En Rosario
Los comisarios Mariano Valdes e Higinio Bellaggio quedaron al borde del juicio por el oscuro caso en el que el primero resultó baleado en Fighiera en septiembre, en un caso con trasfondo de drogas.
La Cámara Federal de Rosario confirmó los procesamientos de los exjefes de la Policía Federal en Santa Fe Mariano Valdes e Higinio Bellagio, implicados en un opaco episodio registrado en septiembre pasado en la autopista Buenos-Aires Rosario, en el que el primero de los dos comisarios mencionados resultara baleado.
La resolución del tribunal de alzada avala la decisión del juez federal de Santa Fe Francisco Miño, que a fines de diciembre pasado había procesado a los dos oficiales, y deja a ambos al borde de su juzgamiento, por un hecho que tiene como trasfondo el comercio de drogas.
El fallo impulsado por los camaristas Aníbal Pineda y Guillermo Toledo se refiere al incidente ocurrido la noche del 9 de septiembre de 2019 pasado a la altura de Fighiera, cuando Valdés, en ese momento jefe de la Delegación Santa Fe de la Policía Federal, circulaba en un auto particular con la suboficial ayudante Roxana González hacia la capital provincial.
En el trayecto, según registraron cámaras de videovigilancia, hizo una parada en una estación de servicio ubicada en jurisdicción de Ramallo. Allí desapareció de escena y se retiró hacia un lugar donde estacionan camiones. En ese lugar habría tenido una charla con ocupantes de una camioneta que tras el retorno de los policías al auto salió tras ellos.
Unos 40 kilómetros más al norte ese vehículo interceptó al de Valdés que se detuvo en la banquina. El comisario bajó y tuvo una discusión con los ocupantes del otro vehículo que derivó en el ataque a balazos en el que el primero fue herido.
Según la investigación, tras ese episodio Valdés ordenó a la suboficial González ocultar un bolso deportivo Adidas que llevaba en el auto. Para eso se comunicó con el comisario Bellaggio, quien viajó en un patrullero desde Santa Fe hasta el Samco de Arroyo Seco donde estaba internado su superior tras el tiroteo, para “sustraer” el bolso de la escena del hecho. Hasta ese momento el bolso lo tenía la suboficial González.
El bolso no fue hallado cuando el caso fue investigado por la Justicia provincial en Rosario. Pero luego se lo encontró en la sede de la Policía Federal de Santa Fe al igual que la ropa que llevaba Valdés. Una pericia determinó que el bolso tenía restos de anfetaminas y que un pantalón de Valdés contenía residuos de éxtasis.
El caso dio un vuelco, pasó a competencia de la Justicia Federal y fue investigado por el fiscal Walter Rodríguez, que acusó a los policías por tráfico de drogas, lo que fue avalado por el juez Miño que los procesó.
El procesamiento fue por presunto transporte de estupefacientes, sustracción de prueba y peculado ya que utilizaron una patrulla de la Policía Federal y un chofer para viajar de Santa Fe a Arroyo Seco a buscar la prueba presunta de un delito.
La resolución de primera instancia no fue apelada por Valdés aunque sí por Bellagio pero la Cámara Federal lo confirmó. El hecho atribuido es el mismo. Valdés sí apeló la prisión preventiva pero también esto fue confirmado por lo que ambos comisarios se encuentran detenidos.
Los argumentos de la defensa niegan que Bellagio haya formado parte de una comisión delictiva y rechaza la existencia de prueba para su imputación que no pasa de una conjetura no acreditada.
En su voto el camarista Pineda señaló que a su criterio sí existen elementos de convicción sobre la conducta de apariencia delictiva. El magistrado indicó que, además de la prueba, se debe valorar en la complejidad que reviste una empresa criminal cuando está integrada por comisarios, que son jefes máximos de la policía. Esa complejidad pasa a criterio de Pineda por que los ejecutores (comisarios) tienen experiencia, además de recursos materiales, para valerse de medios e instrumentos del Estado para presentar los hechos de manera confusa y ocultar las pruebas, por lo que muchas veces obliga a que la reconstrucción de los casos se haga a partir de indicios.
Ese es el motivo por el que Pineda indica que en esta etapa es difícil obtener pruebas de cargo directas que por sí mismas acrediten los hechos. Y que eso es distintivo de asuntos donde se notan, como en este caso, maniobras complejas e imputados calificados. Para el camarista lo que hay en este caso es una cadena de indicios racionales contra los comisarios acusados que son robustos. Y que habilitan la confirmación del procesamiento.





















