El panorama en el sur provincial
El nivel del río complica la actividad en clubes y guarderías náuticas. Los referentes del sector hablan de un particular fenómeno de “sedimentación” que se detecta en la costa de la Cuna de la Bandera.
Patricio Dobal
redaccion@miradorprovincial.com
Es un fenómeno sostenido en el tiempo que preocupa a un sector justo en el momento en que debería repuntar su nivel de actividad. La pronunciada bajante del Paraná impacta de lleno en el mundo de la náutica en Rosario y sus alrededores y además obliga a los clubes y guarderías a ensayar alternativas para mantenerse activos.
Según referentes de la actividad, hay alrededor de 150 veleros que con un río con 1,94 de altura en la costa rosarina no pueden soltar amarras y en el medio hay incertidumbre entre los actores que dependen del esparcimiento, un negocio que creció en sintonía con el número de embarcaciones en los últimos 20 años. Los que se salvan son los usuarios de kayaks, que se las ingenian para remar en zonas con poca profundidad.
“Como nunca estoy detectando un incremento en la demanda de hélices. Algo lógico si entendemos que muchos navegantes se internan en zonas que ahora tienen poca profundidad”, remarcó Jorge Pinilla, referente de la Cámara Náutica de Rosario, entidad que nuclea a los concesionarios de embarcaciones, pero también a guarderías, desde donde se tiene un contacto permanente con el río y sus variaciones.
Se está lejos del récord histórico alguna vez registrado, aunque el fenómeno es llamativo y deja muy curiosos paisajes en zonas que habitualmente están bañadas por las aguas barrosas del Paraná. Así, entornos como el del balneario La Florida, exponen el barro además de la arena en playas que ahora lucen mucho más anchas. Algo similar ocurre en la zona de las islas entrerrianas. El Embudo, laguna que se forma frente a la zona norte de Rosario, el panorama es casi de terreno seco.
“Fue en el ’68 que se registró la bajante más pronunciada, con 0,60 a la altura de Rosario, en aquella ocasión circulaban también buques de ultramar, aunque dichas embarcaciones eran otras y además el parque náutico local era mucho menor. Ahora hay muchos más emprendimientos de cara al río por lo que la afectación con el descenso actual de caudal es importante”, precisó Pinilla, en contacto con Mirador Provincial. Los buques cerealeros hoy salen de las terminales portuarias del Gran Rosario con menos de la mitad de la carga, frente a la posibilidad de salir hacia el Atlántico a topes con un Paraná en su nivel ideal de entre 2,30 y 3 metros.
Los más afectados
“Hay una guarderías de gestión privada que hoy casi no tiene operaciones. Se encuentran por estas horas haciendo una tarea de dragado para intentar bajar lanchas”, mencionó el integrante de la Cámara Náutica, quien prefirió resguardar el nombre de la firma en cuestión. “Pasa que el cliente que no puede salir a navegar directamente opta por llevar su embarcación a otra guardería. Hoy existen muchas opciones”, añadió.
La casi nula actividad de las amarras de veleros se detecta en instituciones como el Club Bancario, Remeros Alberdi y Rosario Rowing. “Los veleros obviamente cuentan con un quillote que obliga a contar con un buen calado para operar. No son pocos los que están con el quillote clavado en la tierra”, explicó Pinilla, sobre un tipo de embarcación que necesita cerca de 1,50 metros de profundidad para operar incluso en los sectores de costa. Hay excepciones como el Club Náutico Avellaneda y el Club de Velas que “están dragando sus caletas”.
Alta sedimentación
Si bien la bajante de por sí genera un cambio de escenario para los amantes del río restringiendo la posibilidad de frecuentar áreas en las islas que habitualmente reciben a cientos de familias, los avezados amantes de la vida náutica aseguran que la ribera rosarina sufre un particular fenómeno de sedimentación.
“Cuando el río está alto particularmente en la costa de la ciudad se aloja arena y barro, hecho que obliga a los clubes y guarderías a realizar constante mantenimiento. Ahora bien cuando el agua se retrae empiezan los problemas”, referenció Pinilla. Según referencias del Instituto Nacional del Agua (INA), se aguarda que para finales de octubre el nivel del Paraná pueda empezar a revertirse.





















