Movimiento internacional
Sol Fransoi vive en Quito y allí está especializándose en su profesión. Vio de cerca las confrontaciones, las protestas y la represión que sufrió el pueblo. Triunfo, esperanzas y muerte, en medio de la lucha por los derechos.
Belén Fedullo | redaccion-er@miradorprovincial.com
Sol Fransoi es concordiense. Estudió antropología en la Universidad Nacional de Rosario, en donde obtuvo su título. Hace un tiempo decidió especializarse y viajó a Ecuador, allí, junto con Fernando Fontenla, que es ingeniero, estudian en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.
Actualmente vive en la capital de ese país, Quito, y desde esa ciudad fue testigo de los días de conflicto que hubo en el país luego de que el presidente Lenín Moreno anunciara un paquete de medidas que no fue bien recibido por los ciudadanos.
Ante el descontento por “tarifazos” que afectaban el bolsillo de los ecuatorianos y provocaban una caída en el consumo, llegaron las protestas que colapsaron las calles. El conflicto creció y Moreno decidió trasladar la sede gubernamental desde Quito a Guayaquil y, tras esa decisión, llegaron los días de represión.
Unión, en medio del caos
A la concordiense no le fue indiferente el movimiento en las calles y formó parte de lo que sucedía a su alrededor. En Quito, los grupos se concentraban en el centro y desde allí partían las acciones de protesta.
Sobre los problemas y el nacimiento de los movimientos, Fransoi contó: “El presidente Moreno comenzó a contraer deuda con el FMI desde el año pasado. El Fondo tiene requisitos que los argentinos ya conocemos, uno de ellos era que para mediados de 2019 tenía que haber reducido el déficit fiscal en una suma de millones de dólares, ahora nos enteramos que Ecuador no cumplió con esta medida y entonces el gobierno anunció un ‘paquetazo’ que afecta duramente el bolsillo de las clases trabajadoras y de los sectores populares”, y agregó: “Entre las medidas económicas que fueron anunciadas se encuentran reforma laboral, reforma tributaria, reforma monetaria, la sanción de un decreto a partir del que se retiran los subsidios a los derivados de los hidrocarburos, por lo que se libera el precio de la gasolina y todos los precios de los bienes de la canasta básica aumentan. Esto es un poco más brutal si tenemos en cuenta que vivimos en una economía dolarizada”.
La sanción del decreto generó una respuesta inmediata por parte del gremio de transportistas del Ecuador, quienes llevaron adelante las primeras medidas de fuerza, que terminaron luego de un acuerdo con el gobierno; pero el acuerdo parecía llegar tarde, ya que otros grupos comenzaron a sumarse a las protestas y se generó un levantamiento en todo el país. Las agrupaciones se manifestaban en las calles todos los días y con el paso del tiempo empezaron los enfrentamientos con las fuerzas armadas.
Una lucha de antaño
“En Quito las movilizaciones fueron en el centro histórico, ya que en ese lugar está la plaza mayor, que es en donde está la gobernación. La gente asistió a ese lugar, pero se encontraba con cordones de seguridad muy grandes que tenían la orden de reprimir y lo hacían de una manera brutal”, comentó la antropóloga concordiense y mencionó: “En otras ocasiones hubo levantamientos en los que incluso se había llegado a conseguir renuncias de mandatarios, se sacaba a los presidentes que tomaban medidas contra el pueblo, pero esta vez fue distinto porque según contaban se dio una represión con un nivel de violencia que jamás se había vivido”.
Históricamente, los pueblos indígenas dejan sus lugares para trasladarse a los centros de conflicto cuando los ciudadanos ecuatorianos se manifiestan y esta no fue la excepción. A través de Conaie (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador) que es la organización que concentra a los diferentes pueblos indígenas, las comunidades aborígenes planificaron sus salidas y luego emprendieron viaje. “Nos vimos muy sorprendidos por cómo se organizan los pueblos indígenas del Ecuador, porque desde los lugares más cercanos hasta desde aquellos que están en medio de la selva, todos salieron para formar parte del levantamiento contra el paquete de medidas que se anunciaron”, contó Fransoi.
“Ellos anunciaron que se plegaban a las medidas al segundo día de paro. En Ecuador es tradición que los indígenas —que es como los nombran— lleguen a la ciudad y logren revertir medidas que no son bien recibidas. Cuando ya son demasiado antipopulares logran destituir a los gobiernos”, explicó. La fuerza de las comunidades que viven en las afueras de las ciudades de referencia es tal que incluso, ante la represión, retuvieron a uniformados en sus comunidades y les aplicaron “justicia indígena”.
Clima de guerra
El movimiento exigió una logística para la que, quienes estaban en las calles, debieron trabajar en conjunto. Tanto es así que en la zona céntrica de Quito había carpas con servicios médicos, comida y ropa, entre otras cosas. “Los indígenas fueron recibidos en un clima de mucha alegría, aunque todo parecía raro, porque por un lado estábamos viviendo una represión brutal y por otro se cumplía con los actos que tradicionalmente se llevan adelante y se recibía a quienes llegaban a sumarse a la lucha con bailes y abrazos”, indicó la concordiense.
