Día Mundial de la Diabetes
Desde que recibió la noticia de la enfermedad en 2007, Irina Podversich nunca se dio por vencida. La pelotari ramirense, que llegó a disputar Copa del Mundo y Juegos Panamericanos con la Selección Argentina, habló del tratamiento y la influencia del deporte.
José Prinsich | redaccion-er@miradorprovincial.com
Faltaban pocos días para emprender viaje hacia el viejo continente. Las expectativas aumentaban con el transcurrir de los minutos y no era para menos: era la primera vez que Irina Podversich cruzaba el océano para representar al país en una cita internacional. El sueño de vestir los colores de la Selección se había hecho realidad, después de varias concentraciones, entrenamientos y mucha dedicación en el frontón. La ciudad española de Valdepeñas se preparaba para recibir a los mejores referentes de la pelota.
El pasaporte de la joven ramirense estaba listo para ser sellado pero un diagnóstico desafortunado antes de partir provocó cambios drásticos en el tablero, lo que derivó no sólo en preocupaciones familiares sino también en nuevos desafíos para la estudiante de 14 años, que estaba cursando el tercer año de la secundaria. "En ese momento tenía mucha actividad con Feria de Ciencias, cumpleaños de 15 y estaba entrenando para la Selección. Hacía deporte y había bajado muchísimo de peso. Me tomaba dos litros de agua a la mañana en la escuela y llegaba un punto en el que se me secaba la boca y no podía hablar, claramente no era normal", recordó en diálogo con Mirador Entre Ríos.
La mañana del 14 de septiembre de 2007, la deportista no se levantó en óptimas condiciones para asistir a clases. Su mamá Liliana, advirtiendo su estado de salud, la llevó para que le hicieran unos análisis en ayunas. Al día siguiente, Irina tenía concentración en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CeNARD) pero los valores arrojados en los estudios cancelaron todos los planes. La glucemia, que mide la concentración de glucosa libre en la sangre, había trepado los 280 miligramos por decilitro cuando lo normal es 70/110 o 80/120. El elevado número que figuraba en los papeles motivó a los médicos a que dejaran internada a la adolescente, que estaba con la cabeza en Europa pero con el cuerpo en la Capital Provincial de la Juventud.
"No tuve ninguna complicación grave pero había que estabilizar otros valores como la cetona en orina, entre otros. Estuve internada del viernes al domingo. El lunes fui a la endocrinóloga pediátrica a Paraná. A todo esto, el viernes siguiente me iba a Valdepeñas. Mi mamá me había dicho: "Olvidate del Mundial" pero yo quería ir. Cuando llego al consultorio, la doctora me dice: 'Ella va a ser diabética acá, en China, Japón, Rusia o donde vaya y tiene que aprender a controlarse'. En ese momento, tenía que controlarme y medirme la glucosa cada cuatro horas y una de las mediciones era a la madrugada. Si vos de acá al miércoles te levantas sola y te medís, te doy el permiso para viajar", continuó la farmacéutica de 27 años recibida de la Universidad Nacional de Rosario.
La noticia de la diabetes fue un baldazo de agua fría pero la pequeña jugadora nunca vio en la enfermedad un impedimento para cumplir sus sueños personales. Con esmero y dedicación, alternó las horas en la facultad y en el frontón, algo que los escépticos creen imposible de realizar. Alcanzó grandes metas con la paleta pero también en el estudio, logrando su ansiado título universitario.
-¿Cómo siguió la historia después del diagnóstico?
-El miércoles cuando fui nuevamente a la médica, ella vio que los valores estaban y me dejó ir. Mis viejos me llevaron a Buenos Aires. Los chicos en el CeNARD sabían de toda la situación y ya me habían guardado la ropa para mí. Ahí me sumé a la delegación y el viernes viajamos para España. En ese momento, uno no entiende nada. Cuando me agarra eso, yo no lo tomé como un peso o una carga porque yo tenía la cabeza en otro lado. Pensaba: 'me pongo la insulina y me voy al mundial'. Después obviamente la cabeza te quema y decís porque a mí. Cuando estaba en la Facultad me agarró como una crisis y no tenía controlados los valores hasta que enganché la médica con la que estoy.
-¿Te costó asumir todo esto?
-En definitiva, esto es un estilo de vida saludable. Es muy difícil controlar los valores si uno come cualquier cosa. En mi casa, se conocía la enfermedad y creo que a mi mamá le pesó demasiado cuando me la diagnostican porque ella no quería que yo lo fuera. El papá de ella era diabético y mi vieja siempre trató de inculcarnos el tema de la alimentación y la actividad física. Es una enfermedad que te permite hacer una vida perfectamente normal y no te impide nada. Se que tengo que salir con plata, llave, celular e insulina. No salgo a ningún lado sin la insulina porque si quiero comer algo tengo que ponerme.
-¿Algún consejo para quienes estén leyendo esta nota?
-Quizás con lo que me pasó le puedo dar una mano o ayudar a otros. Fue un desafío al principio y quizás me tocó para ayudar a alguien. Generalmente los padres me preguntan porque no saben qué hacer con los chicos. Obviamente que cuando te lo detectan no sabes para donde correr. No es cuestión de correr sino de ver qué tengo que hacer y qué no. El consejo es que no hay que prohibirse de nada, solo hacer las cosas a consciencia. En cuanto a los logros personales, uno tiene que hacer las cosas con pasión y ganas. Las cosas se van dando y se van logrando los objetivos. Tarde o temprano todo llega, hay que saber esperar.
-¿Cuáles son los cuidados que tenés que tener?
