El crimen del carrero Gaillard
Un libro que reivindica la acción de compromiso del periodismo de finales del siglo XIX y comienzo del siglo XX. Su lucha para desnudar los secretos del poder y la importancia de mostrar que en base a la libertad se consigue avanzar para mostrar nuestros puntos de vista y buscar la verdad, que fue y será un eje de esta vocación.
Ceferino Azambuyo
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El asesinato del carrero Julio Modesto Gaillard fue un episodio alevoso que sucedió en el comienzo del siglo XX, cargado de intrigas que fueron quedando al desnudo por la pluma de un periodista libre como lo fue el joven, por ese entonces, Antonio Ciapuscio.
Con el título “Cuchillas Bravas”, Víctor Miguel Cemborain, sobrino nieto de Gaillard, decidió escribir un libro no solo basado en el hecho de sangre sino que ahondó en investigar sobre los elementos que, a su entender, sobraban para poder condenar a los culpables del crimen del humilde trabajador que fue noticia a nivel nacional por el tremendo impacto que causó.
Julio Modesto Gaillard, residente en Villaguay, tenía 26 años, era casado y tenía cuatro hijos. Su trabajo era el de viajar con su carro a Colón y traer frutas para vender en Villaguay.
La imprenta y la persecución
En sus páginas, el autor señala el comienzo de las desavenencias entre Juan Severino Nepomuceno Hermelo, quien junto a Alberto Montiel comienzan la instalación de una imprenta para editar un diario en Villaguay, y le encomiendan la tarea de director a Antonio Ciapuscio. No duró mucho la iniciativa y los dueños deciden desmantelar la imprenta, aunque el joven periodista continúa por cuenta propia el periódico “El Pueblo”.
La persecución hace que Ciapuscio se traslade a Colón pero no cesan de hostigarlo y es detenido, acusado de calumnias e injurias promovidas por Hermelo, eso le valió dos años en la cárcel. Al salir decide adquirir una imprenta para reiniciar su labor en Villaguay, y le encarga a Modesto Gaillard que haga el traslado.
Hermelo, alertado por la noticia del envío de la imprenta, ordena interceptar el carro, tarea que fue encomendada al Comisario Félix Santa Cruz, a cargo de la dependencia de La Capilla-Colonia Clara, hoy Ingeniero Sajaroff. La imprenta, el carro y algunos caballos son arrojados al arroyo Santa Rosa y allí mismo proceden a degollar a Modesto Gaillard.
El 13 de enero de 1907, un peón de la estancia “San Medardo” encuentra el cadáver y da aviso a la policía pero el Comisario Santa Cruz se excusa de intervenir por razones de jurisdicción ante la convergencia en la zona de tres departamentos: Villaguay, Colón y Uruguay.
Apenas se encontró el cuerpo del asesinado, el juez de feria de Concepción del Uruguay con el escribano Rafael Paradelo como secretario y luego, en el mes de febrero, el fiscal Teijeiro Martínez solicitan la detención del jefe de Policía Juan Hermelo, Félix Santa Cruz, su hijo Félix Alejandro, Pedro Santa Cruz y Doroteo Vera, director del periódico “El Departamento” de Villaguay, por considerarlos intervinientes en el asesinato.
El periodista Ciapuscio denunció el atropello por la detención de cuatro peones que no tenían nada que ver en el hecho y la liberación ocurrió gracias a la valentía del fiscal Benigno Teijeiro Martínez junto a los querellantes Antonio Ciapuscio y Petrona González (viuda de Gaillard). La decisión del juez Antonio Sagarna fue lapidaria condenando a los funcionarios oficiales de policía y rentas (estos últimos informaron sobre el recorrido que haría el transporte de la imprenta). La medida no alcanzó a Hermelo al no haber suficientes elementos de convicción para procesarlo.
La reacción popular
La indignación del pueblo de Villaguay convocado a la plaza principal con gran participación, en especial de las mujeres, generó una colecta popular con cuyos fondos Ciapuscio pudo instalar nuevamente su imprenta y continuar con la publicación de “El Pueblo”. Así, en septiembre de 1907 escribía: “… En buena hora: no se ganan batallas contra ilusorios combatientes; se ganan en la arena de la lucha civil denodada. Nuestra causa es la causa de la luz. Nuestros enemigos son las sombras; es el error; es el empecinamiento en el mal…”.
