Entrevista
Ariel Gustavo Pennisi
Desde hace más de 20 años Christian Forteza trabaja con la risa. Trabaja haciendo reír, haciendo pensar, provocando, interpelando. Ha realizado adaptaciones de textos de maestros de la dramaturgia como “Potestad” de Eduardo Pavlovsky o su reciente “Paredes” de Griselda Gambaro. Es co-coordinador del Área de Variete en el Centro Cultural de la Cooperación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, institución desde la cual desarrolla su rol de investigador y coordina un ciclo- conversatorio, espacio de cruce entre artistas nacionales e internacionales. Dicta talleres y charlas para España, México, República Dominicana, Brasil. En su visita a Rosario dialogó con Mirador Provincial y dejó conceptos claves como la risoterapia, la risa disciplinadora o como “castigo social”.
-Trabajás con el humor ¿Por qué creés que todavía es necesaria la risa en la vida cotidiana?
-El humor, la risa en la vida cotidiana, y sobre todo en éste nuevo contexto, es de especial importancia. Sófocles decía “El que olvidó jugar que se aparte de mi camino porque para el hombre es peligroso”. Si se me permite parafrasearlo: “El que se olvidó de reír que se me aparte”.
-Tengo entendido que hasta hay una terapia de la risa.
-Sí. La risoterapia lo sabe muy bien. No hacen falta motivos reales u objetivos para reírse. Se puede forzar por lo menos el comienzo de la risa, que el cerebro no lo distingue. Y los grandes beneficios psicofísicos son los mismos.
Víctor Frankl, fundador de la logoterapia, utilizaba el recurso del sentido del humor (intención paradójica). Sobre todo en aquellos pacientes obsesivos-compulsivos o fóbicos. Absurdizaba ciertos comportamientos para que el paciente tome conciencia y objetivara la neurosis. A quienes sufrían de insomnio por ejemplo, se le pedía que realizaran todo el esfuerzo posible, para mantenerse despierto. También usaba la exageración. Si hubiera una manía de levantarse 10 veces (literal) por la noche, para asegurarse si estaba bien cerrada la puerta de entrada, Franlk le pedía al paciente que la próxima noche lo haga por lo menos 25 veces y que no volviera a la consulta sino lo hubiese logrado. En el caso de quienes tenían miedo de sudar ante un público, se les pedía que en la próxima conferencia, demuestren a los presentes lo mucho que podían transpirar. Que salpicaran y mojasen a la mayor cantidad de gente posible, y que hicieran alrededor un gran charco.
-Jugar con la paradoja.
-Claro, la paradoja es que en el esfuerzo de hacer lo que más se teme no se cumple lo temido. Y sobre todo la finalidad de esta técnica era poder reírse de la propia angustia.
-¿Y en lo artístico?
-Reírse y hacer reír a los demás desde lo artístico, o en la cotidianeidad, permite acercar más a las personas, ya que la risa y sobre todo la sonrisa, descomprimen, suavizan las interacciones.
-Pienso con esto que planteas, la importancia de la sonrisa como conexión y el uso actual del barbijo.
-Sí, en este contexto de pandemia y con el uso del barbijo, se hace más difícil la relación cara a cara, ya que los gestos que regulan y modulan las interacciones están velados. No vemos la sonrisa detrás del barbijo, y esto afecta o enfría los encuentros. Pero la risa, como explosión emocional, aunque podrán cambiar los motivos externos, nunca dejará de existir. Porque nos gusta y sabemos que nos hace bien. Nietzsche decía que el hombre sufre tanto que tuvo que inventar la risa. Sin embargo, es un arma de doble filo. Porque cura, pero también lastima.
-Risa que lastima, pienso en tus escritos, tus influencias de Bergson. ¿Quién fue Bergson?¿Cómo llegaste a él?
-Bergson fue un gran filósofo que escribió entre otros muchos textos, un ensayo sobre la risa. Fuente de consulta ineludible, sobre todo para quienes trabajamos con el humor. Son uno de esos textos que cuando son importantes, no recordás quien o quienes te lo recomendaron. Pero aparecen, y echan luz sobre tu trabajo. Si bien es un ensayo filosófico, se puede leer y entender cuando se lo relaciona con la propia praxis. Me ha ayudado a sistematizar muchos de los conceptos que desarrollo en mis investigaciones, y en los artículos. Y también llevarlos a la docencia y en la dirección actoral de la comicidad.
-Esta idea de absurdizar ciertos comportamientos que planteás referenciando a Franlk, que aparecen en cómicos como Woody Allen, que han utilizado la risa para mostrar sus debilidades, es decir, reírse de si mismo y a partir de ahí crear una identidad ¿Qué rol podés encontrar en la risa generada a partir de la autoironía, por decirlo de algún modo?
-Woody Allen al igual que muchos payasos y clowns utilizan esa modalidad. Es el recurso por antonomasia del humor y la comicidad. Tiene un doble juego porque se puede utilizar tanto para bajarse el status o desprestigiar la propia imagen, como así también la de los demás. Esto se da sobre el supuesto que en la vida cotidiana siempre proyectamos una imagen idealizada. Por eso, Erving Goffman observa que realizamos prácticas protectivas para cuidar la imagen del otro (desatención cortés) y prácticas defensivas para salvar la propia imagen (disimular). En los dúos se ve claramente cuando uno de los parteneres cumple un rol de status alto y el otro de status bajo. Si se invierten por un arreglo de la dramaturgia, puede aparecer la risa. El policía que tropieza y cae cuando está corriendo al ladrón, es un buen ejemplo.
