viernes, abril 24 2026

De Rosario al mundo

Mirador Provincial dialogó con el destacado periodista de trayectoria internacional, Carlos Gabetta. Recordó su niñez en Rosario y buena parte de su enorme trayectoria, que lo llevó a vivir y a trabajar en varias partes del mundo.

Gisela Mesa
redacción@miradorprovincial.com

El argentino Carlos Gabetta es periodista, ex director y fundador de "Le Monde Diplomatique" en castellano, edición Cono Sur. Desde febrero del año 2011 es columnista del periódico Perfil y colabora con diversos medios internacionales: Radio Canadá, Radio Suisse-Romande, Radio France Internationale y Le Monde diplomatique, entre otros. Es bilingüe francés-castellano pero habla también inglés e italiano. Vivió y trabajó como periodista en Francia, España, México y, por supuesto, Argentina.

Autor de numerosos libros como "Enemigos: dos protagonistas reflexionan sobre la violencia en los años '70 "(Coautor, junto a Rodolfo Richter, Eudeba, Buenos Aires, 2018); "¿Tiene porvenir el socialismo?" (Autor y compilador, junto a Mario Bunge; varios autores); "Argentine, le diable dans le soleil" (Marcel Jullian, París, 1979), publicado en Argentina por Bruguera, como "Todos somos subversivos" (1983).

En conversación con Mirador Provincial, Carlos Gabetta analizó la situación laboral del periodismo y sobre todas las cosas nos invita a preguntarnos si es probable una desaparición del periódico impreso, radios y canales de tv y que todo pase por internet; y también, si se encuentra el periodismo en mutación y en crisis.

– ¿Cómo era Carlos Gabetta de niño?
– Como tantos niños argentinos de familia de clase media-baja, habitantes de un barrio popular en los años 40/50. En Rosario, el mío era el cruce de las calles Salta y Ovidio Lagos. "Entre el vicio y la virtud", como se decía entonces, ya que de un lado de calle Salta estaba Pichincha, el ex barrio prostibulario y todavía algo "pesado" y del otro, el colegio de monjas Santa Unión, concurrido por señoritas "del centro"…

Yo iba a la escuela Almafuerte, jugaba con los demás chicos y, sobre todo, empezaba a leer; a pasar tanto tiempo leyendo como jugando. Esto, gracias a mi padre, Alberto Ugo, un dirigente sindical entonces -era obrero gráfico- y luego político; concejal por el Partido Socialista Argentino en los años 70.

Mi padre tenía una gran y variada biblioteca y lo único que me regalaba eran libros. La familia pasaba los fines de semana en la "Casa del Pueblo" del PS, entonces en Córdoba y Pte. Roca, donde se enseñaba a leer y escribir a analfabetos, se leía y discutían numerosos temas. Leí "Las aventuras de Tom Sawyer", de Mark Twain, a los 9 o 10 años…

– ¿Cuándo supiste que el periodismo iba a ser tu profesión?
– Se fue dando. A mis 19 años, mi padre manejaba una agencia de publicidad y de sus tiempos de dirigente gráfico conservaba muchos contactos en los medios, con los que trabajaba. En enero de 1962 debuté en el diario "Crónica", con un editorial para un suplemento sobre la temporada turística en Córdoba. Y así hasta hoy.

– ¿Cómo es tu método de trabajo?
– Acuerdo con que para ser divulgada, la información no sólo debe ser verdadera, sino también verificable. Si esto último no es posible, lo que suele ocurrir, debe informarse al lector.

Ese es el principio. Luego, decidir qué hechos o asuntos son "de interés de la ciudadanía" resulta un tema amplio y complicado, que en última instancia depende del medio para el que se trabaja y de la honestidad intelectual del profesional.

Por último, hay que aplicar "ideas claras y distintas", como pedía Descartes. No quedarse con la primera y más impactante información; indagar "del otro lado", sea cual sea el asunto. En lo posible, hacer escuchar "las dos campanas", para que los ciudadanos puedan sacar sus propias conclusiones en base a datos y opiniones confiables.

– ¿Cuál es el principal reto que enfrenta un periodista en esta nueva era de la información?

– El tema es infinito y no puede detallarse aquí. Pero la síntesis es que, justamente, en internet y las redes sociales resulta difícil, sino imposible, verificar la información y las fuentes. O sea, que para el ciudadano común, para cualquiera que no sea un especialista, es muy difícil determinar si las informaciones que circulan son verdaderas. En las redes la información falsa o deformada es tanta y circula con tanta rapidez, que las fake news compiten hoy con ventaja con la información verdadera y verificable.

La tecnología es un gran avance en muchos aspectos, pero en cuanto a la información y la cultura en general, por el momento es un problema.

– ¿Qué es ser periodista hoy?

– Justamente, encontrar la manera de contrarrestar esa tendencia al predominio de la fake o de la buena información que acaba desvirtuada por los infinitos comentarios, bromas, información contraria no verificada, etc.

Internet es un prodigio tecnológico, pero para que resulte verdaderamente útil, política, socialmente hablando, es necesario concientizar a su público. Los profesionales no tenemos allí problema alguno; al contrario, ese medio nos resulta utilísimo, ya que como en cualquier otro caso, vamos a las fuentes confiables, verificamos la información, etc. Pero hasta ahora no es así para todo el mundo.

