Un aislamiento literal
Quince vecinos y vecinas de Gualeguaychú resolvieron pasar la cuarentena en una pequeña isla en medio del río, entre la costanera, el camino de la costa y el parque Unzué. Solo cruzan a la ciudad (en canoas y botes) para comprar alimentos.
Sabina Melchiori
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Algunos tienen allí su casa desde hace tiempo, pero hasta este momento solían usarla solo durante los meses de calor. Otros, han optado por vivir allí de manera permanente a pesar de las incomodidades que puede generar el hecho de habitar una isla donde no hay almacenes, ni kioscos, ni bares, ni siquiera una sala de enfermería para primeros auxilios; y a la cual solo se puede acceder por agua, pues no hay puente que conecte esta isla con la ciudad.
Sin embargo, las ventajas parecen haber ganado y por goleada: la isla Libertad es hermosa, las casas están separadas entre sí por la vegetación y se la puede recorrer a pie o en bici por pequeñas callecitas internas. Unos mates en el muelle, la pesca en la orilla, el canto de los pájaros, el vuelo de las mariposas… la cuarentena en un paraíso litoraleño.
El patio más grande
“Hace seis meses que estoy en la isla, un amigo me prestó su casa en noviembre y ya no me quiero ni mover. Estoy solo, mis dos hijas vienen los fines de semana; acá corren, se divierten, juegan… tenemos el patio más grande de la ciudad. Es increíble vivir en un lugar así. Acá podemos caminar, estar al aire libre y a su vez estamos más protegidos en medio de tanta naturaleza, alejados de la contaminación y de un posible caso de contagio”, cuenta uno de los vecinos, quien por vivir solo, comparte algunos almuerzos y cenas con otros dos vecinos: “Estamos conectados entre tres, nos ayudamos, cenamos, nos hacemos mandados entre nosotros”.
Otro vecino, al que le dicen Mono, considera que vivir en la Isla Libertad es “extraordinario” porque se está en “constante contacto con la naturaleza y con mucha tranquilidad”. La casa de Mono no da a la costa, es una de las del interior de la isla y su vecino más cercano vive a 800 metros. “Decidí venir acá porque es mi lugar en el mundo, me parece un paraíso y para los fines de una pandemia me pareció el mejor lugar para no tener contacto con la gente y cumplir bien la cuarentena, aparte tengo muchas cosas que hacer y arreglar con lo cual estoy pasando el tiempo haciendo cosas que por un motivo u otro no las hacía”.
Mariano vive en la isla desde hace dos años. “En un principio me cambio la vida. Al no haber servicios de cable e Internet, volví a agarrar un libro de papel que hacía muchos años que no agarraba uno. Toda la vida pasaba por el celular. Hace ocho meses tengo televisión por antena así que de a poco estoy volviendo a la conectividad tecnológica”. En plena cuarentena, cruza a la ciudad una o dos veces por semana a comprarse alimentos y ver qué necesita su madre, que es paciente de alto riesgo y vive en el centro de la ciudad. Su vecino más cercano en la isla está a 100 metros, se llama Pablo y lleva 15 años en el lugar.
“Es un aislamiento con poca sensación de encierro, dadas las características del lugar, pero no deja de ser un aislamiento social que a todos nos afecta en algún punto”, expresó Ana, desde la isla.
Un lugar con historia
En 1851, llegaron a esta isla -de poco más de 14 hectáreas- antirrosistas de todo el país, además de diplomáticos brasileros y uruguayos para sumarse a la campaña militar que preparaba el general Justo José de Urquiza contra Juan Manuel de Rosas, y que terminaría el 3 de febrero de 1852 con la batalla de Caseros.
Uno de ellos fue Domingo Faustino Sarmiento, quien aprovechó una playada de la isla para bañarse en las aguas del río Gualeguaychú. Así lo cuenta en su libro “Campaña en el Ejército Grande”: En la fiesta de la Isla de Fragas, que me traía enamorado por su graciosa colocación en medio de Gualeguaychú y en frente de la Aduana, convidóme a bañarnos el Coronel Hornos. Es este un personaje notabilísimo del Entre Ríos, y el rival en otro tiempo de Urquiza.
20 años después, en 1870, siendo Sarmiento Presidente de la República ordenó la invasión de Entre Ríos para aplastar la última montonera federal acaudillada por Ricardo López Jordán. En esta oportunidad, los integrantes del Batallón 15 de abril, formado en Gualeguaychú para apoyar la intervención nacional, se refugiaron en la isla cruzando por la escollera de piedras. Luego de un intenso tiroteo que duró un día, fueron evacuados en una embarcación provista por las tropas nacionales. Este episodio es conocido como el Combate de la Isla, ocurrido en noviembre del año 1870.





















