Historias de Victoria
Las pasiones humanan recorren caminos y memorias. En sus logros y creaciones, el espíritu engendra situaciones y momentos históricos que logran, si el capricho del tiempo lo permite, perpetuarse en el presente, en forma de anécdota o relato. A continuación, unos breves ejemplos de ellos.
Ignacio Etchart
redaccion-er@miradorprovincial.com
El pasado de la ciudad de Victoria siempre se destacó por mencionar a seres altruistas, emprendedores y consientes de una responsabilidad histórica que les competía en su momento. Mentes que supieron comprender el momento que les tocaba vivir y los espacios que la vida les ofreció transitar. Y que además, sus logros o infortunios son parte de la historia de la ciudad, conforman lo identitario del victoriense.
Los administradores de la página de Facebook “Historias de Victoria” esto bien claro lo tienen. Por eso hoy reconstruyen y divulgan relatos del pasado local mediante sus publicaciones, las cuales son la fuente de este escrito.
El primer sacerdote
El culto católico en Victoria siempre tuvo un papel determinante en las cuestiones sociales, políticas y culturales de la cuidad. Durante más de dos siglos, muchos religiosos y sacerdotes de diferentes órdenes han administrado lo que en principio fue el Oratorio, luego la Parroquia y finalmente la actual Basílica de Aránzazu.
Sin embargo, la historia aquí presente se transporta al siglo XIX, cuando el cura José Recalde, nacido el 7 de agosto de 1857 y primogénito de don Pedro Recalde y de Serapia Zapata, se convertiría en el primer sacerdote católico originario de Victoria.
El entonces joven José Recalde ingresó en 1875 al Seminario de los Jesuitas de Santa Fe por intermedio del obispo Gelabert, donde fue ordenado sacerdote en enero de 1886. A los pocos días, el padre Recalde ya estaba celebrando su primera ceremonia católica en el templo de Victoria.
Sus tareas en Santa Fe
Con el tiempo, sus responsabilidades como sacerdote se fueron ampliando. Entre los primeros deberes encomendados por la curia local, Recalde fue teniente en la iglesia matriz de Rosario, donde su destacado desempeño le consiguió, dos años después, la promoción como párroco de la Iglesia Santa Rosa de esa misma ciudad durante el período abarcado entre los años 1901 y 1905.
Allí administró variadas asociaciones católicas, colegios de hermanas y reuniones de vicentinos. Pero su obra más importante fue la construcción de la mencionada iglesia en la etapa en que ejerció su curato.
Finalizadas sus responsabilidades en Santa Rosa, Recalde comenzó a sufrir diversas dolencias, como fueron la parcial pérdida de la vista y una parálisis de la cual nunca se recuperó del todo, que le fueron imposibilitando paulatinamente el ejercicio de sus tareas sacerdotales.
El regreso
En 1908 regresó a Victoria donde ejerció como pudo su actividad pastoral, principalmente en las gestiones para la construcción de la capilla del Perpetuo Socorro. Este templo, propio de los suburbios del Cuarto Cuartel y edificado en un área alejada del centro, fue levantado en una zona famosa para los folklorismos locales, ya que le adjudicaban ser sede de “aparecidos e historias misteriosas”.
Hacia 1914, el cura Recalde donó a la actual basílica de Aránzazu una imagen proveniente de Olot, España, bendecida el 8 de septiembre de ese mismo año por el prior del monasterio de los benedictinos. Fue de tal magnitud el regalo, que durante mucho tiempo reemplazó la histórica figura de Aránzazu en el camarín del Altar Mayor, hasta su recolocación, en 1943.
Llegado el año 1919, el estado de salud del cura Recalde se agravó severamente. Sufrió una hemiplejía que lo dejó postrado, hasta que el 3 de enero de 1920, un derrame cerebral dio fin a su laboriosa e incansable vida sacerdotal.
El Club Sarmiento
Cuando un grupo de jóvenes comenzó a reunirse en la entonces peluquería de don Clemente Roque Manzo, situada en la actual calle Rocamora, casi esquina Dorrego, sin aún darse cuenta, estaban por iniciar una de las primeras instituciones futbolísticas de la ciudad. Por entonces, corría el año 1919.
En sus orígenes, los primeros deportistas patrocinados por el club Sarmiento improvisaban sus rústicas y austeras prácticas iniciales en la “canchita de la costa o de la estación”, lo cual no era más que un simple terreno ubicado en los márgenes de la ciudad, cercano a la vieja estación de trenes.
Pero desde aquel humilde campito, las primeras cohortes sarmientinas luego se enfrentaban en los campeonatos locales con los grandes ya instalados de la cuidad, como lo eran la Sociedad Sportiva, los Normalistas y el mismo Club 25 de Mayo.
Tras dos años de concurrir a la peluquería de don Roque Manzo, en 1921 se formalizó la primera Comisión Directiva del Club Sarmiento, presidida por el educador Eduardo Albornoz.
Un distinto
A diferencia de los inicios de los otros clubes, que en sus inicios andaban errantes sin conseguir una cancha propia para sus prácticas, Sarmiento obtuvo al poco tiempo un terreno cedido como préstamo por don Ramón Perizena, en 1922, predio ubicado frente al actual Hogar de Ancianos.
Allí, los originarios socios del club trabajaron incansablemente nivelando la superficie del terreno, ya que en ese entonces aquel lugar era un foco residual de la ciudad, colmado de pozos y ondulaciones. Fue tal la iniciativa de los fundadores del club, que Sarmiento fue la primera institución futbolística de Victoria en poseer una cancha iluminada, gracias a las gestiones realizadas durante la presidencia de Ramón Aldao y el asesoramiento técnico del ingeniero Enrique Parodi, durante 1936.
Llegado el año 1944, la Comisión Directiva adquirió una casa destinada como sede de la institución, en la tradicional esquina de Chacabuco e Yrigoyen, donde aún funciona el club. Ese mismo año, Sarmiento adquirió su personería jurídica, mérito atribuido al profesor Ismael Campobianco, quien ejercía la presidencia en aquel momento.
La historia de Sarmiento es en realidad parte de la historia de la fundación del fútbol de Victoria. Ya en sus primeras competencias oficiales, Sarmiento obtuvo los trofeos de los torneos realizados en 1920, 1922, 1923 y 1928. Hazañas que fueron repetidas nuevamente en 1951, 1957 y 1966, pero ya como ganadores de la oficializada Liga Victoriense de Futbol.
Fue también la primera institución deportiva en traer un equipo porteño para competir, como celebración para su décimo aniversario desde su fundación. El invitado al cumpleaños fue Almagro, cuyo plantel estaba integrado, entre otros, por el arquero Marchietti y el histórico Arico Suárez.




