Aquel castigo social, la risa
Christian Forteza se apoya en el pensamiento de Bergson, lo referencia y analiza a la risa como castigo social: “es un castigo social, ya que se ríe de las costumbres, en términos morales. La risa es temida. Nadie que no busque hacer reír deliberadamente, quisiera ser víctima de ella. Entonces se podría decir junto a Bergson que la risa corrige, reprime y disciplina. De hecho es usada de forma voluntaria o no, como parte del aprendizaje en lo social. Cuando nuestro comportamiento no es el correcto, el consensuado, el esperado, aparece la risa para corregirlo”.
Pensar la risa como disciplina plantea un eje muy importante que nos ayuda a cuestionar aquellas expectativas de comportamientos que aparecen instituidas en la sociedad recayendo sobre las subjetividades. Existe “un etiquetamiento sobre determinados roles y esperamos que se cumplan. De ahí resulta lo inesperado, lo absurdo, la incoherencia. Siempre desde una perspectiva socio-centrista, entonces lo esperado -el buen comportamiento- construye un cuerpo, en la medida que pone límites y encarrila a través de la risa. No está lejos de lo que pensaba Michel Foucault sobre el poder”.
Bullying
-¿Cómo es eso del lado violento de la risa? Es muy interesante para repensarnos.
-Claro, siempre existe un lado violento de la risa cuando tiene una víctima. Puede ser un tercero o uno mismo cuando nos tomamos como objeto. Al bullying como un extremo, lo pongo en relación con la cámara oculta y el blooper. En el caso del booper hay una seudovíctima . Porque se convierte en víctima a través de la sanción de la risa, pero no es premeditado por un otro. En la cámara oculta, se fabrica la víctima, pero después de reírnos, se le avisa que era una broma. Y este punto es destacable. Porque si bien hubo en un primer momento un desprestigio, se le da la posibilidad a la persona de recuperar la imagen deteriorada.
-¿Cuál sería esa posibilidad?
-Y aparece el insulto o tratar de golpear a quien le hizo la broma, como una práctica defensiva en términos de Goffman. En la mayoría de las cámaras ocultas se trata de generar un error, una impericia que afecte la identidad de la persona. Nos produce gracia el desconcierto, la reacción involuntaria. En lo social, una de las premisas es el autocontrol del cuerpo, para no generar malos entendidos o golpear a los demás en forma involuntaria. Por eso gusta tanto asustar al otro, por la reacción involuntaria y descontrolada.
-¿Y en el bullying?
-En el bullying en cambio, directamente hay un desprestigio sin la posibilidad de recuperación. No existe ese pasaje de poder reivindicarse, por eso es un atentado al “yo”. Y en este sentido es interesante acercarse al pensamiento de Alfred Stern, que en su libro Filosofía de la risa y el llanto propone una teoría axiológica. Stern marca un límite preciso entre la degradación de un valor y la pérdida de un valor. Reconoce que cuando alguien tropieza y cae en la calle, nos reímos por la degradación de un valor (el prestigio). Pero si luego de caer, no se vuelve a levantar porque falleció, pasaremos de la risa al llanto. Porque estamos frente a la pérdida de un valor (la vida).
-Con lo que venimos hablando, se me viene a la mente los grupos minoritarios como blancos de la risa violenta.
-Las minorías siempre son un posible blanco de burlas porque se les imponen desde un lugar de poder, de cierta fantasía de superioridad, un tipo de comportamiento, modales, vestimenta, peinados, en relación con otros grupos más legitimados. De ahí que muchos inmigrantes tratan de asimilar lo más rápido posible las costumbres de la sociedad que los acoge para no sentirse burlados. La mimesis como defensa.
-Podemos decir que hace falta deconstruir la risa.
-Deconstruir la risa ha sido una inquietud filosófica de todos los tiempos. Si bien existen algunos acuerdos, creo que siempre se puede ir más lejos. En lo que respecta a la práctica artística, es importante saber de qué nos reímos para buscar la risa del público. Encontrar algunas invariantes, descubrir la forma (fórmula) más allá del contenido, es el gran impulso para seguir adelante en la fascinación de la risa.
Risa privatizada
Christian Forteza desde una mirada crítica en el humor, sostiene que hay “una privatización de la risa cuando nos dicen de qué tenemos que reírnos” aunque a la vez cree que también existe un lugar de resistencia. Historiza y nos ejemplifica: “El humor de los ’80 y ’90 donde aparecía la risa sobre todo tomaba como objeto a la mujer. Si vamos más atrás en el tiempo, la mayoría eran capo-cómicos hombres y muy pocas mujeres, o tenían el rol de partenere-erótico. Claramente no estaba el cupo femenino. Entre las pocas, Edda Díaz abrió un gran camino. Ahora algo cambió, hubo una desprivatización de unos de esos núcleos duros como temática de la risa”.
Bio
Christian Forteza trabaja desde hace mas de 20 años en el campo de la comicidad desarrollando la función de actor, investigador y director sin dejar de destacar su función docente en la materia.
Es co-coordinador del Área de Variete en el Centro Cultural de la Cooperación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, institución desde la cual desarrolla su rol de investigador y coordina un ciclo-conversatorio, espacio de cruce entre artistas nacionales e internacionales donde se piensa la práctica desde la comicidad entrecruzando distintas disciplinas, como el clown, payasos, académicos, risoterapia. Dicta talleres y charlas para España, México, República Dominicana, Brasil. Sus publicaciones se conocen en distintas revistas digitales. Ha adaptado obras fundamentales de Eduardo Pavlovsky tales como “Rojos Globos rojos”, “Cámara lenta”, ”cerca” y “Potestad” recibiendo elogios esta ultima del mismo Tato Pavlovsky. “Paredes” de Griselda Gambaro es unas de sus adaptaciones más recientes.




















