Pandemia y conectividad
En un momento de la historia en el que los vínculos, el trabajo y el entretenimiento pasan por las conexiones, el internet y los dispositivos móviles, reflexionamos sobre una conducta compulsiva que da cuenta de la época. Érica Ramírez, tesista en la Licenciatura en Psicología e integrante de la Asociación Civil ABRA dialogó con MIRADOR ENTRE RÍOS.
Guillermina Ferraris
redaccion-er@miradorprovincial.com
Por cuestiones más que obvias vinculadas al aislamiento que atraviesa la población mundial este año, durante los últimos meses la dependencia de nuestros vínculos afectivos y laborales hacia las conexiones, el internet y los dispositivos móviles, se ha incrementado a niveles épicos. El entretenimiento, la salud mental, el ejercicio físico, todo es accesible a través de un teléfono. A raíz de los debates que se vienen dando respecto de este tema que nos (pre)ocupa, reflexionamos de manera desprejuiciada en términos de salud mental sobre una conducta compulsiva que da cuenta de la época en la que vivimos. La primera pista que habilita este ejercicio, es asumir que aunque parezca muy lejana, está mucho más arraigada de lo que nos imaginamos.
Cifras no mencionadas
Casi convirtiéndose en un mandato cultural, es imposible negar que el uso de aplicaciones móviles a través de internet ha traído tantas soluciones como complicaciones. De hecho en un estudio realizado por la investigadora Mary Meeker y publicado por la firma KPCB en 2018, se confirma que la Argentina está en la zona alta de la tabla de países en los que hay una tendencia compulsiva al uso de pantallas e internet, junto con Colombia, Estados Unidos, Brasil y Rusia, entre otros. Según lo investigado, pasamos casi el 30% de nuestro día frente a las pantallas de dispositivos electrónicos.
La investigación confirma que el argentino promedio pasa más de una hora y media por día mirando la televisión, casi dos horas delante de la computadora, casi tres con el celular y 30 minutos dedicados a las tablets. En suma, imaginando un usuario que utilice todos estos dispositivos durante su día, resultan unas siete horas por día. Algo que podemos concluir es que la mente de esa persona pasa casi el mismo tiempo descansando que absorbiendo (sobre) información.
A medida que profundizamos, salta a la luz la evidencia de que estas conductas están fuertemente normalizadas y naturalizadas en nuestra sociedad. ¿Pero qué ocurre cuando el vínculo con las tecnologías y apps comienza a afectar todas las demás esferas de nuestra vida social?
El concepto de nomofobia
Érica Ramírez es tesista en la Licenciatura en Psicología e integrante de la Asociación Civil ABRA, con sede en Santa Fe. Allí se desempeña en el fortalecimiento del área microsocial, realizando trabajos en conjunto entre los consultantes y sus vínculos y entornos significativos.
Consultada sobre el tema, cuenta que desde el Departamento de Prevención venían trabajando en la implicancia de los dispositivos tecnológicos, fundamentalmente en las primeras infancias y la temprana edad. “Es un proyecto que está en vigencia para empezar a hacer un abordaje de los consumos problemáticos o de las llamadas ‘adicciones limpias’, aquellas en las que no está en juego una sustancia externa que le incorporamos a nuestro organismo, empezar a pensar estas nuevas adicciones que claramente son propias de la época y dan cuenta de cuál es el contexto en el que se enmarcan estas tendencias”.
Respecto a la nomofobia, terminología utilizada en términos patológicos, Érica explica que se diferencia de otras manifestaciones, en el sentido de que apunta específicamente a la fobia, el miedo irracional, la expresión o el desborde de angustia, causada por pasar tiempo sin el teléfono celular. “Más allá de la cuestión concreta que nos pueda llegar a significar este aparato, en realidad apunta principalmente a ir en contra de un mandato cultural que tiene que ver con estar todo el tiempo en línea, todo el tiempo informado, todo el tiempo actualizado”, profundizó.
Teniendo en cuenta que el concepto surge en el Reino Unido a partir de una investigación de mercado que hace una empresa en el año 2011, y para poder pensarlo en nuestro contexto social, la psicóloga se pregunta ¿a quién no se le vuelan un poco los pelos si un lunes a las 10 de la mañana no cuenta con su teléfono celular? Entiende que muchas veces forma parte de la rutina laboral, las obligaciones, por una cuestión de distancias, de tiempo y de organización, actualmente todo lo resolvemos a partir del teléfono. “En esos términos cabe preguntarnos ¿quién no sería un poco nomofóbico? Cuando salimos de casa y nos dejamos el teléfono cargando y obviamente nos agarra la desesperación por volver”, plantea.
