Victoria
Las tradicionales enciclopedias y manuales muchas veces sólo rescatan grandes hitos o personalidades. Pero la gran mayoría de las veces, son los mínimos hechos o actos cívicos que constituyen la historia e identidad de una ciudad.
Ignacio Etchart
redaccion-er@miradorprovincial.com
La ciudad de Victoria siempre se caracterizó por albergar grandes historias producidas por pequeñas personas. Sacrificios, relatos y aportes constituidos por un puro y desinteresado altruismo convirtieron a esta sociedad en un espacio de fácil identificación, donde las anécdotas y los archivos locales se relacionan con las vivencias cotidianas de sus vecinos.
A continuación se presentarán dos historias constituyentes de la tradición victoriense, cuya fuente de consulta es la página de Facebook “Historias de Victoria”, portal digital comprometido en rescatar y divulgar sobre relatos locales.
Aniversario del hogar de ancianos
El pasado 28 de noviembre se cumplieron 69 años desde la inauguración del Hogar de Ancianos de Victoria, obra impulsada en la década del 40 por el legislador nacional victoriense, el Dr. Pedro Radío.
Durante su construcción, este edificio fue supervisado por la Dirección Nacional de Arquitectura con sede en Gualeguaychú, representada por el Sr. Francisco Alfaro, quien seguía diariamente las tareas de edificación.
Se utilizó mano de obra local y materiales provenientes por los hornos emplazados en los suburbios que no cesaban de trabajar en pos de satisfacer la incesante demanda de ladrillos destinados a esta importante obra. Sin embargo, no todo fue ideal a lo largo de la obra.
En 1943, la Argentina padeció una epidemia de poliomielitis, enfermedad que provoca parálisis física infantil. Consecuente y aún sin terminar la totalidad del asilo, la actual sección de varones ubicada en el ala izquierda del edificio fue utilizada para atender a los niños convalecientes de esta afección, bajo la comprometida e incansable labor del Dr. Marcos Waisenstein.
Si bien la construcción concluyó a mediados de 1946, aún faltaban muebles, camillas, camas y todo accesorio necesario revestir internamente el edificio.
Mientras las tareas de abastecimiento se realizaban progresivamente, entre los años 1949 y 1950 se produjo en Victoria una importante creciente de las aguas que circulan la sección Islas, provocando una ola de evacuados de aquella zona hacia la ciudad. Aquí nuevamente el asilo cumplió con la tarea de albergar a las personas que escaparon de las inundaciones. Fue tal la magnitud del suceso, que la fundación Eva Perón envió un grupo de voluntarios a la ciudad, donde armaron varias carpas en el predio del asilo para asistir a los evacuados.
Finalmente su inauguración oficial tuvo lugar el 28 de noviembre de 1951, con la presencia de su inspirado gestor, el Dr. Pedro Radío. También asistieron a la ceremonia el entonces gobernador, Don Ramón Alvariños; el intendente, José Tristán Sosa Frutos; y el cura párroco, José Germanies, entre otros importantes concurrentes que participaron de una forma u otra en la concreción de la obra.
Sin embargo, la historia tiene sus peculiaridades. Originalmente este establecimiento se llamó “Eva Perón”, en honor a las políticas sociales promovidas por la entonces Primera Dama nacional.
Pero producto de la controversialmente denominada Revolución Libertadora, que derrocó al gobierno democrático de Juan Domingo Perón en 1955, el edificio fue rebautizado en homenaje a un distinguido médico de la ciudad, el Dr. Domingo Sebastián Cúneo.
La banda municipal
Recientemente, la Banda Municipal cumplió 101 años desde sus primeros conciertos. Sin embargo, existen antecedentes de esta asociación musical que datan desde 1872, cuando tenía principalmente funciones militares, cuyo rol central era el disciplinamiento y entrenamiento de niños en la performance de marchas castrenses para acompañar a las tropas en el campo de batalla.
Ya entrado el siglo XX, la banda municipal fue administrada por el maestro Enrique Víttori, quien ocupó dichas funciones durante diez años.
Hasta ese entonces, la banda era sostenida por un subsidio municipal que en 1903 fue removido. Sin embargo, algunos integrantes de familias pudendas e interesadas en el mantenimiento de los valores artísticos de la ciudad, encolumnados detrás de la figura del profesor Abraham Bartoloni, decidieron sostener económicamente a la asociación musical.
Pese a todo, en 1913, la banda municipal fue disuelta. El entonces jefe de policía local, don Pedro Seguí, comunicó al intendente Rodolfo del Valle la disolución definitiva de la banda, además de ofrecer los instrumentos y atriles al municipio.
Atrás quedaron 40 años de ceremonias y festivales alegrados y acompañados por las melodías que este grupo supo aportar, además de proveer un seguro espacio artístico en el cual los niños podían refugiarse de la áspera vida en las calles.
No obstante, y previendo la posibilidad de un malestar social y de protestas por parte del pueblo de Victoria, el municipio diseñó un proyecto que constaba en un pago mensual a doce músicos para que conformaran un nuevo ensamble musical.
Desde entonces, la banda municipal dejó de anclarse en la tradición militar para convertirse de lleno en una expresión artística. El contrato con el municipio establecía la obligatoriedad de dos conciertos por semana (martes y jueves) en la plaza San Martín, ubicada en el centro cívico de la ciudad, además de su participación en fechas particulares como son los aniversarios patrios y demás días festivos.
Lamentablemente, durante aquel entonces la ciudad transitaba una crisis económica que obligó al municipio a desintegrar ese grupo de doce músicos el 8 de octubre de 1914, devolviendo además los instrumentos a la sede policial.
Tres años después, en 1917 y durante la intendencia de Don Antonio Quartino, se fundó la Escuela de Artes y Oficios, hoy la actual Escuela de Música J.J. de Urquiza.
Fue el ya mencionado profesor Abraham Bartoloni quien se encargó de albergar a muchos niños empobrecidos, huérfanos, quienes se convirtieron con el tiempo en intérpretes melódicos. El primer director de la Escuela de Artes y Oficios fue el maestro Damián Ruiz, integrante de la inicial banda dirigida por Víttori.
A partir de ese momento la asociación musical comenzó a portar el actual nombre por el cual es famosa en la ciudad, cuya primera presentación fue el 4 de marzo de 1919, en la plaza Libertad: “Banda Municipal de Victoria”.




















