Ciclismo
Un entrerriano por adopción y un santafesino recorrieron casi 2.500 kilómetros en bicicleta, enlazando localidades de Argentina, Uruguay y Brasil. Denominaron Travesía Atlántica a su raid, que se inició en el Túnel Subfluvial Hernandarias y finalizó en Camboriú. Su estilo de vida fue clave para concretarlo exitosamente en 22 días.
Luis Gómez
Tenían un sueño común y el destino se encargó de conectarlos hasta hacerlo real. Dos deportistas de la zona unieron tres países en bicicleta, recorriendo casi 2.500 kilómetros en solo tres semanas.
Partieron desde el Túnel Subfluvial Hernandarias (en Argentina) y llegaron a Camboriú (Brasil), viajando a través de la ruta cercana al océano (Uruguay), en exitoso derrotero que fue posible gracias a su entrenamiento constante y a la aplicación de aprendizajes logrados en distintas disciplinas deportivas.
Emmanuel Ferretty (de Salto, Buenos Aires, pero radicado en Paraná) y Fabio Abbá (de San Cristóbal, Santa Fe) hicieron posible la aspiración de muchos y contagiaron a varios más con su Travesía Atlántica 2019 que combinó deporte, turismo, cultura y aventuras.
Ley de atracción
De regreso a su hogar, los raidistas se reunieron en el punto de partida de la marcha y le contaron a MIRADOR ENTRE RÍOS algo de lo mucho que experimentaron tras 22 días de ensueño a bordo de Lima y Japo, sus bautizadas bicicletas aventureras. En el complejo del enlace Paraná-Santa Fe, revivieron las sensaciones que les dejó la iniciativa que tocó 26 puntos geográficos entre el miércoles 2 de enero y el martes 22.
Se conocieron en el programa Running Time, de radio Rock and Pop Paraná (FM 94.5), en octubre último. Ferretty es columnista y Abbá acudió –con barba y gorro, emulando a Tom Hanks en Forrest Gump– como invitado para promocionar una carrera de aventura de la Mosquito Trail Series.
Un mes después, un intercambio de mensajes de texto disparó todo.
– ¿Qué hacés en enero?, se preguntó desde la orilla santafesina.
– Me voy a pedalear al mar. Fue la respuesta desde la entrerriana.
Fue así, Emma (33 años, cumplidos en plena travesía) tenía en mente volver a la costa marítima uruguaya, tras cinco años de su última travesía, y Fabio (45) se sorprendió ante la conexión de ideas, aunque pensó que se trataba de una broma.
Despejadas las dudas, organizaron el plan, descartando la vía que los llevaría hasta Río de Janeiro y optando por recorrer los pueblos de la costa.
“Queríamos una ruta que nos impacte desde lo turístico y lo emocional, disfrutar el día a día”, dijeron, contando su pedaleo hacia el Este y luego al Norte.
Lluvia de meteoros
La marcha implicó pruebas de carácter desde el vamos. Los ciclistas partieron desde la cabecera Santa Fe del ducto justo cuando empezaban a caer gotas y, al salir por el lado Paraná, un cielo oscuro y una lluvia furiosa les dieron un adelanto de lo que sobrevendría.
Ese mediodía, pasando Viale (a unos 60 kilómetros de Paraná), tuvieron un pinchazo y lograron cambiar la cubierta debajo del único árbol del lugar. Más tarde, un frente de tormenta los acompañó hasta el ingreso a Raíces Oeste (departamento Villaguay).
Fueron jornadas de elevadas temperaturas y baja presión atmosférica, que rápidamente formaban temporales. Esas contingencias se repitieron a la salida de Montevideo (Uruguay) y en Garopaba (Brasil).
“La hostilidad del clima nos puso a prueba desde el primer día. Nos dijimos: ‘si esto no nos paró, no nos para nada’”, resumió el profesor de Educación Física paranaense.
“Ésos días eran de peligro latente, especialmente en la última etapa, ya en Brasil, donde encontramos trepadas y mucha lluvia, acompañada de viento. Los camiones nos pasaban muy cerca y su fuerza de arrastre nos empujaba hacia el costado”, acotó el maratonista santafesino.
La clave del éxito
Ferretty y Abbá no tuvieron una preparación especial para la travesía ciclística. Entonces, fue elemental contar con un estilo de vida asociado al entrenamiento y los buenos hábitos.
De hecho, se comportaron como auténticos ciclistas de ruta trabajando en equipo, cortando el viento e intercambiando posición de liderazgo regularmente.
“Sin la preparación deportiva, no hubiésemos avanzado como lo hicimos. No solo físicamente, sino en visualización, determinación y hasta para detectar señales de alarma”, reflexionó, Emma, quien prepara a un grupo de corredores de pruebas de trail (sendero).
“No pensábamos en otra cosa hasta que no completábamos determinado parcial. Los días duros intercambiábamos el liderazgo cada cinco kilómetros, pero si no íbamos bien, lo replanteábamos hasta terminar”, continuó.
El historial pedestre también aportó lo suyo. “Cada vez que salíamos a la ruta lo hacíamos con seriedad y respeto por toda la actividad, no estábamos para pedalear un rato”, complementó Fabio, quien destacó que “correr maratones te da un plus mental que te ayuda a conocer tus límites”.
Como gemelos
La formación deportiva, entonces, hizo que se conectaran y complementaran rápidamente.
“Pareció que éramos genéticamente gemelos, porque hasta para relajar el pedaleo o sentir cansancio éramos coincidentes”, destacó Abbá, meneando su cabeza, aún sin creerlo.
