En Rosario
Pese a los esfuerzos de las autoridades y de los vecinos por denunciarlas y desbaratarlas, lejos de mermar, se mantienen más vigentes que nunca e, inclusive, por fuera de los límites del ejido urbano.
Ignacio Pellizzón
redaccion@miradorprovincial.com
No solo se producen en el micro y macrocentro de Rosario, sino también se desplazan a localidades vecinas como Funes y Roldán. Pero, la novedad en el último tiempo, es que se dispararon las fiestas clandestinas en zonas rurales, espacios totalmente abiertos a los que solo se puede llegar si uno tiene la ubicación precisa por GPS. Se trata de un flagelo que comenzó con la pandemia el año pasado y que, aún hoy, pese al comienzo de la segunda ola, se mantiene más vigente que nunca.
Más de 20 personas reunidas en un mismo lugar es considerada fiesta clandestina. Las hay de todo tipo, pero principalmente se destacan dos modelos: las que son con fines de lucro y las que son amistosas, es decir, sin fines de lucro. Si bien ambas son sancionadas, el peso de la pena, que puede ir desde los 15 días a los dos años, no es el mismo.
Según datos no oficiales a los que accedió Mirador Provincial, se estima que desde que comenzó el año se realizaron, al menos, dos eventos prohibidos por semana en Rosario y alrededores, es decir más de 100 reuniones.
Redes sociales, llamados al 147 por ruidos molestos, menajes de texto, todos los canales de comunicación son utilizados para denunciar los eventos clandestinos. Son los propios vecinos los que alertan a las autoridades para que intervengan. Sin embargo, lejos de mermar el flagelo, pareciera reconvertirse y trasladarse a lugares cada vez más complejos de acceder, como zonas rurales.
Desde la Secretaría de Control y Convivencia municipal saben que este año será muy complejo. Es que entienden que no pueden estar controlando todas las esquinas de la ciudad, sino que apelan a la responsabilidad ciudadana. En voz baja señalan que es muy difícil poder controlar a todos los jóvenes para que no se organicen de manera clandestina.
Violencia en aumento
La intervención estatal se desarrollar siempre a través de la Guardia Urbana Municipal (GUM) junto con Control Urbano. Solo a veces se paga adicionales para que agentes policiales acompañen en los operativos. En los últimos meses, el nivel de violencia con el cual se recibieron a las patrullas que iban a desarticular las fiestas clandestinas fue en aumento.
Un caso resonante fue el de hace dos semanas atrás cuando en una vivienda del barrio Azcuénaga, ante una denuncia por reunión clandestina, las patrullas fueron recibidas con disparos de armas de fuego y piedrazos.
Si bien desde los organismos de control no admiten que los límites de violencia se van superando día a día, en los pasillos del municipio aceptan que hay un contexto dramático. Inclusive, algunos miembros de la GUM expresan sin dar nombres que van con temor a desarticular fiestas clandestinas, habida cuenta que no siempre van con protección policial y que ellos no portan armas.
Un dato no menor es que durante todo el año pasado se registraron 871 personas heridas de arma de fuego, alrededor de cinco veces más que quienes resultaron muertos a balazos. No obstante, durante los primeros tres meses del 2021 se contabilizaron al menos 10 crímenes menos que en igual período del año pasado.
Pese a esta baja sensible, las fiestas clandestinas en Rosario siguen en aumento, generando malestar en los vecinos que deben padecerlas prácticamente todas las semanas. Aunque las autoridades admiten realizar máximos esfuerzos por desbaratarlas, no dan abasto. Con el agravante de que la recepción a las patrullas es cada vez más violenta. Si bien la segunda ola de covid es materia de preocupación mundial, pareciera no serlo en absoluto para los organizadores de los eventos clandestinos que rompen todo tipo de cuidados sanitarios.


















