Arte y ciencia
¿Cómo se veía Paraná y la región hace 20 mil años atrás? ¿Y las formas de vida en el período cuaternario? Basado en el cruce entre conocimiento científico y arte, el paleoarte se propone reconstruir –a través de imágenes– un entorno geológico del pasado.
Carlos Marín
redaccion-er@miradorprovincial.com
Martina Charnelli, integrante de un grupo platense que trabaja actualmente en el Museo Antonio Serrano, de Paraná, comentó a MIRADOR ENTRE RÍOS aspectos de esta disciplina.
“¿Cómo se imaginan que era toda esta zona hace 12 mil años? ¿Y antes, hace un millón de años?” La pregunta que formula la guía a las delegaciones de escolares que visitan el Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas genera reacciones diversas. Desde el gesto de indiferencia hasta teorías desopilantes.
El ejercicio, habitual en el Museo Antonio Serrano, es un disparador con el cual se trata de despertar la curiosidad y el interés de los visitantes por un tema fascinante: las modificaciones ambientales acontecidas en el entorno ambiental a través del tiempo. El propósito es desnaturalizar en las personas la mirada enfocada en el presente y hacerlas viajar decenas de miles, incluso centenares de miles de años al pasado, para que comprendan que las cosas fueron muy distintas y que lo que hoy conocen como Paraná, Entre Ríos y la región fueron lugares muy distintos. Y de eso, en términos de la historia de nuestro planeta, no hace tanto. Apenas un suspiro.
Esa tarea docente –una de las que cumple como función el Museo y que tiene como soporte la tarea de arqueólogos, antropólogos, geólogos e investigadores de otras disciplinas– se verá potenciada en el futuro cercano al finalizar los trabajos que un grupo de paleoartistas de La Plata llevan adelante en las instalaciones del Museo provincial.
El grupo, que arribó a Paraná el 8 de enero, espera concluir en pocos días más su intervención en lo que será la futura sala de Paleontología del Antonio Serrano. Inaugurar ese espacio –que llevará el nombre “Pedro Scalabrini”, como reconocimiento al investigador– dará respuesta a un anhelo de larga data que comparte todo el personal de la institución. Se trata de un proyecto que comenzó a gestarse luego de 2012 y que tras años de gestiones y esperas, recién en 2018 tuvo un decidido impulso. Finalmente se materializó con el inicio de la ambientación de una espaciosa sala del centenario inmueble.
Trabajos
No es casual que el equipo de 15 paleoartistas desarrolle su labor en estos días, ya que si bien el Museo se encuentra cerrado al público, en estas semanas de receso se concretan trabajos en techos y otras áreas, además de tareas de mantenimiento en distintos espacios.
Al grupo de paleoartistas, este paréntesis en el ritmo habitual de actividades en el “Antonio Serrano”, le posibilita avanzar sin interrupciones ya que la dinámica planificada para terminar las obras en tiempo y forma exige ir contrarreloj. Para ello trabaja en intensas jornadas que se prolongan desde primeras horas de la mañana hasta el anochecer. No hay tiempo para distracciones ni interrupciones y el movimiento en el salón del Museo seleccionado para la intervención semeja al de un ballet. Asomarse a la sala es ver casi una estudiada coreografía en que los paleoartistas se mueven de acuerdo al rol y a la tarea asignada por Martina Charnelli.
Charnelli es Licenciada en Biología con orientación en Paleontología, por la Universidad Nacional de La Plata, y coordinadora del equipo.
Esta joven paleoartista, nacida en 1989 en General Madariaga (Buenos Aires), se formó con los más conocidos referentes del campo en el país y es fundadora de un taller de formación (el Curso de Ilustración Científica y Paleo Arte – CICPA en la Asociación Cultural La Alborada, en La Plata) y de Corion, una firma dedicada a comercializar productos vinculados a este campo.
