.
Así, la sede de Concepción del Uruguay se transformó en un colegio italiano bilingüe, mientras en Gualeguaychú funciona la Facultad de Bromatología de la UNER, en Concordia se estableció el Banco de Entre Ríos, mientras que los tres casos restantes se transformaron en espacios comerciales, destacándose como buen ejemplo la intervención en Victoria destinada a bar y hotel.





















