Campeona del mundo y de la vida
El 4 de diciembre Silvia Dalotto cumplió 50 años de edad. En un momento atípico por el Covid 19, la campeona del Mundo de aguas abiertas reconstruyó su vida que estuvo llena de desafíos y voluntad para superar distintas situaciones. Desde un problema de salud, a sus éxitos deportivos. El libro que nació en plena pandemia.
Ezequiel Re
-¿Balance de vida, deportivo y general?
-El deportivo quedó lejos, me retiré el 3 de agosto del 1996. Tenía 25 años. Parece mentira que haya pasado tanto. El balance es con aciertos y con errores. Coseché más de lo que hubiese esperado. Siempre he sido muy comprometida con los proyectos que encaro, con las decisiones que tomo y nunca nada me resultó fácil en la vida. Siempre con mucho trabajo, dedicación, enfoque. Dios ha recompensado mis esfuerzos, así que no me puedo quejar. Considero que detrás de cada logro reside una cuota de suerte, respaldado por mucho trabajo.
-Tuviste distintas etapas muy marcadas en tu vida.
-A veces me pregunto si es el destino o si el destino lo arma uno, si viene escrito. Lo cierto es que hay etapas de la vida donde son los padres quienes toman las decisiones por uno y después empezás a tomar las riendas de tu propia vida. Yo fui muy feliz de ser profesora en matemáticas y física, trabajé diez años en la docencia. Fue una etapa muy linda de mi vida. No busqué el trabajo en el Comité Olímpico, tomé la decisión de irme a Buenos Aires, eso sin dudas fue una marca muy importante en mi vida. Buenos Aires fue muy sanador para mí. Cuando volví diez años después ya tenía otra madures, otro camino recorrido, otros golpes, y hoy puedo disfrutar mucho más del reconocimiento de mi gente, de mi ciudad. Ya no me pesa si no cumplo con las expectativas de otra persona. Fue un cambio muy importante en muchos aspectos de mi vida. Empecé a tener un desarrollo laboral diferente al que venía teniendo y no fue fácil. Fueron momentos muy duros, también en mi vida personal. Estuve muy sola y ahí es donde empieza mi relación con José Luis (Marcó, su esposo), con el que volví a Paraná, acompañada, casada y querida.
-¿Donde diste clases?
-Empecé dando clases en la Escuela de Blas Parera, cerca del arroyo Las Tunas, época donde no había asfalto, había que entrar caminando. Esa fue la primera escuela donde trabajé, y después mi actividad se centró en la escuelas Normal, Paracao y en ENET 5.
-¿Cómo llegaste a la natación?
-Mi mamá me enseñó a nadar. Mis padres (Silvia y Francisco) me hicieron probar varios deportes, y un día me dijeron que tenía que elegir uno. Mis hermanos varones mayores que yo, Sergio y Jorge nadaban, entonces fui a natación. Yo era la peor nadadora del equipo a los ocho años, cuando Luis Díaz llega a Paraná como entrenador del Club Estudiantes. Lo que Dios no me lo dio en talento me lo dio en voluntad. Entrenaba mucho. Luis fue una figura muy importante en mi vida. Así llegué a campeona Sudamericana de natación. Hice el récord argentino en 5 oportunidades en 1500 libres. Hubo años en los que era la nadadora más completa de los torneos nacionales, eran 10 pruebas y 10 medallas, entre oro, plata y bronce. Cuando llegué a los 19 años ya estaba estudiando el profesorado de matemáticas. Entonces no había motivación para seguir en ese mismo nivel. Luis había sido campeón del Mundo en aguas abiertas en 1975 y siempre había soñado con tener un nadador en ese estilo. Entonces él me inscribe en la Santa Fe-Coronda. Gano el selectivo de la Santa Fe Coronda, me invitan a Brasil, salgo segunda. Y así hasta salir campeona del Mundo. Fueron años donde se me abrió esa otra marca enorme en mi vida. Viajes al exterior, aprender idiomas, conocer lugares, conocer gente que de otra manera, yo vengo de una familia muy sencilla, no lo hubiera tenido. Si no fuese por la natación no hubiera pasado por tantas cosas en mi vida. Después de esa Santa Fe-Coronda fueron 49 maratones más. Cincuenta maratones y siete temporadas completas. Desde el 90’ hasta el 96’. Yo termino subcampeona del Mundo en Atlantic City. Nunca un abandono, tres principios de hipotermia, no era nada fácil nadar 11 horas en el lago San Juan en Canadá con el agua a 14 grados. Distintas temperaturas, distintas condiciones.