– ¿Cómo ves el periodismo a nivel nacional y extranjero?
– En mutación y en crisis, justamente a causa de lo anterior. Es previsible que en pocos años ya no existan periódicos impresos, incluso radios y canales de TV; que todo pase por internet. En las redes cualquier noticia es "levantada" y difundida a un público infinitamente más numeroso; internacional incluso.

En estos días, justamente, se está discutiendo en algunos países como Australia, incluso en la Unión Europea, la necesidad de que sitios como Facebook paguen a los medios de comunicación por todo lo que "levantan" y distribuyen en su propio beneficio económico y, en muchos casos, deformando el original.

– ¿Considerás que la gente lee menos?

– Lee de otro modo, en internet. También es posible que pronto desaparezcan los libros.

– Se sabe que el periodismo es un oficio complicado, ¿qué te impactó a nivel personal a lo largo de tu profesión?

– Muchas, muchísimas cosas. Pero lo esencial fue la certeza de que cuando un medio cualquiera hace bien su trabajo, contribuye al progreso de la sociedad en que actúa. En lo personal, los esfuerzos y riesgos que a veces implica, incluso físicos. Pero sobre todo, las posibilidades que brinda de viajar, de conocer situaciones, lugares y personajes de todo tipo; héroes y criminales; honestos y corruptos, etcétera, pero en cualquier caso fascinantes. Por último, la certeza de ejercer un oficio que, bien hecho, equilibra el poder de quienes ocupan las instituciones; difunde y critica su accionar y les impide o dificulta cualquier tipo de exceso o ilegalidad.

– ¿Creés que existe igualdad de oportunidades para las mujeres periodistas?

– En el periodismo las limitaciones para las mujeres siempre han existido, como en cualquier parte, pero menos; justamente porque para ejercer el periodismo es necesario un mínimo de formación. O sea que lo ejercen mujeres competitivas y conscientes de sus derechos. Desde el principio de mi carrera, en los años 60, trabajé con mujeres e incluso las he tenido como jefas, tanto aquí como en otros países. Actualmente puede verificarse que esas limitaciones prácticamente han desaparecido, al menos en Occidente, aunque subsisten en algunos medios y en muchos países.

– ¿Cómo se sortea la ilusión de un periodismo investigativo, denunciante, frente a una realidad en la que el periodista trabaja sin poder expresar su ideología?
– Nadie trabaja en el periodismo sin expresar, de algún modo, su ideología. El simple hecho de elegir un hecho por sobre otro para su difusión implica un trasfondo ideológico. Aceptar trabajar en un medio también supone aceptar su orientación política e ideológica. Es por eso que creo que esa ilusión no existe. Podemos y debemos ser objetivos, pero eso no implica que, de algún modo, juzguemos. La objetividad no implica necesariamente imparcialidad.

En ocasiones, se justifica incluso un periodismo "militante", tal como ocurrió durante la última dictadura cívico-militar argentina, 1976/83. Tanto dentro como fuera del país, muchos colegas ejercimos ese tipo de periodismo contra la dictadura, lo que no implica que las denuncias que hacíamos no fuesen "verdaderas y verificables"…

Por ejemplo en 1979, en París, con Julio Cortázar, Osvaldo Soriano, Hipólito Solari Yrigoyen, Oscar Martínez Zemborain, Matilde Herrera y Gino Lofredo, creamos el mensual "Sin Censura", destinado a distribuirse entre ciudadanos de todos los países latinoamericanos bajo dictaduras. En su Comité Internacional de Patrocinio figuraban, entre varios otros, Gabriel García Márquez, Lord Averbury, Carlos Andrés Pérez y Hortensia Bussi de Allende. Colaboraban además Eduardo Galeano, Mario Benedetti, Régis Debray y varios más. Yo fungía como jefe de redacción; se editaba en París y se imprimía y distribuía por correo desde Washington, en sobres con membretes de empresas estadounidenses, para no despertar sospechas de los agentes de la dictadura… (https://revistaharoldo.com.ar/nota.php?id=468).

– ¿Por qué el periodismo no hace autocrítica de su labor frente a la sociedad?

– Por los intereses económicos que lo ligan al sector empresario y al poder político. Con las excepciones del caso, por supuesto.

– ¿Guardás todos los diarios donde has tenido participación?
– Casi todos. Soy bastante obsesivo.

Libros y autores

– ¿Qué libro recomendarías a los lectores?
– Tantos… Para empezar, "Las aventuras de Tom Sawyer", de Twain, el "Intermedio filosófico", de Lisandro de la Torre y "Memorias de Adriano", de Marguerite Yourcenar; el "Facundo", de Domingo F. Sarmiento. Y por supuesto, las obras completas de Karl Marx y sus epígonos.

– Hablame de tus hijos literarios. ¿Qué sensación sentiste cuando publicaron tu primer libro?

– Orgullo. Fue a mis veintitantos, a finales de los '60 y lo publicó Ediciones Acción, del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos. Contenía dos artículos-ensayo: "La sociedad y las drogas" y "La contaminación ambiental", que yo había publicado en su quincenario.


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