De este modo, por ejemplo, en una zona de Brasil recorrieron 600 kilómetros en cuatro días, a pesar de contar con viento en contra en plena zona eólica. Rodaron a un promedio de 20-21 kilómetros por hora, que mejoraba a 25-26 cuando no tenían corriente en contra y llegaba a 30 km/h cuando estaba de cola.
“El deporte nos prepara para avanzar a otro ritmo, para recuperarnos más rápido, para conocer nuestras fronteras y hasta para reconocer nuestro vigía, que determina si tomamos riesgos o no”, continuó el comunicador.
Por elección
Realizar semejante cruce en este medio de locomoción no es una opción que aparezca en las agencias de viaje. Para estos deportistas fue una decisión sustentada por un hábito.
“Cuando viajas en bicicleta, haces una elección. Elegís vivir el calor, la ruta, lo agreste, el contacto humano que implica que alguien vea tu esfuerzo físico y sepa que podés necesitar hidratarte o alimentarte”, reflexionó Ferretty.
“Te pone de cara a una forma distinta y tenes que elegir disfrutar de ese tránsito, aunque no sea cómodo. Nosotros lo hicimos todos esos días sin pensar en dejarlo y, de nuevo, la preparación física ayudó a que estemos mejor predispuestos”, amplió.
El desafío los puso en estado de disposición para resolver inconvenientes, disfrutar y exigirse, a la vez que acompañar al próximo en el tránsito. Y por eso resultó un viaje de pleno goce.
Semejante resultante deja latente las chances de nuevas travesías. Ya evalúan alguna cercana al Pacífico o a la zona Austral, hasta combinando más de una disciplina.
“Hasta conocer Las Malvinas sería un encanto”, cerró Abbá, vislumbrando un contacto con el archipiélago.
Lo que perdurará
En su obsesión por no quedarse sin agua, Emmanuel Ferretty y Fabio Abbá aprovecharon cada oportunidad para dialogar con los lugareños. Así, surgieron anécdotas perennes al paso del tiempo.
Juntos, a la par. Saliendo de Piriápolis, una camioneta todo terreno los igualó y, desde los asientos traseros, unos chicos les hicieron preguntas mientras su madre, al volante, asentía con una sonrisa.
“Explicábamos adónde están Paraná y Santa Fe y qué aspectos nos diferencian de otros argentinos. Los sorprendía que el túnel que nos une cruce por debajo del río y ellos se pusieron a buscar sus videos por Internet”, rememoró Fabio.
“¿Qué estás esperando?”. En Torres, a la salida de un supermercado, se encontraron con un muchacho a quien se le iluminó la cara al verlos. Les contó que tiene una bicicleta para viajar pero aún no se decide.
“Le dijimos a su novia: ‘Si acompañás algo que lo hace feliz, vos tendrás más felicidad’”, contó Emma.
“Guardadas”. Un anochecer, los ciclistas llegaron a Mendoza, un pueblito de Uruguay que tiene un templo religioso, una comisaría y unas 15 casas. Fueron la atracción de los vecinos, que se acercaron a charlar pero los policías, recelosos, les pidieron documentación y no querían dejarlos pernoctar. Al corroborar los datos, les ofrecieron ducharse.
Conclusión: Ferretty y Abbá durmieron en sus carpas y las bicicletas, bien seguras… ¡adentro de un calabozo!
Personalidades. Al pasar por Montevideo, los raidistas fueron recibidos por el embajador argentino, quien les asignó un hotel cuatro estrellas. Luego, en Florianópolis, el cónsul connacional los agasajó con una cena.
Futboleros. Emma y Fabio pudieron conocer el estadio Centenario de Montevideo. “Estaba todo cerrado, pero por suerte apareció una persona y nos abrió las puertas. Tuvimos a la sede del primer Mundial de fútbol toda para nosotros”, recordó, emocionado, Fabio.
El itinerario de la gira
Etapa 1 (730 kilómetros)
Día 1: Santa Fe – Villaguay (165K).
Día 2: Villaguay – Paysandú (140K)
Día 3: Paysandú – Trinidad (160K).
Día 4: Trinidad – Mendoza (165K), por Durazno.
Día 5: Mendoza – Montevideo (100K), por La Rambla hasta Pocitos.
Etapa 2 (455 kilómetros)
Día 6: Montevideo – Piriápolis (100K).
Día 7: Piriápolis – Punta del Este (70K), paso por Punta Ballena.
Día 8: Punta del Este – La Paloma (125K).
Día 9: La Paloma – Valizas (90K).
Día 10: Valizas – La Coronilla (70K).
Etapa 3 (660 kilómetros)
Día 11: La Coronilla – Curral Alto (150K).
Día 12: Curral Alto – Río Grande (130K).
Día 13: Río Grande – Tavares (130K).
Día 14: Tavares – Palmares do Sul (150K).
Día 15: Palmares do Sul – Capao da Canoa (100K).
Etapa 4 (585 kilómetros)
Día 16: Capao da Canoa – Torres (65K).
Día 17: Torres – Farol do Santa Marta (150K).
Día 18: Farol do Santa Marta – Guarda do Embaú (100K).
Día 19: Guarda do Embaú – Reserva Anhantomirim (85K).
Día 20: Anhantomirim – Camboriú (55K).
Día 21: Descanso (30 kilómetros de paseo por Camboriú).
Día 22: Camboriú – Campeche (100K).
Total: 2.430 kilómetros.





