-¿Hernandarias-Paraná, era una prueba difícil?
-Fue una prueba larga, tal vez no era tan difícil salvo que se levantara viento sur, como la del año 96, era una prueba dura por lo extensa.
-¿Extrañas todo eso?
-Nunca, es más yo preparé mentalmente mi retiro durante un año y medio, porque a pesar de que tenía un título profesional, y trabajaba, el retiro lo veía como un agujero negro. Es decir toda tu vida con objetivos, viajes, competencias, entonces me empecé a preparar para eso, y el día que me retiré fui segunda en el circuito Mundial, no por lesiones, no por falta de apoyo económico, sino porque yo cerraba un ciclo.
-¿Tenés contactos con ex nadadores todavía?
-Mucho. Grandes amigos, porque éramos un grupo en definitiva. Hacíamos un circuito, viajábamos a las mismas carreras. Compartíamos alquileres de auto, hoteles, entrenábamos juntos.
-¿La mejor amiga o amigo de ese circuito?
-María Luisa Cabañeros. Ella se vino desde España a nuestro casamiento. Me trata como una hermana. También Fernando Terrili, Julio Fernández. Tengo mucho cariño y respeto por Claudio Plit, buena relación con los Fleitas, Shelley Taylor, Anita Sood, que era de la India y vive en Los Ángeles.
-Mantenes una relación de amistad con la ex modelo Valeria Mazza. Nunca lo hiciste notar mediáticamente.
-Porque es una amistad sincera que no tiene que ver con ningún interés. Entonces yo me siento distinguida por su amistad. De hecho ella me invitó a su casamiento y cuando viene a Paraná me avisa, o cuando voy por Buenos Aires nos cruzamos. Valeria es una persona que tuvo experiencias diferentes en la vida de la que tenemos todos nosotros, pero que en esencia sigue siendo la misma y eso es lo más valioso. Entonces me relaciono con ella desde ese lugar, no desde lo que ella me podría dar o yo podría sacar, sino desde lo que ella pueda compartir.
-Y cuando “colgaste la maya” aparece otra faceta.
-Muchos de los que se retiran después no quieren saber nada con nadar, yo con lo que no quise saber nunca más nada fue del cronómetro, del gimnasio y de subir una cuesta corriendo. Mi límite mental son los 2000 metros. Los hago y me voy de la pileta. Sí lo necesito física y mentalmente. Para mí el agua es mi equilibrio. Luego por mi marido aprendí a esquiar en la nieve.
-Llegas también a otra parte en la faz deportiva.
-Primero llego a la Federación Internacional de Natación (FINA) como árbitro de aguas abiertas. También un día me levanté y dije si hoy todo sale bien es mi última carrera como árbitro FINA porque era un riesgo grande, una tarea voluntaria y ya me empezaba a pesar físicamente. También eran muchas horas arriba de una lancha bajo el sol y lluvia. Me di cuenta que no la estaba disfrutando y me dije ´ya está hasta acá llego´ y a otra cosa.
-¿Colaboraste u organizaste la maratón Hernandarias-Paraná, de la que fuiste símbolo por muchos años?
-No, nunca me dejaron… nunca me dieron lugar.
-¿Por qué crees que no?
-¿Celos? No sé, hay espacios donde la gente encuentra un lugar para proyectar o proyectarse desde cosas que no pudo concretar por sí mismo y son celosos de esos espacios. Así que yo intenté pero no pelee por esos espacios y dediqué energía donde podría sumar desde otro lugar.
-Luego llegas al Comité Olímpico Argentino.
-No me lo esperaba porque, nunca lo busqué. Me ofrecen primero el trabajo en el 99 y no lo acepté. Después me lo vuelven ofrecer en el 2003, ahí si acepto y me voy. Fue un desafío enorme desde otro lugar pero a la vez fascinante y sigue siendo algo sumamente desafiante porque en el Comité Olímpico no hay rutinas y eso es una de las cosas que más me gusta, lo cual no quiere decir que sea un trabajo fácil, porque tiene los humores que tiene cualquier trabajo.
-¿El libro que editaste este años es una parte del festejo de tu cumpleaños o un hijo del Covid 19?
