Semblanza
Álvaro Javier Marrocco
Autora de una obra ecléctica que incluye libros como La boca del testimonio, El eco de mi madre, y Libros chiquitos, entre otros. Sus ensayos sobre poesía argentina y latinoamericana son material de estudio en universidades argentinas y del exterior. Es considerada una de las voces que influyeron sobre las nuevas generaciones de poetas.
En una entrevista la poeta dice: “Entonces todavía creía que escribir era opacar el lenguaje hasta lograr que pareciera levemente ilegible. En los años ’80 estaba de moda hablar del sujeto (…) así que para esquivar la primera persona inventé la palabra ‘sujeta’. En la poética neobarroca, el tratamiento que se le da a la palabra es de tipo decorativa. Uno de los procesos consiste en embellecer el significado de forma que su esencia se vaya destilando poco a poco, con la intención de que las formas -al momento de la construcción poética- sean una bella moldura”.
Por momentos el nebarroco juega con el gusto por lo frívolo, lo exótico, lo recargado, la ornamentación, las descripciones exuberantes o de la exuberancia, el cromatismo, las transcripciones pictóricas, las citas y las alusiones culteranas. Esos son rasgos neobarrocos que esbozan la reapertura de algo que parecía definitivamente extinguido. Tamara en una entrevista que le realiza Luis Chitarroni dice: “yo tomo todo de mis experiencias diarias, pero no me quedo en pelotas, me cubro con trucos retóricos aunque, paradójicamente, lo que me interesa tocar con la poesía no es otra cosa que lo real”. La búsqueda en este movimiento artístico pareciera proponer máximas al estilo de: “No importa que se dice, sino cómo se lo dice” o bien “La estridencia de la puesta supera al mensaje”.
En cuanto a la musicalidad del género, se palpa la lírica en la palabra, hay un ritmo y una cadencia en el fraseo. Similar opinión se encuentra en una entrevista realizada por la revista de Cultura Ñ a Leonardo García Alarcón -director de orquesta, investigador y docente en el conservatorio de Ginebra- quien dijo respecto de la música en la estructura: “el barroco creo la opera alrededor del 1600, que consistía antes que nada, en recitar cantando, con un acompañamiento de acordes. Esto revolucionó el mundo musical, a tal punto que en la actualidad, incluso una canción pop es en realidad una melodía con un bajo acompañando. Una creación patentada en el siglo XVII por Caccini, Monteverde, Cavalli y otros”.
Dijo Nicolás Rosa en 1983 dijo: “Existiría —según parece— un barroco moderno. No podemos usar otro nombre frente a la proliferación de formas barrocas que se instauran, en diferentes niveles, en la literatura actual”. Estas formas, que no llegan a excluir del panorama a otras formas, constituyen una verdadera tendencia de revitalización barroca. Dentro de ella, incluso, pueden distinguirse algunas subespecies: el barroco etimológico de Héctor Píccoli, el nonsense barroco de Emeterio Cerro, el barroco mallarmeano de Arturo Carrera, el barroco sensualista de Néstor Perlongher, la gauchesca barroca de Leónidas Lamborghini, etcétera.
En otra entrevista Tamara opina en relación a la pregunta ¿dónde esta la poesía actual? Allí dice: “Te diría que me interesa lo que hacen algunos jóvenes, ahí leo esa tendencia a no metaforizar que sale natural, como si ellos ya hubieran nacido al lenguaje con una amnesia simbólica. Me fascina eso, no cuando aparece como una moda, por cierto, sino cuando late ahí la verdad de una época”. Y cerrando, casi críticamente acerca de su estadía poética en el neobarroco dice: “En cuanto a mis compañeros de generación, elegantemente me voy a negar a dar nombres, pero te puedo decir que en muchos casos leo todavía aquel vetusto debate entre contenidismo y formalismo que en la literatura argentina queda inmortalizado en la caricatura de Boedo versus Florida”.
Poetas neobarrocos
En un articulo científico acerca de la obra de Kamenszain se esboza una interesante idea. En su ensayo titulado “El esposo judío”, Kamenszain enumera temas recurrentes en la poesía de Kozer: el libro como patria, la inscripción de la genealogía (esta idea del poeta fascinado- atrapado por las mismas escenas familiares) y la escritura como artesanía (vinculada a la labor de los talmudistas). La novedad neobarroca en la literatura argentina, cuya potencia es Kamenszain la primera en entrever y la primera, también, en destacar que la herencia de Lamborghini, que era sobre todo narrador. Así como también anida un vínculo estético entre Arturo Carrera y Tamara Kamenszain, dado que manifiestan una afinidad originaria, que los sitúa a ambos en los albores de la práctica poética del neobarroco rioplatense, a principios de la década del ’70.