Ha realizado intervenciones en el Museo de Ciencias Naturales “Tuyu Mapu”, de General Madariaga (Buenos Aires). Allí concretó un trabajo de 21 metros por cuatro con megafauna ubicado sobre una pared exterior del museo, sobre la avenida principal del pueblo. También concretó intervenciones para el Museo Paleontológico “Héctor Cabaza”, de Lamarque (Río Negro) y para el Museo de Ciencias Naturales “Lorenzo Scaglia”, de Mar del Plata.
Con gentileza, Charnelli aceptó la entrevista y explicó a MIRADOR ENTRE RÍOS qué es paleoarte, cuál es el objetivo de las tareas que realizan los paleoartistas y cuál el propósito de la intervención que llevan adelante en el museo de la capital de la provincia.
Origenes
–¿Cuál es la definición de paleoarte?
–Podemos definirlo sencillamente como cualquier técnica artística empleada para reconstruir animales, plantas y ambientes de tiempos geológicos pasados.
Es una tarea ciertamente compleja y desafiante, que implica conjugar el rigor de la exigencia que plantea por un lado el discurso y el método científico con la libertad que brinda el arte, por otro. Esto es así porque cuando se trata representar ambientes pasados, con fósiles por ejemplo, uno no se imagina cómo es el animal vivo, sino que trabaja a partir de restos que se han hallado, como huesos, cascarones, corteza. Es como armar un rompecabezas a partir de algunas piezas.
Para esto hay que hacer investigación. El paleoarte va de la mano de la paleontología, es decir, para poder realizar un trabajo paleoartístico, es necesario trabajar interdisciplinariamente, con el aporte de distintas disciplinas.
–¿Qué es lo que hace un paleoartista?
–En el caso del paleoarte lo más difundido –a partir de lo cual se comienza a trabajar– son los huesos que se encuentran. Como los dinosaurios, por ejemplo. En relación a vegetales sólo es posible trabajar a partir de registros que han quedado impresos en otros materiales, como huellas. Con esos indicios, el paleoartista se encarga de poner la parte blanda a esos restos, es decir la cobertura, músculos, piel, los órganos, ojos, lengua, encías; todo eso que por lo general escapa de la apariencia final, como pelo, pluma, escama; más color. Esto requiere mucha investigación y mucho conocimiento de lo que es el trabajo artístico de manera de poder reproducirlo ya sea en pintura, escultura, grabado, un modelo tridimensional. Para ello también hay que tener conocimiento científico para poder investigar todo lo que es la parte biológica de un organismo.
–¿Cuándo surge esta disciplina?
–Acaso los primeros científicos que comenzaron a trabajar este tema fueron los naturalistas, entre los siglos XVIII y XIX. En ese período hubo referentes en distintos campos del conocimiento que comenzaron a plantear las bases del paleoarte. También podemos viajar mucho más atrás en el tiempo y por ejemplo, si pensamos en el arte rupestre, por ejemplo, para quienes vivimos hoy, existe la posibilidad de considerar a esas imágenes, en alguna medida, como paleoarte, ya que nos permite reconstruir animales a partir de la información que tenían los seres humanos que las pintaron y que hicieron su interpretación en ese momento.
Claves
–¿Cuáles son técnicas específicas que emplea un paleoartista en su tarea?
–Lo más recomendable es la escultura. Porque la mayoría de los organismos, salvo contadas excepciones, son tridimensionales. Pero lo más común, lo más difundido, es que el paleoartista sea un ilustrador, ya que la publicación científica sale en formato papel. Aunque con las tecnologías más recientes es posible realizar una reconstrucción escultórica en 3D que puede concluir como imagen en la pantalla de un monitor.
Lo principal es interpretar los volúmenes. Tener muy claro la idea 3D. A partir de allí uno traslada esa producción y decide si la transfiere hacia escultura o la pasa a imagen en 2D. Esto va a depender de la finalidad del proyecto que esté en desarrollo.
En el caso de trabajar sobre un mural –como en este proyecto que llevamos adelante en el Museo Serrano– con temas más o menos conocidos, no hay tanto problema, porque hay ya una suerte de convención acerca de cómo lucen esos animales, cómo es su apariencia. No es esencial que concretemos un trabajo fino ni minucioso y exhaustivo de la anatomía, porque no se trata de casos recientemente descubiertos, sino de plasmar dinosaurios y mamíferos que se conocen bien. Pero en la parte tridimensional –que también tenemos en esta intervención– es necesario remitirse a la escultura, a los huesos, tomar medidas, sacar volúmenes. Con la tridimensión no podemos equivocarnos, no hay margen para el error.