-El libro es un hijo de los 25 años que llevo en la Academia Olímpica Argentina. Y este año cuando estábamos en la cuarentena, fue como que me volvió a hacer el click que cumplía 25 años con la Academia, entonces dije bueno voy a escribir el libro, algunas ves alguien tiene que escribir la historia. Y si de 38 años que tiene la Academia soy parte 25, creo que hay que hacerlo. Soy obsesiva, pero disfruté muchísimo hacerlo. Fue un proyecto que me hizo feliz, fue muy lindo… El día que lo presenté tuve fuertes emociones, recibí flores del Comité Olímpico Argentino, una esquela fantástica. Además gente que se conectó, porque a estas alturas ya estamos todos saturados de la virtualidad y sin embargo había 112 personas, nacionales y extranjeros, presidentes de Comités Olímpicos. Después me dijeron que iba a estar en la Biblioteca del Comité Olímpico Internacional. Pero lo más valioso es dejar un legado con las fuentes que documentan lo que ahí está escrito. Un acto de justicia para aquellos que hicieron esa historia.
-Sos una luchadora del deporte, también de la vida a la hora de enfrentar una enfermedad.
-Yo creo que cuando a alguien le llega un pronóstico de cáncer como me tocó a mí, es un mazazo en la cabeza. Nadie está preparado para un diagnóstico como ese y más cuando no te lo esperas, porque me lo encontraron en un control de rutina, sin antecedentes, sin tratamientos hormonales, sin genética, sin nada que justificara. Uno se aferra a lo que puede en esas situaciones. Yo me aferré a la religión católica y a las herramientas que me había dado la natación. Podes tener el oncólogo, medico clínico, cardiólogo, tu marido, tus padres, etc… pero al momento de entrar hacerte el tratamiento sos vos. Igual que en un maratón acuático. Tenes quienes te ayudan pero en el agua sos vos. La que tenía que poner el cuerpo soy yo. Y bueno yo seguí adelante con mi vida, no podes seguir atado a eso que te paso… Y ya han pasado de eso nueve años.
-¿Proyectas a futuro algo que te gustaría hacer?
-Nunca fui de proyectar a futuro. Si vos me dijeras, `¿planificaste ser campeona del
Mundo?´. No. `¿Planificaste trabajar en el Comité Olímpico?´. Nunca proyecté. Que el destino me sorprenda. Tomo decisiones cuando la situación se presenta, pero miento si digo yo tenía objetivo de…
La anécdota con Maradona
-¿Cómo fue esa anécdota con Diego Maradona en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008?
-Yo estaba trabajando en los Juegos. Mario Moccia era el jefe de mi sección. Nos enteramos que Diego Maradona iba a ver a Las Leonas, pero el tema que nosotros no teníamos ni entrada ni acreditación para él. Es decir no teníamos forma de hacerlo entrar. En un momento dado él llega al estadio, se baja del auto y Mario lo recibe. Yo caminaba cuatro pasos atrás, por una cuestión de respeto a Maradona y a mi jefe. El se da cuenta que venía junto a otros colaboradores unos pasos atrás, se da vuelta y nos saluda. Los voluntarios chinos le hicieron un camino para que pase. Todo el Mundo sabía quién era. El entró y nadie le pidió entrada, ni acreditación, ni pasaporte. Era Maradona y entraba donde él quería. La verdad que era muy fuerte porque estabas en China, no estabas en Europa. Pero lo que más me impresionó fue cuando estaba en el partido de básquet entre Estados Unidos y Argentina. Las figuras de la NBA, Ginóbili, Delfino, Kobe Bryant y tantos otros. Osea era la elite de la NBA. Las canchas de básquet tenían como un cubo y allí pasaba imágenes de Maradona ingresando al estadio de básquet. Los jugadores pararon el juego porque entraba él. Y cuando ves eso decís `uf qué difícil debe ser estar en sus zapatos, una persona que la trataron y le hicieron creer que era Dios, que nada ni nadie se le podía interponer para nada. Era tal la idolatría a nivel Mundial, sin justificar lo que haya hecho o dejado de hacer. Pero volvemos a las herramientas que uno recurre, el entorno en que creció, cómo lo manejó. Lo que él generaba era fuera de este Mundo. Nunca vi otro deportista en el Mundo que genere lo que Maradona generaba.
La ruta del alma
-¿Qué dirías como palabras finales de la entrevista?
-Que le “doy gracias a la vida que me ha dado tanto” como cantó Mercedes Sosa. Los padres, entrenadores que tuve, los amigos, mi marido, mi familia, las experiencias. De todo aprendí y traté de aprender. Estoy feliz y conforme con lo que he hecho. No sé qué me depara el futuro, pero yo creo que uno hace lo que puede con lo que tiene. Estoy muy contenta con lo que he hecho como he podido.





















