Cautiverio en barrio Cura
Hagar Blau Makaroff
La sentencia fue de manera unánime, superando la pena en expectativa según el Código Penal que es de 18 años. Sucedió en una sala del Centro de Justicia Penal repleta de medios, con la víctima y su familia en presencia, y con una serie de organizaciones civiles y feministas en acompañamiento desde la plaza contigua al predio.
En una mirada que se destaca por la aplicación de la perspectiva de género, el presidente del tribunal, Vico Gimena, explicó que “el agravante es la cosificación como mujer”, así como “la violencia física y psicológica para someterla completamente contra su voluntad doblegando, aniquilando y eliminando su voluntad”. En tanto que la fiscal de la causa Luciana Vallarella apreció que “el tribunal en nombre del Estado pidió perdón por haber fallado en su responsabilidad y no atendido las veces que la familia fue a pedir ayuda en la primera denuncia que se hizo”.
En un fragmento de la lectura del fallo, el presidente del tribunal destacó que el victimario “le robó su identidad haciéndola llamar Lucía, su personalidad obligándola a usar ropa masculina, como dijo su amigo Luca ‘le quitó el alma’ y como expresó ella ‘haciéndola sentir un pedazo de carne’. Le quitó 23 años de su vida, con sus proyectos y sueños, no pudiendo ejercer su sexualidad en libertad, ver crecer a su hijo ni acompañar a su padre en la enfermedad, y la robó a sus seres más queridos”.
Para la fiscal “fue importante la fuerza simbólica de que reconocieran el delito de la reducción a la servidumbre como delito para describir la situación de María Eugenia”. Rescató que “en el fallo se dirigieran a ella, tomaron la sentencia como reparación. Todos estamos muy conmovidos y aliviados”. Y destacó que sobre el final “de manera no formal el juez Coria destacó que ella haya podido contar esta situación”.
Desde el día 6 de mayo de 1996 el hombre retuvo en contra de su voluntad a su pareja, hoy de 43 años, ejerciendo violencia contra ella valiéndose de agresiones físicas y manteniéndola atada cuando se ausentaba del domicilio, el resto del tiempo efectuarle amenazas para intimidarla y amedrentarla. Esto transcurrió en un concreto calvario hasta el 8 de mayo de 2019, día en que María Eugenia logra escaparse de la vivienda aprovechando un descuido del imputado cuando se fue al baño.
La voz de la víctima, que habló para “que no haya otras María Eugenia”
La mujer que durante 23 años del cautiverio y los abusos psicológicos, físicos y sexuales dialogó aliviada con la prensa a poco de conocer que el Tribunal de Primera Instancia le dictó 26 años de prisión efectiva. Sentada en su asiento con evidente emoción y con mucha tranquilidad, precisó a los medios que “la sensación es de haber encontrado justicia y la paz que nos robaron todos estos años a nuestra familia”.
María Eugenia “necesitaba contar la verdad aunque la sensación era dolorosa, porque fue desnudarme ante tanta gente que no conozco, pero quería que no quede afuera esta persona. Capaz otra mujer con otro carácter no hubiese quedado viva, este es mi compromiso con las demás mujeres, y yo persistí pensando en volver a ver a mi hijo”.
Destacó que durante estos dos años la estuvieron acompañando organizaciones, Municipio, Provincia y Nación. “Me brindaron una casa y apoyo psicológico, y nunca me soltaron la mano” y que “esta causa es para que no haya otra María Eugenia, que se anime a denunciar, porque este perverso me decía que llame al 144 que no servía de nada, y el miedo paraliza, pero el Estado me acompañó”.
Ahora aseguró que seguirá su vida “con ganas de seguir creciendo en lo personal, con la familia, con la sensación que tuvo Justicia aunque los 23 años no se pierden, pero la vida hay que pensarla de hoy para adelante, junto con mi hijo aprovechando la vida juntos ahora”.
Su hijo Facundo, visiblemente emocionado y con mucha dificultad para emitir palabras precisó que su sensación es “de alivio”, y esbozó: “Es muy importante tenerla de nuevo, no sé qué decir, fue terrible lo que vivimos, yo era muy chico y de grande empecé a entender lo que pasaba, mi familia siempre me ayudó. De chico contaba esto con mis abuelos, mis amigos, con mi papá siempre. Siempre pensé que la quería ver de nuevo. Ahora vamos a vivir normal como madre e hijo, pero pensé que no la volvería a ver”. Finalmente destacó para quien pudiera estar pasando algo similar, que es importante “perdonar, yo perdoné a mi mamá”.




