Con la llegada de los movimientos organizados por la Conaie y el paso de los días, el conflicto se agravó. La represión era cada vez más fuerte y los lugares de concentración debían armarse en otros refugios. La antropóloga describe lo que vio como “un clima de guerra, algo que jamás imaginé ver”. “El gobierno llenó la ciudad de militares, a toda hora había tanques de guerra circulando por Quito. Además hubo un uso desproporcionado de la fuerza represiva”, relató.
Los centros de acopio que habían sido montados durante los primeros días debieron mudarse luego de una dura represión en la que las fuerzas tiraron bombas lacrimógenas y perdigones contra los manifestantes. En ese momento, las universidades decidieron dejar de lado la neutralidad, tomaron parte en la lucha popular y abrieron sus puertas para contener allí a quienes pasaban el día en la calle, fue así que, en Quito, las universidades Católica, Central y Salesiana, expresaron su apoyo y prestaron sus instalaciones.
“Se vivieron días realmente difíciles. Los integrantes de las fuerzas estuvieron lanzando bombas lacrimógenas direccionadas hacia las concentraciones y a los distintos puntos o focos de protesta. También golpeaban a la gente e incluso en las últimas protestas disparaban con perdigones”, describió Sol. Mientras el enfrentamiento crecía, organismos internacionales de derechos humanos pedían al gobierno ecuatoriano que interviniera y garantizara el cumplimiento el derecho a la protesta y, a la vez, solicitaban informes sobre el uso de las fuerzas en los lugares públicos.
El saldo de ese recrudecimiento de las medidas por parte de las fuerzas se convirtió en muerte.
Hubo al menos 8 muertos y un “toque de queda”. En medio de la despedida de quienes habían perdido la vida, las organizaciones se propusieron lograr lo que habían ido a buscar y lo consiguieron.
El después
Luego de 13 días, el presidente Lenín Moreno decidió derogar el decreto que llevó al caos. En un comunicado, que fue emitido tras una reunión con representantes de la comunidad indígena, anunciaron: “Una solución para la paz y para el país: el gobierno sustituirá el decreto 883 por uno nuevo que contenga mecanismos para focalizar los recursos en quienes más los necesitan”. Así dejaron sin efecto la medida que disgustó al pueblo con la promesa de tomar otra que no afecte la vida en comunidad.
Y la postal cambió. Y la imagen de los propios manifestantes limpiando las ciudades dio la vuelta al mundo. Y el aire que se respira es otro, a medias. “Se derogó el decreto luego de un diálogo que tuvieron los movimientos indígenas con el gobierno, mediado por la ONU. La reunión se transmitió en vivo así que estábamos todos atentos a lo que pasaba y finalmente llegó la derogación del decreto con la promesa de hacer uno nuevo que no afecte a los sectores populares”, contó la concordiense y explicó: “Aún no sabemos si hubo avances en la elaboración de la nueva medida.
Estamos contentos y victoriosos de lo que alcanzó el movimiento indígena, pero también muy
alertas a que esto no sea una jugada de parte del gobierno así que estamos esperando anuncios”.
Sobre lo que pasó luego del anunció, mencionó: “Inmediatamente luego de escuchar la derogación del decreto algunas comunidades volvieron a sus tierras, mientras que un gran número de indígenas permanecieron en la ciudad y al otro día hicieron una minga, que es un trabajo colectivo en el que limpiaron toda el área del ‘arbolito’, en el centro, que se había convertido en un campo de batalla con las fogatas y barricadas. Entre ellos y algunos colectivos de la sociedad civil hicieron la limpieza”.
En alerta
Aunque se sintieron victoriosos tras la marcha atrás, quienes participaron de las movilizaciones se mantienen en alerta. “Si bien el movimiento planteó la derogación del decreto, en los días de movilización el gobierno dejó ver una cara muy oscura con las represiones. Hay varios muertos y también heridos, gente desaparecida, más los abusos que fueron ejercidos por parte del poder, por eso sentimos que la victoria fue a medias y nosotros, al igual que el movimiento indígena, al ver esa arremetida brutal sobre la movilización queremos que se vaya la ministra de Gobierno, María Paula Romo y el ministro de Defensa, que es Oswaldo Jarrín”, indicó Fransoi. Según explicó, sin movilizaciones ni paros, las agrupaciones buscarán conseguir que en los cargos asuma alguien “con un perfil más democrático”.
Cuando los movimientos levantaron las medidas, algunas personas fueron detenidas y por eso el después llega con alertas. “Se esta investigando a las personas que apoyaron las movilizaciones, con apoyo de servicios de inteligencia de Estados Unidos y eso a todos nos toca de cerca, así que estamos atentos”, concluyó la entrerriana.





