Avatares judiciales
La sentencia de primera instancia, dictada por el juez de Concepción del Uruguay Antonio Sagarna, con el tiempo miembro destacado de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y ministro de Justicia del Presidente Marcelo T. de Alvear, condenó a presidio por tiempo indeterminado (reclusión perpetua) a Fortunato Villalba o Chamorro o Pintos, al considerarlo el autor material de la muerte de Gaillard; y a 15 años de prisión a Eduardo Cisneros, Félix Santa Cruz y Pedro Santa Cruz Ferreyra, como partícipes. Absolvió a Doroteo Vera, Heraclio Leiva y Teófilo Azuaga.
Con respecto a Félix Santa Cruz y Juan Hermelo se remitió la resolución del sumario, confirmada por instancia superior, donde se dispuso falta de mérito, es decir la prosecución de la investigación, no sobreseimiento o absolución.
Apelada la sentencia, la causa se remite al Superior Tribunal de Justicia de la Provincia de Entre Ríos donde se excusan de intervenir, aduciendo estrechos vínculos de amistad con Hermelo, los doctores Cipriano Ruiz Moreno, Vicente Zaballa y Marciano Torres, lo que implica el apartamiento y un mensaje para quienes pudieran actuar. Las designaciones fueron con un listado confeccionado por el propio Cuerpo entre letrados de su preferencia.
El 15 de junio de 1909, el fiscal de Alzada, Luis Etchevehere pide la absolución de todos los condenados. En el caso de Hermelo y Félix Alejandro Santa Cruz nunca hubo sentencia. Es decir que la impunidad quedó asegurada.
Desapariciones
Lo notable es que los expedientes judiciales pertinentes han desaparecido, como así también buena parte de las hemerotecas con los diarios del período del cual se trata, como si hubiera una mano negra, tan negra como el lomo de los poderosos de su época, que prolijamente se encargó de borrar de los archivos los antecedentes de tanta vergüenza.
Así como hubo medios que hicieron trascender muy poco o nada la continuidad de la causa, los diarios “La Prensa”, de Capital Federal; “El Litoral”, de Concordia; “El Entre Ríos”, de Colón; y “El Pueblo”, de Villaguay siguieron el día a día del proceso.
El propósito del libro
Durante la presentación de su obra en Villaguay, el escritor agradeció en especial a la Prof. Manuela Mammana y a Raúl Jaluf, así como también a los vecinos de la ciudad y zona rural que aportaron con información y detalles material impreso y fotos. “Es mérito de todos, por la importante contribución que han hecho”, destacó.
“Mi propósito es dejar un mensaje a las futuras generaciones. Es casi una obligación escribir algo para transmitirle a los que vienen, los pormenores de esa experiencia de vida. En el tránsito por la cultura de una provincia tan valiosa como lo es Entre Ríos, seguro los habitantes no tenemos idea precisa de la magnitud que tiene, desde la conquista en adelante el desarrollo ha sido extraordinario”.
Este libro, declarado de interés legislativo por el Senado provincial, está incluido en la colección “Pluma Libre”, dedicada a la libertad de prensa. La tapa consta de una ilustración de la artista María Celeste Piazzese, donde aparece una pluma que simboliza la prensa libre porque desde allí devino justicia, en tanto desde el Poder Judicial se fracasó y se encubrió el grave hecho.
A modo de introducción, Cemborain dijo que “el entrerriano no es como es, porque sí. Hay una historia que empieza con Hernandarias y sigue con Tomas de Rocamora quien tomó muy buenas medidas para el progreso de la población trabajadora, especialmente los más humildes. Fue expulsado y debió irse a Montevideo. Se produjo una revuelta en todos los pueblos que él había fundado y organizado; Gualeguay, Gualeguaychú, Arroyo de la China y Nogoyá, por eso el Virrey tuvo que ir a buscarlo. Esos precedentes de movilizaciones populares también debemos rescatarlos”, señaló.
El monolito
La Unión Cívica Radical construyó un monolito en el lugar de la tragedia, que inauguró el 7 de enero de 1939; 32 años después del tremendo hecho. Con el paso del tiempo y producto del vandalismo en un lugar desolado, en el límite de Colón y Villaguay, en una visita al lugar, Elba y su esposo Abel Viollaz, rescataron los fragmentos, lo trajeron a su casa y posteriormente lo entregaron en custodia al museo de Villa Elisa. Después de años de estar guardado en una caja, fue restaurado en el año 2015.