Pongo un ejemplo de la complejidad de esto que planteamos. Si observamos el esqueleto de un perro y otro de un lobo, es probable que no se perciban tantas variaciones, pero externamente uno y otro son distintos. Esto nos obliga a ser tan rigurosos en los distintos aspectos.
Cierro la respuesta con un ejemplo acerca de la importancia de la rigurosidad y el cuidado en los detalles. Cuando recién empezaba en esto, una persona que vio mis primeros dibujos me felicitó por los “ositos” que había hecho. En realidad eran tigres dientes de sable. O al menos era lo que yo creía que había representado (risas). La observación me hizo repensar muchas cosas, tenía que investigar mucho más y ayudar al espectador a que entendiese lo que estaba viendo.
Equilibrio
–El paleoartista mantiene entonces un delicado equilibrio entre arte y ciencia
–Es así. Lo nuestro se ubica en un mundo intermedio entre dos lenguajes que son bastante disímiles: uno relativo a una ciencia como la biología, con datos específicos y con criterios muy rigurosos y estrictos para ser específico en lo que uno hace –en lo que no se puede “inventar”–; por otro, el arte, que es más espontáneo, más espiritual, mas laxo y flexible.
La persona que se involucra en esto tiene que tener un poco de ambas cosas. Los paleoartistas nos movemos en una tensión en un lenguaje estricto (ciencia) y otro más flexible (arte). Esto nos obliga a mantener un equilibrio.
Hay que ser muy específico, no se puede inventar. En ese sentido, nuestro trabajo debe resultar convincente, creíble, nuestra tarea debe acercarse a lo verosímil.
–¿Qué referentes podrías mencionar en relación al trabajo en Paleoarte?
–El primer referente es Carlos Papolio. Por lo que sé, fue la primera persona en Argentina que hizo paleoarte. El estudió Bellas Artes y se dedicó a investigar y trabajar en campo. La gran mayoría de libros que se encuentran en librerías sobre dinosaurios, los más completos, los ha realizado él. Es quien impulsó decididamente, en los 90, el paleoarte en la Argentina. Difundió mucho a través de publicaciones en Billiken y la revista Genios.
Quienes lo siguen, con un criterio cronológico, fueron Jorge Blanco y Jorge González.
Esta trilogía tiene renombre internacional y tiene muchísimo peso, son referentes que han trabajado en Parques Nacionales de nuestro país y el extranjero. A ellos y al paleontólogo Leopoldo Soilbelzon les debo en buena medida ser lo que hoy soy.
La intervención en el Museo Serrano
La intervención planteada por el equipo platense en el Museo Antonio Serrano involucra diez jornadas de trabajo intensivo. Concretamente se trata de realizar dos murales, uno de cinco metros por siete y otro de cinco por ocho. La intención es representar megafauna de distintos períodos geológicos y también dinosaurios.
A ello se suman un nido, huellas, huevos y una cabeza de dinosaurio.
Los trabajos son posibles gracias al aporte del Gobierno de Entre Ríos, que a través de diversos organismos, entre ellos la Secretaría de Turismo y Cultura y el propio museo, se hace cargo del transporte, alojamiento y alimentación del grupo que trabaja mientras realiza su intervención. También se brindó el material para llevar adelante la tarea. Por su parte el grupo coordinado por Martina Charnelli, realizará los trabajos sin costo, es decir que dona el costo de la mano de obra.
“En el taller CICPA veníamos con la idea de hacer piezas para donar a los museos y la verdad es que para nosotros esto es algo muy lindo, ya que desde nuestra primera visita a Paraná, en septiembre, junto a mi colega Juana Yáñez Seoane, quedamos enamoradas de este lugar”.





















