Balance de seis meses
Tras cumplir seis meses de gestión, el gobernador Miguel Lifschitz aprovechó el aniversario para reunir a los distintos eslabones del Frente Progresista en medio de un clima interno agitado.
Germán de los Santos
gsantos@miradorprovincial.com
Con un calendario a contramano del resto de los mortales, la ansiedad política de los integrantes del Frente Progresista, sobre todo socialistas y radicales, logró imponerse sin motivo. Y comenzaron las discusiones y roscas sobre el futuro inmediato después de un año, como fue el 2015, marcado por un festival de campañas electorales.
Lifschitz buscó apaciguar las tensiones, pero por fuera del plano de los discursos no le va a ser fácil. Al cumplir seis meses de mandato puso la energía en neutralizar los chispazos internos. Es lo que exhibió el gobernador como una de sus prioridades.
La ansiedad que muestran el ex gobernador Antonio Bonfatti y el intendente de Santa Fe José Corral, ya imbuidos en un escenario proselitista, deja al gobernador en una situación complicada a sólo seis meses de haber asumido con la compleja tarea de surfear una coyuntura económica difícil, con sectores productivos afectados por el ingreso de las importaciones y los ajustes por inflación, y los tarifazos, después de las lluvias de abril que provocaron estragos en el campo y en infraestructura vial.
Lifschitz debe campear los problemas reales que abundan. Tanto los coyunturales como los endémicos, entre los que aparecen la inseguridad y la violencia, que recrudecen a borbotones en las dos principales ciudades, como Santa Fe y Rosario, con una policía indomable.
Ese clima de campaña electoral permanente, exalta y exagera algunas poses que tampoco le convienen al actual gobernador, como las que se ensayan frente a la administración nacional. No sólo hay internas en el radicalismo, donde son más visibles por su devoción en generar particiones, sino también en el socialismo, que atraviesa un cambio de época después de que Hermes Binner diera un paso al costado en la conducción nacional del partido, cuyas riendas tomará Bonfatti.
Lifschitz busca impedir que el Frente Progresista se rompa en medio de su mandato. Sabe que los radicales aliados al PRO se transformarán en los principales opositores. Por eso, en la sala Luz y Fuerza de la capital provincial ‘puso el problema arriba de la mesa‘ y advirtió: ‘No me pongan en la lista de los sepultureros, de los que quieren enterrar al Frente Progresista, allí no me van a encontrar nunca‘, planteó.
Por fuera de los aprontes de campaña permanente aparecen los desafíos urgentes que tiene el gobierno que debe aceitar la gestión para cerrar en algún momento el ciclo que se inició en 2007, con obras que desde hace casi una década están sin terminar. Y otros problemas sin atender, como el de la infraestructura vial, un tema que dejó de ser menospreciado por el gobierno recién ahora. “Nosotros hacemos hospitales que son más importantes que las rutas”, decía un alto dirigente socialista para marcar la diferencia con la gestión de Jorge Obeid. Los grandes hospitales diseñados al inicio del ciclo aún no se terminaron. Y las rutas están como están.



