Abordaje más humano
El abordaje no abstencionista y multidimensional de los vínculos problemáticos que plantean desde la Asociación Civil ABRA, ya sea con una sustancia, un objeto o una persona, permite complejizar los fenómenos y enmarcar las conductas contextualmente en la vida de las personas. Invitan al consultante a profundizar y avanzar en la solución, más allá de lo que suele llamarse la “punta del iceberg” o los síntomas.
“Tenemos que poder pensar la nomofobia dentro de un contexto socio-cultural, para ver si es posible pensarla como un consumo problemático. Por ahí ubicándonos en este tiempo, en nuestra cultura y sociedad, asumimos que claramente lo problemático no empieza y termina sólo en el vínculo de un sujeto con una sustancia, objeto, práctica o persona, sino que justamente eso es el último eslabón, el desencadenante de la afección de muchas otras áreas o dimensiones”, reflexiona Ramírez.
Acostumbramiento
“Cuando se empieza a generar cierta erosión en otras áreas de la vida de la persona, ya sea el área individual, social, macrosocial, vincular, claramente gana terreno este modo de vincularnos problemáticamente, por lo que pensar o tratar sólo a la manifestación, pretender resolver una problemática de nomofobia sólo atendiendo a la racionalización y a la aceptación de este miedo irracional respecto de un celular, de algún modo es como parchear el problema ¿no?”, se pregunta.
Sobre la forma de abordar esta conducta compulsiva, hace hincapié en que “debemos pensar la nomofobia de acuerdo con los distintos momentos de la vida, donde claramente uno tiene que poder pensar cuáles son las implicancias, cuál es el alcance que determinado vínculo, en este caso con un objeto, conlleva. Asumiendo que en cada momento de la vida se juegan cosas muy diferentes, no es lo mismo esta temática pensada en un niño, un adolescente o en un adulto. Cuando iniciamos un proyecto para trabajar la relación de las tecnologías con la temprana edad en las infancias, asumimos que claramente hay implicancias subjetivas y cognitivas respecto no sólo del exceso, sino también en este acostumbramiento al dispositivo y a la estimulación”.
Recomendaciones
–¿Cómo se puede disminuir una conducta compulsiva?
–En un conversatorio realizado en 2019 en la Facultad de Ciencias de la Educación (UNER), la antropóloga y ensayista Paula Sibilia recordó a quienes fueron a escucharla y utilizaron sus teléfonos, que “las redes sociales desconocen todo límite de tiempo y espacio. Por eso estamos visibles, conectados, ansiosos y dispersos”. En este sentido, acercamos algunas recomendaciones que fueron publicadas en www.revistamate.com, que pueden ser tomadas en cuenta para disminuir el uso de aplicaciones y dispositivos móviles:
● Para decidir cuándo utilizarlas realmente, bloqueá las notificaciones de aquellas aplicaciones que quieras usar menos tiempo.
● Evitá estar en redes al momento de comer y tratá de silenciar el celular en ciertos momentos del día.
● Borrá las aplicaciones de redes sociales de los dispositivos móviles y accedé a través del buscador.
● Dejá pasar una hora luego de despertar antes de ingresar a las redes y organizá el tiempo que pasás en redes, intercalándolo con ejercicio físico, estudio, trabajo o cualquier otra actividad.
● Mesurá el tiempo que pasás online. Algunas aplicaciones como FaceUp hacen estadísticas sobre el uso personal del celular y ayudan a llevar un registro.
● No dejes guardadas las contraseñas, así cada vez que ingreses a las redes vas a necesitar completar algunos pasos previos que complejizan el acto y contribuyen a bajar la compulsión.
● Priorizá tus necesidades y ocupaciones antes que el uso del celular. Por ejemplo, desayuná y lavate los dientes antes de revisar Whatsapp.
● Evitá ir a dormir chequeando redes, incluido Whatsapp y evitar usar el teléfono celular como despertador.
● Si estás en grupo o realizando alguna actividad, distanciate del dispositivo móvil, y evitá distraerte de lo que estés haciendo en el momento.
● Cuestionate cuán necesario es que uses las redes, cuán seguido conviene usarlas y cuáles de las que usas son realmente indispensables.
● Por mucho que cueste, intentá pasar tu tiempo de ocio y aprendizaje alejando tu mirada del celular. Si te animás, ponelo en modo avión.





