La historia trágica de aquel tiempo sirve para dimensionar la gesta de un baluarte del periodismo como fue Antonio Ciapuscio y de Julio Gaillard, un mártir que a los 26 años de edad, ofrendó su vida por una causa que desconocía, y que se conoce como el primer atentado en Entre Ríos al ejercicio del periodismo cuando por una imprenta, la barbarie amparada por el estado, consumó el más cruel y cobarde asesinato.
La reacción de Villaguay y los “héroes”
“Villaguay reaccionó cuando se produjo el atropello a la prensa libre y el asesinato del arroyo Santa Rosa. Fueron las mujeres las que en mayor número se organizaron para recuperar la prensa y exigir la investigación”, remarcó el autor de “Cuchillas Bravas”.
En otro pasaje de su exposición, el sobrino nieto del carrero asesinado manifestó que “este libro viene a ser un intento de encontrar qué pasó antes y después del asesinato de Gaillard. En mi caso, la visión que le doy es desde el punto de vista de un hombre de derecho porque no había una valoración de los documentos y antecedentes para contar y replicar a los que dicen que contra Hermelo no hay pruebas. Eso me llevó a buscar en los archivos judiciales de Paraná y Concepción del Uruguay y encontré una heroína, que fue la viuda del carrero, Petrona González, se jugó al pedir participación en el juicio como querellante, o sea investigadora a la par del fiscal y también ofreció testigos y ello le costó amenazas de muerte para ella y sus cuatro hijos. Esta chica tenía 26 años”, remarcó.
“También los héroes que mostraron compromiso con la verdad fueron Antonio Ciapuscio y el fiscal Benigno Teijeiro Martínez, que hizo una investigación excelente y destacó que antes que él, todos los rastros de la investigación fueron obtenidos por la tarea que había realizado el periodista Ciapuscio, que le entregó todos los elementos para que se pidieran las máximas penas para los autores del hecho e instigadores y a la cabeza iba Hermelo”.
La decisión de impunidad del STJ
“Los procesos avanzan pero todo se enreda al llegar al Superior Tribunal de Justicia (STJ) el cual se excusa por la amistad con el principal acusado y todo queda en la nada. En pruebas penales hay documentales, testimonios e indicios y cuando estos últimos son graves y concordantes constituyen una prueba de gran valor. El mayor indicio de la culpabilidad y participación de Hermelo es esa participación del STJ que se concreta luego con la desaparición de todos los expedientes y pruebas de Concepción del Uruguay y de Paraná. Se aduce que en los dos lugares hubo anegamientos en la misma época. Parece que fue tan grande la cantidad de agua que también se inundaron archivos de los diarios de la provincia pero no pudieron nunca destruir los archivos de La Prensa, de Buenos Aires y tampoco de El Entre Ríos, de Colón, que con sus hojas amarillentas muestran mucho material sobre el tema. Ambos medios iban contando día a día, semana a semana sobre la investigación y el juicio”, destacó el escritor.
“Lo notable es que la acción popular, encabezada por mujeres, el apoyo civil, la prensa, entre los cuales estaba otro gran luchador de Villaguay, Francisco Podestá, acompañaron a Ciapuscio y eso tiene un gran valor por la manifestación en reclamo de justicia. Todo termina cuando quedan libres y Hermelo es posteriormente consagrado diputado provincial, previo a renunciar a su cargo y esgrimir una supuesta enfermedad de la que se curó repentinamente al ocupar una banca”, expresó Cemborain.
La calle de Hermelo
Una calle de Villaguay lleva el nombre de quien fuera, violando disposiciones legales, jefe de policía e intendente de la ciudad, cuando su ciudadanía era uruguaya y eso no estaba permitido. Lo grave es que esos fundamentos fueron por los que, un día después de su muerte, se esgrimieran para instituirlo. Quizá sea tiempo de impartir justicia también desde el Estado municipal.
Sobre el autor
Víctor Miguel Cemborain Nació en Villaguay (1946). Transcurrió su escolaridad primaria en la Escuela Nacional de Villa Clara, Matías Zapiola, de Basavilbaso y Juan José Castelli, de Gualeguay. Comenzó la secundaria en la escuela normal Ernesto Bavio, de Gualeguay, y culminó en el Colegio Deán Funes de Córdoba.
En la Universidad Nacional de Córdoba egresó como abogado y escribano en 1972. En el año 2001 fue designado juez civil y comercial de Bell Ville. Ejerció la magistratura hasta su jubilación en el año 2015.




















