Entre Ríos, patrimonio y paisajes culturales
Los altos ideales humanitarios de grupos de ciudadanos en todo el territorio provincial se manifiestan en el intento por vincular sus programas de acción cultural con la aspiración a construir con lo más granado el edificio sede. Las sociedades que hicieron brotar las bibliotecas populares son un buen ejemplo.
Mariana Melhem
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Durante el último cuarto del siglo XIX surgieron diversas asociaciones promotoras de educación y cultura entre las que se destacan las Sociedades de Fomento Educacional, formato que dio origen a muchas bibliotecas populares. Estas entidades reunían en sus filas a vecinos preocupados por la formación y la promoción de la lectura entre sus conciudadanos. Además, fueron artífices de la construcción de edificios notables cuyas funciones giraban en torno a la biblioteca pública pero que no se agotaba solo en eso: la presencia de salones auditorios, aulas y salas de exposiciones, entre otras, hablaba a las claras de un proyecto integral.
En una primera etapa constitutiva, los grupos de vecinos se organizaban conformando la Asociación y funcionaban en algún local cedido por un particular o por alguna dependencia gubernamental.
En la mayoría de los casos, mediante suscripciones públicas reunían los fondos para la adquisición del terreno y la contratación de profesionales de renombre. A veces el Estado era un interesado más que se involucraba en la adquisición de terreno.
Entre las primeras asociaciones que dieron origen a las bibliotecas populares se encuentran varias de enorme prestigio social.
La de la biblioteca Popular de Paraná fue creada en 1873. Adquirieron el terreno en 1907 y contrataron al prestigioso estudio de los arquitectos Fasiolo y Storti. Estos profesionales italianos, que se desempeñaban sobre todo en Buenos Aires, diseñaron el edificio que fue inaugurado dos años después de la colocación de la piedra fundamental, el 27 de mayo de 1910. De todos modos, el uso público quedó habilitado el 15 de mayo de 1911.
La Biblioteca Fiat Lux de Colón fue la segunda creada en la provincia: se fundó en 1876, tal como se expresa en la edición de 1912 del Estado de Entre Ríos, de J. Barcón Olesa, junto a la foto del edificio.
El listado no se agota en las mencionadas, sino que, recorriendo las ciudades de la provincia, podemos descubrir que buena parte de las bibliotecas populares – por fuera de las escolares – aun en pie, concretaron sus respectivas sedes entre 1910 y al promediar la década de 1930.
Dentro de la categoría Sociedad de Fomento Educacional, es posible distinguir tres casos: la Biblioteca Popular de La Paz, la de Nogoyá y la de Gualeguay actualmente denominada Carlos Mastronardi.
Singularidades
La Sociedad de fomento se creó en 1904, de la mano de referentes cuyo objetivo se centraba en desarrollar la cultura local. Hacia 1906 se fundó la biblioteca Domingo Faustino Sarmiento que funcionó en la sede de la escuela N°1 Gral. San Martín hasta que en 1918 tuvo su local propio. El proyecto había sido realizado en 1915.
El edificio cuenta con un área administrativa, un área de biblioteca y sala de lectura y hacia el fondo, separado de las medianeras por sendos patios, un salón auditorio.
El lenguaje adoptado, acorde con la época de su construcción, es ecléctico configurado con un orden clásico, pero combinado con herrería y carpintería de líneas Art Nouveau.
Es de destacar el diseño y la calidad de las puertas principales del mismo modo que el mobiliario interior, que da cuenta de un fino trabajo artesanal.
En Nogoyá, luego de que el 12 de junio de 1875 se fundara la Sociedad de Fomento Educacional, en 1914 fue adquirido un terreno ubicado en la parcela contigua al Palacio Municipal, frente a la plaza principal. En efecto, con subsidio aportado por la provincia, en ese predio se construyó la sede hacia 1936, según lo proyectara el ingeniero Raúl Rubio. De tipología compacta, su planta simple está constituida por una oficina, una sala de lectura y un depósito. Contaba con una apoyatura de servicio mínima, que en los años 90 fue ampliada al incorporarse un salón de reuniones hacia la parte posterior del terreno.
Su fachada es sencilla, reconociéndose el revestimiento de ladrillos, algunos componentes de raigambre medieval como sus ventanas y la puerta principal, donde se configura un triángulo que indica la posición del acceso al elevarse e incorporar el escudo de la institución.
Un faro
Por último, la Biblioteca Carlos Mastronardi de Gualeguay es una obra construida de la mano de la Sociedad de Fomento Educacional. En 1887 esa entidad logra, mediante autorización legislativa, la construcción de un moderno edificio para Biblioteca Pública que es inaugurado en 1912 en la zona céntrica de la ciudad.
Esta Sociedad pensó un ambicioso programa arquitectónico que reunió en planta baja aulas y salón orientados hacia un generoso patio, mientras en la planta alta, a la que se accede mediante una imponente escalinata, se encuentra la sala de lectura y dependencias complementarias. Cuenta además con un área de reserva en el sótano, a la que se accede desde el ingreso que conduce a la sala.
Este espacio tiene un doble valor patrimonial. Por una parte, el valor arquitectónico, ya que el proyecto original fue encargado al renombrado arquitecto Lorenzo Siegerist, de origen suizo alemán, autor de varias obras en la Capital Federal y en la provincia de Entre Ríos, como el Teatro 3 de Febrero de Paraná. Si bien no hay una correspondencia exacta entre lo proyectado y lo realizado, se pueden reconocer detalles de calidad que la posicionan como una obra original. Tanto su diseño espacial como la calidad de los materiales constructivos y el mobiliario, la transforman en una obra de carácter íntegro y auténtico (dos atributos fundamentales para un bien patrimonial) en la que la caja arquitectónica articula con el contenido.
Tesoros
Así en la sala de lectura se reconoce, en excelentes condiciones de conservación, el mobiliario proyectado para tal fin consistente en estanterías con escalera incluida, mesa de lectura, sillas, lámparas de mesa y arañas con ventiladores de techo integradas.
La fachada es de líneas clásicas. Luce organizada de forma tripartita mediante basamento o zócalo, desarrollo (que integra parte de la planta baja y la planta alta) y coronamiento donde se ubica la leyenda superior “Sociedad de Fomento Educacional”. Profusamente ornamentada, la distribución es en tres paños, dos laterales donde se ubican las puertas de acceso y uno central que contiene 3 ventanas por nivel. Se destacan las componentes en hierro de sus puertas y balcones.
El otro valor se relaciona con quienes escribieron la historia de este espacio y de la cultura local, ya que han participado de la comisión directiva, figuras de la talla de Juan L. Ortiz, Cesáreo Bernaldo de Quirós y Carlos Mastronardi. De esa atmósfera también sobresale la figura de la escritora Emma Barrandeguy y de Salvadora Medina Onrubia.




