En su poema “Los no” escribe:
“así las cosas esta ciudad el mundo todos
dejan de ser telón de fondo
cuando se miran en el espejo de las palabras”
Las cosas, el mundo, la vida (lo real) son la cara simultánea del lenguaje. No hay fondo en el suelo donde ruedan acto y efecto en cuanto tal, clave gráfica de la literalidad (volvemos al punto). Una literalidad, es decir, una concepción de escritura que supone acto-actor /realidad partes de un mismo proceso.
Otro de los que asoma con su poesía en esta estela de palabras en danza es Néstor Perlongher -narrador maldito de los ’70- quien se impone como imprescindible en esta fervorosa búsqueda por lo neobarroco. El ethos en toda su poética está signado por el permanente guiño a la incorrección política que signó la tumultuosa década del ’70. En uno de sus poemas llamado “Cadáveres” juega con la rima y los sonidos que forman las palabras. En este fragmento se ve claramente:
En lo preciso de esta ausencia / En lo que raya esa palabra / En su divina presencia / Comandante, en su raya.
Sin dejar de ser artificio la poesía es denuncia, es decir que la creación está al servicio de la poética.
Ay, no le digas nada a doña Marta (…) Y si se entera Misia Amalia (…) (…) la
que bordona arpona ¡ Ni la vitrolera, que es botona (…)
Pone en escena al relato del que se vale la sociedad. Cargado de hipocresía, miedo y sorna -por momentos-.
Por otro lado, Arturo Carrera, quien montado en una escritura de ribetes crípticos, asoma desde su poemario llamado “Potlatch, (2004)” una permanente búsqueda de la infancia y su anhelo de inscripción en el ideario nacional.
En uno de los relatos llamado “Niño Argentino” apunta:
(…) llamarlo pasajero mentiría / Llamarlo argentino mentiría / Quizás regalo, don, (…) (…) el niño que inventó la escarapela de apariencia, (…) volcaba acumulación en nada (…) (…) Y en todo la macedonia de las sensaciones.
Finalmente Héctor Picoli, por su parte, ofrece un poemario bastante clásico en su concepción y fiel al movimiento barroco. Satura la construcción del lenguaje en imágenes concepto de tiempo presente. Así lo expresa en su poema el mar donde dice:
Pardo en la playa, Glauco en la altura (…) Sonda un mar lonardo
Los cuatro poetas se columpian bajo la danza del neobarroco –o eso intentan- lo adaptan cada uno a su performance. Kamenszain retoma temas del pasado, la herencia, la lengua, la tradición y la memoria, el nombre propio y la sensación (la sensibilidad) que el cuerpo repone como síntoma. Perlongher lo describe crudamente desde la ausencia. En donde cuerpos colectivos y cuerpos anónimos son la síntesis de un mismo relato. Carrera a través de la infancia, describe un comienzo, una gestación. Augura la búsqueda en los rastros que deja la historia. Picoli es la presencia. La síntesis de la forma pura. El lirismo vocal se enmarca en un aquí y un ahora. Todos desde su poética intentan ser la punta de una generación de poetas neobarrocos.
Bio
Tamara Kamenszain (Buenos Aires, 1947 – 2021) fundadora, asesora general y docente de la Licenciatura en Artes de la Escritura de la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Cuando volvió del exilio en México, coordinó el área de Letras del Centro Cultural Rojas entre 1985 y 1989. Recibió premios como el Konex de Platino en 2014, el Premio de la Crítica de la Feria del Libro, la Medalla de Honor Pablo Neruda, la beca Guggenheim y el Premio Lezama Lima de Cuba. Publicó De este lado del Mediterráneo (1973), Los No (1977), La casa grande (1986), Vida de living (1991), Tango bar (1998), El Ghetto (2003), Solos y solas (2005), El eco de mi madre (2010), El libro de los divanes (2015); pero también están sus ensayos como La boca del testimonio (2007) y Una intimidad inofensiva. Los que escriben con lo que hay (2016).



