-Hoy en día ya estoy acostumbrada y concientizada sobre lo que tengo que hacer y lo que no. Por suerte puedo contar con las tiras reactivas y la insulina al tener obra social, y siempre tuve para medirme. Eso te permite que te midas más seguido y controles los niveles más frecuentes. El deporte me ayuda mucho. Si comes mal, generalmente tendés a engordar y si tendés a engordar en la Selección te tiran la oreja. Uno tiene que mantener una conducta porque, al margen de los valores de glucemia, hay muchas cosas que influyen. Mi control es tratar de tener una alimentación variada, medirme y tratar de ser consciente.
Efectos de la pandemia
-¿Cómo te afecto lo de la pandemia?
-Al no poder salir para hacer actividad física, manteniendo los mismos valores de insulina y comiendo lo mismo, los valores de glicemia no eran los mismos. Ahí te das cuenta cómo la actividad física te cambia. Me compré los rodillos para andar en bicicleta. Los usé cuando no podía salir. Ahora que puedo salir no los uso mucho. Los tengo por si nos vuelven a encerar y no tengo excusas para no hacer actividad física.
-¿Cuánto influye la parte psicológica?
-El estrés y las emociones tienen muchísimo que ver. Me pasaba en la facultad cuando tenía que rendir. Comía una manzana y tenía la glicemia muy elevada, solamente por la cabeza y el estrés. Hay cuestiones que son difíciles de manejar. Son momentos que van a pasar y ya sé que es así. El acompañamiento de la familia y los amigos es fundamental para todo. En mi casa, desde el minuto cero, estuvieron siempre conscientes. Si compraban gaseosas o postres trataban de que sean sin azúcar. Con el tiempo también fui aprendiendo a decir: 'si quiero tomar un helado, lo tomo'. No voy a comprar el sin azúcar porque la verdad no lo disfruto pero se que me tengo que poner más insulina.
Superación personal
Con tan solo 9 años, Irina rompió todos los estereotipos de un deporte que solamente lo practicaban los hombres. Su llegada al frontón del Club Atlético Racing, pese a no tener un fuerte consentimiento de su familia al principio, marcó un quiebre en la disciplina. Poco a poco pudo insertarse en la cancha de calle Libertad y Bv. San Martín. Gracias a su pegada, esfuerzo y constancia pudo alcanzar grandes logros personales, impensados desde el primer día que comenzó a practicar el deporte. Así logró competir en torneos provinciales, nacionales, mundiales y dos Juegos Panamericanos: México (2011) y Perú (2019).
"Era la única mujer de Ramírez que jugaba a la pelota. En su momento fue todo un desafío. El hecho de que haya muchas chicas jugando me encanta y es un orgullo ver ese crecimiento. Sabemos que no somos muchas, necesitamos chicas que jueguen. No estoy pensando en dejar la carrera deportiva", dejó en claro a este medio.
-¿Hay novedades entorno al deporte?
-Novedad a nivel deportivo, cero. Este año teníamos Copa del Mundo en Valencia (España) y quedó todo postergado para el año que viene. No tenemos idea de cuándo vamos a volver al CeNARD. Ahora que abrieron quizás nos citen. La última comunicación fue con el preparador físico hace dos meses que nos pidió que corramos. No es fácil y sinceramente nose qué va a pasar con todo. Es un riesgo muy grande. Tengo la cancha reservada para ir a entrenar sola porque ni siquiera encuentro con quien practicar.
-¿Cuál fue tu mayor alegría deportiva?
-Fue cuando ganamos el Mundial Sub22 en Uruguay (2013), donde estuve de titular. Ese fue el mayor logro. En el deporte siempre tenes alegrías pero también vas a tener tristezas. El año pasado disputamos el Panamericano en Perú. Fuimos en frontenis. Sabes que tenes que poner la cabeza y que es durísimo, pero en ningún momento se me cruzó por la cabeza en no ir. Al contrario, yo había tenido la experiencia en el 2011 con el Panamericano de Guadalajara. Poder estar en estos eventos es un lujo. Como deportista es nuestra máxima competencia a nivel mundial y dentro del ciclo olímpico. Para nosotros, poder estar ahí fue un orgullo y una alegría enorme. Te cruzas con todos los deportistas y es impagable. Nosotros nos quedamos cerca de la medalla de bronce y quedó esa sensación de que la revancha ya va a venir. Esas son las cosas que tiene el deporte.
Una fecha para recordar
Cada 14 de noviembre se conmemora el Día Mundial de la Diabetes (DMD). Dicha iniciativa es la campaña de concienciación sobre la enfermedad. Fue instaurado por la Federación Internacional de Diabetes (FID) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1991, como respuesta al alarmante aumento de los casos en el mundo.
El propósito de la jornada es dar a conocer las causas, los síntomas, el tratamiento y las complicaciones asociadas a la enfermedad. Además, se recuerda que la incidencia de esta grave afección se halla en aumento y continuará esta tendencia a no ser que se emprendan acciones desde ahora para prevenir este enorme crecimiento. Cabe destacar que los síntomas pueden ir desde el aumento de la frecuencia urinaria, de la sed, del hambre y una bajada de peso inexplicable, hasta el entumecimiento de las extremidades, dolores de los pies, fatiga y visión borrosa, pasando por infecciones recurrentes o graves y/o pérdida de la conciencia o náuseas y vómitos intensos o estado de coma.
Para esta fecha se emplea un círculo azul como símbolo mundial de la diabetes. El logotipo fue adoptado en 2007 para conmemorar la aprobación de la Resolución de Naciones Unidas sobre el Día Mundial de la Diabetes. En muchas culturas, el círculo simboliza la vida y la salud. El color azul representa el cielo que une a todas las naciones, y es el color de la bandera de Naciones Unidas. Asimismo, este círculo azul simboliza la unidad de la comunidad internacional de la diabetes en respuesta a la pandemia de la diabetes.





















