Fútbol femenino
Sofía Schell disfruta un gran presente en el fútbol grande de la Argentina siendo parte de la UAI Urquiza, último campeón. La crespense dialogó con Mirador Entre Ríos y repasó su vida ligada a la pelota. “Pasé frío y hambre. Hoy lo uso para recordar todos los obstáculos que tuve que eludir para estar donde estoy”, dijo.
Nicolás Piray
redacción-er@miradorprovincial.com
En el último tiempo afortunadamente ha cobrado fuerza el fútbol femenino en la sociedad argentina. Pero sigue siendo difícil la lucha de las chicas contra la discriminación y la estigmatización; y más en las pequeñas ciudades del interior del país. Y si es complicado ahora, imagínense en el 2000. ¿Por qué nos situamos en ese año? Porque hace casi dos décadas que un día cualquiera fue el comienzo de un gran cambio para Crespo, una sociedad cerrada y dura.
Sofía Schell nació el 5 de marzo de 1994 y es la más chica de una familia que hasta en ese entonces no respiraba fútbol. Pero desde que empezó a dar sus primeros pasos no le daba importancia a las muñecas o a los denominados “juegos de nenas”. A ella le interesaba otra cosa, la pelota.
Cuando tenía 5 años, su madre Cely la acompañó a una práctica de las divisiones infantiles de la Asociación Deportiva y Cultural. Allí inició todo. Hoy, Sofi es pilar fundamental de la defensa del equipo de Primera de la UAI Urquiza, que pelea en la máxima categoría de AFA por retener la corona que le ganaron a Boca en una final inolvidable la temporada pasada. Jugó tres Copas Libertadores: Colombia (2015), Uruguay (2016) y Brasil (2018). Vistió la camiseta de varios equipos y de la Selección Argentina. Pero la tuvo que pelear y mucho.
En sus pocos días de descanso visitó a su familia en la Capital Nacional de la Avicultura y dialogó en exclusiva con Mirador Entre Ríos, para hacer un repaso de su carrera.
“A partir de los 3 años tenía noción de lo que quería y lo que me gustaba. Obviamente no se lo podía transmitir a mis papás porque era muy chica. Pero siempre elegía una pelota antes que todo. Les robaba las cabezas de las muñecas a mis hermanas y jugaba al fútbol porque no tenía una pelota. Me metía en los entretiempos del campeonato libre que organizaba la escuela donde asistía y aunque no conociera a nadie jugaba. De a poquito se fue dando todo. Me llevaban a atletismo pero yo no quería, a la hora de ir a entrenar me iba a jugar al fútbol a la plaza. Luego surgió lo de Cultural por Gastón Rau, un vecino que me invitó. Cuando llegué hablé con el entrenador Fabián Demuth y recuerdo perfectamente que me dijo: ‘Si te la bancás, dale nomas’. Ese día entrené en alpargatas porque había ido así nomas y no tenía botines. Los chicos me recibieron de la mejor manera desde el primer instante y eso me ayudó demasiado. Yo cada vez que veo jugar a las chicas y escucho un comentario machista pienso en que si todos son como mis compañeros en ese entonces, todo sería más fácil”, contó Schell.
Picadito
–¿Cómo les dijiste a tus padres?
–Le dije a mi mamá y le costó. Mi viejo todo lo contrario, me empujó porque mi hermano que era el único hijo varón ni bola le daba al fútbol. Cely (madre) me acompañó obligada esa tarde, fuimos caminando. Sé que mi vieja no quería pero a la vez sí, porque me veía feliz cada vez que jugaba un picadito con los chicos del barrio. Ella fue convencida que en el club no me iban a dejar entrenar. Pero afortunadamente se equivocó (entre risas).
–¿Tu familia es futbolera?
–Nadie, ninguno ha jugado nunca. No sé si tiene una explicación mi postura. Me acuerdo que los sábados me levantaba muy temprano para ver la Premier League y especialmente los partidos del Manchester United cuando jugaba Gabi Heinze y me ponía loca pensando que era de Crespo.
–¿Fuiste la primera en Crespo?
–Sí, sí. Es lindo que me hablen y me agradezcan por ser la pionera. Creo que lo difícil no fue empezar sino mantener el convencimiento y las ganas a pesar de lo que todos pensaban. Por eso siempre trato de ayudar a las demás chicas a decirles que hagan lo que les guste, que se animen. Sé que cada vez hay más gurisas que se animan y eso me emociona. En Buenos Aires he visto modelos jugando al fútbol y me pone feliz, porque también pudieron salir de esa “vergüenza”.
