El caso de San Cristóbal
Después de tanta espera y casi un año sin verse cara a cara, este miércoles se reencontraron los alumnos en sus escuelas con sus compañeros y sus docentes. Si bien la fecha estipulada para la vuelta a clases era el lunes 15 de marzo, se tuvo que retrasar para este miércoles 17 por paro de docentes.
Noelí Rojas
redaccion@miradorprovincial.com
Los niños y niñas que asisten al turno mañana se levantaron bien temprano, se volvieron a poner sus guardapolvos y con sus mochilas llegaron muy felices a la escuela. Anhelaban tanto esta vuelta a clases que finalmente se concretó.
En el caso de los alumnos del turno tarde también llegaron muy entusiasmados, especialmente los de primer grado que se encontraron con un mundo totalmente nuevo para ellos.
Los protocolos establecidos para todas las instituciones de la provincia fueron preparados por el Ministerio de Educación y cada escuela tuvo que adecuarse a los mismos, teniendo en cuenta los cuidados necesarios para quienes forman parte de la comunidad educativa.
En el momento de llegada a la escuela, en mesa de entrada se realiza control de temperatura, registro de alumnos y adultos que ingresan y sanitización de manos con alcohol. Además del distanciamiento y la utilización del barbijo durante todo el tiempo que permanezcan en el establecimiento.
En las semanas previas a este regreso oficial a las aulas, el personal escolar realizó reuniones informativas con los padres para explicarles cuáles eran las nuevas metodologías que se debían implementar tanto en los salones como en los recreos y de qué manera se llevaría a cabo tanto la entrada como la salida de los alumnos.
Por eso, se debieron acordar con los alumnos nuevos hábitos para saludarse, el lavado de manos, la limpieza de los materiales, que cada uno tenga su botella de agua, entre otros, las rutinas habituales de saludo a la bandera y de organización del espacio de trabajo en el aula dio lugar a nuevas formas y rutinas para marcar el inicio del trabajo compartido.
Vale aclarar que no todos tuvieron la posibilidad de regresar a la escuela el mismo día, sino que se conformaron distintos grupos separados por burbujas que irán alternando semana a semana para evitar la conglomeración de personas dentro del establecimiento.
Entonces, la primera semana vuelve un grupo, la segunda otro y en algunos casos en la tercera semana el último grupo. Esto significa que la virtualidad continúa y a los estudiantes se les provee de materiales impresos para la realización de actividades en el hogar.
Este formato de trabajo se mantendrá hasta el primer corte de evaluación parcial establecido, al término del mismo, en función de la experiencia transitada en la escuela y dependiendo de las modificaciones en la situación epidemiológica podrán redefinirse los regímenes de alternancia.
Mirador visitó dos escuelas públicas de la ciudad de San Cristóbal para conocer de qué manera están trabajando y adecuándose a la nueva realidad y así poder reflejar cómo están vivenciando los alumnos y docentes este tan esperado regreso a clases.
Escuela Nº 411 “Juan Bautista Alberdi”
Este establecimiento ubicado en barrio José Dho se preparó con anticipación para recibir a los alumnos de 4º a 7º grado en el turno mañana y de 1º a 3º en el turno tarde. Para ello se realizaron actos en los que participaron algunos integrantes de las familias por la cuestión de distanciamiento entre unos y otros.
La directora Yanina Airaldo y la vicedirectora Carina Furrer Fueron brindaron sus testimonios a este medio.
“La escuela estaba preparada para regresar a clases, igual que las maestras, estuvimos recibiendo el protocolo de provincia y analizando en reuniones plenarias con los maestros cómo iba a ser este retorno a la presencialidad. Los niños están divididos en dos burbujas que van asistir de forma rotativa, una semana asisten a clases y la otra son actividades en la casa. Los salones están organizados para atender en cada burbuja entre siete y ocho alumnos más el docente”.
A esta escuela asisten aproximadamente 170 alumnos, la mayoría vive en el barrio y algunas familias están en situación de vulnerabilidad, por eso es muy importante la contención que les brindan a ellos en su escuela.
“A los chicos los vi entusiasmados el primer día, pensamos que los de primer grado podrían llorar algunos pero estaban felices, esperando conocer a sus seños porque no las conocían, nosotros hacemos integración con el jardín Nº 180 y el año pasado no pudimos hacer encuentros de articulación. Aquí adentro los niños están siempre con barbijo, no comparten sus elementos, tienen que traer su botella de agua y su merienda porque todavía no nos permiten entregar la copa de leche que estamos pidiendo a nivel provincial y sabemos que es importante”.
Escuela N° 409 “Manuel Belgrano”
A esta institución que está ubicada en el corazón del barrio del mismo nombre asisten 527 alumnos, distribuidos en el turno mañana y turno tarde. Al igual que las otras escuelas también se dividen a los estudiantes en grupos y burbujas, en este caso asisten doce niños y niñas por salón.
Quienes están a cargo de la dirección son Alejandro Rojas y la vicedirectora Susana Ingaramo, quien contó cómo se vivió este primer día de clases regido bajo los estrictos protocolos.
“Después de mucho trabajo empezamos a organizar todo esto cuando nos reintegramos en febrero y todo fue un caminito de hormigas hasta que pudimos organizar este retorno a la presencialidad tan esperado. Tenemos una escuela con mucha cantidad de chicos que están organizados en burbujas. Los recreos también son distintos, a los más chiquititos les damos en este primer tiempo un recreo más corto para que puedan distenderse y se puedan ir acostumbrando y los demás tienen un recreo cuidado de treinta minutos afuera de los salones, con actividades lúdicas en sus burbujas junto a un docente especial o el docente a cargo. Además en ese momento se aprovecha para higienizar nuevamente el salón”.
Los bloques de trabajo son de noventa minutos y el recreo tiene una duración de 30 minutos. De esta manera, los alumnos están tres horas y media en la escuela y los profesores cuatro horas.
“Aquí sólo la mitad de los alumnos es la que empezó, los otros lo harán la próxima semana. Los vi muy entusiasmados, estuve haciendo el recorrido por los salones y están muy contentos, porque les pregunté si estaban contentos de volver, si tenían ganas y todos dijeron que sí, muy alegres. Ellos dicen que lo que más extrañaban es poder mirar a la seño más cerca y poder verla los ojos. Los papás muy expectantes, no notamos miedo porque les brindamos mucha seguridad, pensamos que les iba a costar dejarlos afuera y no poder entrar pero lo entendieron, sólo a los de primer grado se les permitió ingresar con un familiar. Esto ha hecho que todos cambiáramos las costumbres, las actitudes y uno se va acostumbrando a algo que no sabemos cuándo va a terminar”.



















