Sobre una academia
Ignacio Etchart
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Todo proyecto político tiene su sistema cultural, para lo cual necesita de múltiples instituciones, especialmente la educativa. Las aspiraciones de una Argentina moderna para la Generación del 80’ requirieron de un reordenamiento de las estructuras del gobierno nacional, a las cuales, por supuesto, Victoria no quedó al margen.
Hacia fines del siglo XIX, las necesidades elementales de educación estaban medianamente cubiertas en la ciudad. Según consta en un informe del año 1895 al Consejo General de Escuelas del profesor Enrique Abásolo, la ciudad de Victoria contaba con 15 escuelas: once urbanas y cuatro rurales.
En aquellas instituciones concurrían un total de 1.073 alumnos. Aunque la mayoría de los docentes no estaban diplomados, las escuelas fiscales contaban con 16 docentes pero sólo nueve poseían título; en las escuelas particulares había 23 maestros, pero sólo dos eran diplomados.
Respecto a la educación media, en 1893 don Abraham Bartoloni fundó el Instituto Argentino, incorporado al Colegio Nacional de Paraná. Por su lado, la Comunidad Benedictina creó en 1901 el Colegio Agrícola industrial. Ocho años después, Pascual Avalone puso en marcho el Colegio Italo- Argentino de Enseñanza Primaria, Comercial y Bellas Artes.
Sin embargo, la disponibilidad de oferta educativa no era suficiente para acompañar a aquellos estudiantes que desearan continuar sus estudios de bachillerato. Las únicas alternativas estaban en Concepción del Uruguay, Paraná o Santa Fe.
Atendiendo a esta situación, personalidades influyentes de aquel entonces comenzaron a gestionar la creación de establecimientos de enseñanza media. Era claro para aquellos ciudadanos el rol fundamental de una educación digna para una de las ciudades más pujantes del país, como lo era Victoria en aquel entonces.
Una nota
Según uno de los profesores fundadores de la Escuela Normal de Victoria, el Dr. Ricardo Ferro Colton, en una nota fechada en 1960, las gestiones para la creación comenzaron en 1909. Aquel escrito relata Ferro Colton que su primo Roberto Repetto era subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública. Durante su estadía en Buenos Aires en la casa de Repetto en la capital, Ferro Colton le comentó la inquietud de crear un colegio Nacional en Victoria. Su argumento era “que había muchos aspirantes a obtener el bachillerato pero para quienes no era fácil conseguirlo por el traslado a establecerse en Uruguay o en Paraná”.
Sin embargo, la idea del Colegio Nacional no prosperó, aunque pero la idea no fue totalmente rechazada, pue “en cambio, ambos vieron la conveniencia de instalar una escuela normal rural como habían hecho en otros puntos, porque les preocupaba que el número de maestros diplomados era insuficiente para atender el desarrollo de la cultura, a tal punto que en muchísimas partes se llenaban los cargos con gente que carecía de título”.
Tras encuentros y correspondencias entre Ferro Colton y distintos funcionarios de la cartera educativa federal, finalmente, en el año del Centenario nacional y de la ciudad, un 17 de enero de 1910, el presidente José Figueroa Alcorta y el ministro de Instrucción Pública, José Carlos Naón, firmaron el Decreto de creación de la Escuela Normal Rural de Victoria.
Sólo el comienzo
Pero los esfuerzos de los vecinos no terminarían aquí. Según consta en una investigación realizada por dos profesoras de la institución, Sonia Dios y María Cristina González, aquella firma fue el único gesto material gestor de la escuela Normal de Victoria. El Ministerio de Instrucción sólo envió “un lacónico pero significativo decreto presidencial que encerraba estos términos: ‘Fúndase la Escuela Normal Rural Mixta de Victoria – Provincia de Entre Ríos’. Tan rotunda expresión dejaba a quienes tanto habían bregado por su logro en una rara especie de soledad en cuanto a los recursos materiales y humanos indispensables para la organización”.
Sin embargo, aquella cita deja algo bien en claro: esos integrantes de la oligarquía local percibían una apuesta total hacia el futuro con una convicción clara de ser la generación fundante de una Victoria moderna.
Y así fue, tal vez más por obstinación que otra cosa, que el 10 de abril de 1910 se dictan las primeras clases de la Escuela Normal Rural de Victoria, en unos galpones y en unas condiciones que distaban mucho de ser las óptimas. Todavía tenían que seguir empeñándose para solucionar el problema de un edificio apto y propio, además del equipamiento y del personal docente para que fuera posible el funcionamiento de la institución.
El actual edificio
Los incansables vecinos se organizaron para dotar a la escuela de un edificio propio y adecuado para la elevada misión de formar maestros. Se conformó una “Comisión pro Escuela Normal”, presidida durante muchos años por la Sra. Isabel Espíndola de Salarí. Este equipo de trabajo arbitró todos los medios a su alcance para recolectar fondos y así adquirir los terrenos necesarios y proceder a la concreción de tan anhelada obra.
Luego de numerosos trámites, esfuerzos y muchísimo trabajo, la construcción comenzó en 1928 y avanzó rápidamente: apenas tres años se necesitaron para erigir ese imponente edificio, a pesar de estar sumergidos en el auge de la mayor crisis económica mundial conocida hasta entonces.
En diciembre de 1931 se realizó la última fiesta de colación en los rústicos galpones iniciales, y ya en 1932 comenzó a funcionar la Escuela Normal en su nueva casa, sobre la avenida Centenario.
Este edificio es un símbolo de una época, cuya majestuosidad remite a la elevada misión que dispone una escuela: formar los maestros de la Nación argentina.
Miles de victorienses han estudiado y estudian en sus aulas. La Escuela Normal Superior “Osvaldo Magnasco” de la ciudad de Victoria forma parte del patrimonio histórico-arquitectónico porque es un componente del ambiente con significación simbólica, estética, histórica, científica y social.
Al recorrer sus pasillos se comprende mejor ese pasado común, gracias a su histórica función educativa que enriquece la calidad de vida de los vecinos y vecinas. La Escuela Normal es una referente de la afirmación de la identidad y del tejido social de Victoria.




















