Vóleibol
La ida de la fase regular de la Liga Argentina masculina se desarrolló exitosamente en Paraná y dejó varios aspectos para analizar. El nivel deportivo, la experiencia asimilada por deportistas y dirigentes, la exposición mediática y la aplicación de los protocolos anti Covid-19 fueron los destacados.
Luis Gómez
redaccion-er@miradorprovincial.com
La Liga de Vóleibol Argentina (LVA) pasó por Paraná y dejó una estela que espera depositarse en la mentalidad de los actores de ésta y otras disciplinas deportivas.
Durante nueve días consecutivos, la capital entrerriana fue sede de la máxima competencia nacional protagonizada por siete equipos –entre ellos el anfitrión, el Club Atlético Paracao (CAP)–, que se vio engalanada por figuras de trayectoria y gran presente, como también por quienes ya dejaron de ser promesa y exhiben una óptima performance.
La ida de la fase regular del certamen posibilitó que los jugadores y entrenadores entrerrianos continuaran sumando roce competitivo en el alto rendimiento del país, a la par que dirigentes y allegados tomaran un curso rápido de organización de emprendimientos con estándares internacionales.
Por efecto colateral, la ciudad y la provincia obtuvieron una elevada exposición en el universo mediático deportivo de escala nacional, a la vez que la actividad turística logró un aporte cualitativo y cuantitativo.
Párrafo aparte merece la aplicación de protocolos anti Covid-19, que se pusieron en práctica desde días previos para proteger –en la llamada burbuja biosanitaria– a los actores protagónicos y de reparto (ver recuadro).
Encuentros cercanos
Integrar la misma competencia ante encumbrados equipos permitió a los entrerrianos –Paracao se compone de elementos de Paraná, Cerrito, Nogoyá y Diamante– compartir no solo territorio de juego, sino también momentos previos y posteriores, además del ámbito de alojamiento.
Asimilar este ejercicio no solo repercute directamente en su nivel de juego, sino en su mentalidad a la hora de establecer obtener objetivos y definir la preparación. Además, próximamente, esos nuevos saberes se derramarán, cual efecto cascada, a las competencias locales y categorías formativas, enriqueciendo sus competiciones y ampliando expectativas.
La instancia posibilitó, además, un desafío para la dirigencia paranaense, que debió cumplir con una serie de requisitos a la que no está habituada. Lograr el cometido eleva el estatus organizativo de los involucrados e irradia confianza para llevar adelante futuros emprendimientos que trasciendan fronteras.
Espejo del país
La televisación de todos los partidos (la mayoría online y el resto por sistema por cable) generó una permanente mención de Paraná y Entre Ríos en medios de comunicación de alcance nacional e internacional. Sumando el acompañamiento de los radicados en la ciudad y zona, colaboraron en posicionar a la capital entrerriana como sede de espectáculos deportivos de jerarquía y la encumbraron entre las que disponen de condiciones para la práctica competitivas en las nuevas condiciones imperantes en el país y el orbe.
La deuda
Logrado todo lo anterior, aún sigue pendiente un componente fundamental: el público. Paracao tiene una gran masa de seguidores, que acompañó con creces en las ediciones anteriores, pero que ahora debió conformarse con verlo por televisión, computadora o teléfono móvil.
Las fases de control de la pandemia impiden en estas latitudes su presencia. Aunque en algunos puntos del planeta, donde el auditorio ha probado tener responsabilidad, hay experiencias positivas de inserción a baja escala.
Las nuevas reglas de juego
Llevar adelante la fase regular de ida de la Liga de Vóleibol Argentina (LVA) implica desplegar un riguroso sistema de acciones preventivas para evitar contagios por Covid-19.
– Para participar de la burbuja biosanitaria, cada deportista, integrante del staff, árbitro o dirigente debe realizarse el hisopado (y exhibir resultado negativo).
– En el alojamiento, se reservan pisos exclusivos para las delegaciones. Desde allí, solo se trasladan ida y vuelta a la cancha durante los días de competencia.
– Las delegaciones entran y salen de la cancha sin cruzarse. En los partidos, los saludos iniciales y finales de los equipos son a la distancia, sin contacto físico, y no hay cambios de campo al finalizar los sets.
– Los integrantes de los cuerpos técnicos permanecen con barbijo, al igual que los jueces de mesa. Solo los entrenadores, al dar indicaciones, pueden quitarse el tapabocas y los árbitros, cuando no utilizan el silbato, vuelven a colocarlos en posición.
– Los alcanza-pelotas no entregan directamente los balones a los jugadores. Los dejan en canastos, previa sanitización.
– Cuando es necesario secar el piso, no se recurre a colaboradores, sino que lo hacen los mismos jugadores.
– En un sector, se destaca a personal de sanidad y, lindantes con sendos bancos de suplentes, se colocan heladeras con botellas de agua para cada jugador.
– Antes y después de cada partido, se sanitiza el campo de juego.
– Los habilitados a ingresar al reducto no incluidos en la burbuja biosanitaria (dirigentes, colaboradores, personal contratado y periodistas) firman diariamente una declaración jurada en la que manifiestan no poseer síntomas de Covid-19.
Así presentados, parecen muchos y hasta difíciles de concretar. Sin embargo, los abarcados los ejecutaron desenvueltos y con cierta naturalidad.
Probaron que es posible.




















