Patrimonio arquitectónico
La ciudad de Victoria es reconocida por sus clásicas y detalladas arquitecturas que adornan tanto el centro como las periferias de la ciudad. Estos bellos edificios no solo aún se mantienen en pie, sino que se presentan plenos, disponibles para el goce de quien desee contemplarlos.
Ignacio Etchart
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Aquellos relatos que aún viven en la memoria colectiva de la ciudad de Victoria, su supervivencia y resistencia mucho tiene que ver con que el contexto cotidiano permite ese revivir y acontecer de un pasado que está más presente que nunca.
Así, y gracias a las investigaciones realizadas por los administradores de la página de Facebook “Historias de Victoria,” portal cuyas publicaciones son la fuente de este escrito, esas inmortales y antiguas historias hoy recorren las infinitas distancias que la memoria humana abarca.
La estancia San Ignacio
En vieja campiña victoriense, donde la vida parece haber quedado bellamente estancada en tiempos ya muy lejanos, se ubica la estancia San Ignacio. Esta majestuosa edificación que data de la década de 1870, está situada a pasos de la variante correspondiente a la Ruta Provincial Nº 11 y la Nacional Nº 174. Los recorridos que el paisaje ofrece culminan en la casona de campo, que fue propiedad de don José Ignacio Arreseygor. Este distinguido estanciero fue uno de los primeros en empotrerar sus campos en 1874, junto a otro destacado caballero de significativo renombre, como fue el Dr. Joaquín Vivanco.
El padre de José Ignacio fue Antonio Arreseygor, un vasco llegado de Irura, hacia 1848, quien construyó en 1867 un puente en el puerto viejo del Quinto Cuartel para facilitar el transporte y los intercambios comerciales.
Hoy, ese puente puede ser visto en épocas de bajante del río junto a otras ruinas que constituían la capitanía y la aduana del entonces Barrio de las Caleras.
Visitar la estancia San Ignacio es reencontrarse con el silencio y la paz en su más palpable sentido. Es un lugar donde se respira historia, mientras se sucumbe en su ineludible evocación.
El reloj de la Basílica
Situado en la torre derecha de la actual basílica de Aránzazu se encuentra un antiguo reloj que ha marcado las horas a muchísimas generaciones de victorienses a lo largo de su historia.
Si bien existieron dos focos poblacionales más antiguos que el actual centro cívico, la ubicación de este reloj respondió a cuestiones pragmáticas, ya que la Plaza San Martín fue el punto a partir del cual se gestó el conglomerado poblacional y su posterior división política en Cuarteles. Además, el centro cívico de Victoria es el punto más elevado del territorio y, por ende, la basílica de Aránzazu es el edificio de mayor altura y más visible a la distancia. Por estas razones se colocó aquel reloj, el cual representaba un avance tecnológico trascendental para la ciudad.
No obstante, en sus inicios existan dos relojes. El primero fue colocado en la entonces iglesia por el italiano Víctor Chiabrando, el 20 de septiembre de 1879, respondiendo a una donación de doña Magdalena Otaño, en memoria de su esposo don Lorenzo Ezpeleta, hijo del fundador espiritual de Victoria.
Esta maquinaria era un sistema de cuerdas metálicas y pesas de plomo, con ruedas de cobre fino, martillo y campana de funcionamiento complejo.
Llegada la década de los años 30, este primer reloj comenzó a manifestar irregularidades por lo que debió ser sustituido por otro más moderno. Lo interesante de esta historia es que los donantes de la nueva maquinaria fueron una vez más los Ezpeleta. Esta vez, doña Amalia Gonzálvez, en memoria de su difunto esposo Octavio Ezpeleta.
Acompañado por este nuevo aparato y su respectivo mecanismo y estructura de armado, se encontraba un reloj de menores dimensiones que hoy se encuentra en el despacho del intendente. En su momento, este empequeñecido reloj era utilizado como referencia de ajuste para sincronizar y cronometrar el tiempo del situado en la torre de la iglesia. Con los años, las piezas del primitivo reloj se fueron extraviando, quedando un cuadrante al resguardo del Museo de la Ciudad. Su correspondiente campana actualmente funciona en la torre izquierda de la iglesia, anunciando junto a otra, el fin de un año y el vacilante inicio de uno nuevo hasta el día de hoy.
Restauración del ex Banco Italia
Aquella divina providencia que permite a la ciudad mantener vivos sus relatos e historias no se limita solamente a la tradición oral. En noviembre de 2020 se contrató al equipo “Art Restauro” de Raúl González, para poner en valor al ex Banco Italia (hoy Banco Bar), el cual se impone como un importante edificio del centro victoriense, situado en la esquina de Congreso y Maipú.
Esta joya arquitectónica fue proyectada a principios del siglo XX por el arquitecto Bernardo Rígoli y erigida luego por el constructor Alfonso Ghiggino, en 1907.
Luego de un previo y minucioso estudio de la condición estructural del edificio, sumado a las complicaciones propias de la pandemia, hace un mes se iniciaron las intervenciones pertinentes en esta obra.
El procedimiento inicial comprende las reparaciones e impermeabilización de los contra-frentes y sus cargas. Su revoque, el cual estaba sumamente deteriorado, fue reemplazado por un nuevo revestimiento. Las cargas fueron impermeabilizadas y se reforzaron diferentes secciones con sujeciones de encadenados, sobre todo en las partes que implicaban algún tipo de riesgo en cuanto a desprendimientos ornamentales. La intervención, que en esta etapa comprende principalmente la fachada edilicia, se focaliza actualmente en la recuperación de aberturas, molduras y demás elementos que componen el frente de esta bella obra arquitectónica.
Por calle Congreso ya se encuentra casi culminada la primera etapa de restauración, donde se procedió a aplicar un “revestimiento proyectable”, cuyo propósito es dar textura, firmeza y protección al frente, evitando humedades perniciosas que afecten en un futuro su belleza y sostenimiento.
Si bien este edificio ha tenido intervenciones en el pasado, ninguna ha sido tan oportuna, profunda, abarcativa, eficiente y acertada como la actual. La implementación de materiales nobles y el buen criterio de este grupo de restauradores es garantía de durabilidad.
Sin dudas, con rescates patrimoniales como este, se podrá disfrutar aún más el encanto arquitectónico de Victoria, su historia y el devenir de una época que se hace eco en el presente.




