Primeros pasos
En Cultural Sofía jugó desde los 6 hasta los 13 años donde llegó el momento que tuvo que dejar porque pasó a ser juvenil y en la Liga Paranaense no le permitieron competir más por el físico y el roce. “Siempre que puedo cuento esa experiencia. Cuando lo veo al Ruso (Fabián Demuth) me emociono, porque si él me hubiese dicho que no esa tarde, nada sería igual en mi vida. Entro a la cancha y recuerdo momentos con mis compañeros de la categoría '94 de Cultu. Pasé muchas cosas lindas jugando con mujeres, pero la enseñanza que tuve entrenando a la par de chicos me marcó mucho. Fue la mejor experiencia que tuve sin dudas, creo que eso me hizo ser lo que soy hoy. Nunca me discriminaron, nunca me dijeron nada. Cultural fue el mejor lugar donde pude haber caído”, afirmó.
Después de su paso por Cultural, a Sofi la reclutó un conocido DT para que siga haciendo lo que le gustó siempre. “Uno de los últimos partidos que jugué con varones fue contra Patronato por la Liga y ahí me vio Juan (Comas). Me invitó para sumarme a Las Vampiresas, eso me vino joya porque no sabía qué iba a hacer cuando no me dejen jugar más con chicos. Con ese equipo disputé los primeros Juegos Evita Provinciales que los ganamos de punta a punta y pasamos al Nacional de Mar del Plata, en el cual también fuimos campeonas”, recordó Schell.
La selección
El buen rendimiento en Mar del Plata la llevó a cumplir el sueño más rápido de lo que ella pensaba.“Después del Nacional estuve en la Preselección y esa fue la catapulta, el trampolín hacia el fútbol grande”, dijo. “Entrené dos años en el predio de AFA, fue un sueño. Tuve la oportunidad de ir al Sudamericano Sub 17 de Brasil dentro de la lista de 23 jugadoras teniendo 15 años, era la más chica. Fue la primera camiseta que llevó mi apellido y era nada más ni nada menos que la de la Selección Argentina, muy loco. Cada vez que ordeno el perchero donde tengo todas, miro las de la UAI y se me pone la piel de gallina; pero cuando llego a la última me explota el corazón de felicidad. Fue una experiencia única. Tengo la deuda de querer volver. Sé que estoy en un gran momento y tengo posibilidades, espero que se me dé”, agregó luego.
–¿Pensaste dejar el fútbol alguna vez?
–Sí, justo después del lindo momento en la Selección Argentina. Cuando tenía 15 años una de mis hermanas nos dejó y fue difícil levantarme de ese golpe. Empecé con problemas de salud, no tenía fuerzas para seguir. Estaba jugando en Douglas Haig (N.R: en el conjunto de Pergamino, Sofi estuvo nueve meses) y me volví porque necesitaba estar con mi familia en ese duro momento. Estuve un tiempo en Crespo analizando qué hacer, hasta que me convencí en continuar porque era lo que hubiese querido mi hermana Carolina. Me fui a Logia de Santa Fe, donde jugué aproximadamente un año.
Frío y hambre
Cuando estaba en Logia la vieron desde Unión de Santa Fe y con 18 años no dudó en vestir la casaca del Tatengue durante dos temporadas. “En Unión me fue muy bien en lo deportivo. Mi paso por ahí me permitió irme a la UAI”, expresó. Pero no todo es color de rosas dicen, y Sofía bien lo sabe porque la tuvo que luchar en situaciones difíciles: “En Santa Fe pasé frío y hambre. Nunca lo conté pero hoy de grande lo uso para recordar todos los obstáculos que tuve que eludir para estar donde estoy. Fue muy duro, vivía en un garaje en Santo Tomé y trabajaba en una casa donde entraba muy temprano. Salía, me tomaba un cole hasta Santa Fe para entrenar y trataba de quedarme el mayor tiempo posible ahí para picotear algo, porque sabía que llegaba a mi casa y no había nada. El club y la gente siempre me trataron de la mejor manera, es una institución enorme y me daba orgullo vestir esa camiseta. Pero lamentablemente no tienen los recursos necesarios, como la mayoría de los clubes que tienen fútbol femenino. Mis viejos obviamente nunca supieron, pero son cosas que me hicieron crecer personalmente dándome fuerzas. Justamente cuando jugué la última Copa Libertadores en Brasil recordaba esos momentos y agradecía haber aguantado todo eso”.
A Buenos Aires
–¿Cómo llegó la oportunidad de la UAI?
–Lo de la UAI Urquiza llegó por intermedio de Karen Venica, una de las grandes personas que conocí en el ambiente del fútbol y con quien compartí equipo en la Selección. Me comentó que necesitaban una volante y también me escribió Florencia Bonsegundo para que vaya a probarme. Entonces fui y estuve dos semanas de prueba practicando con las chicas. Fue muy duro, había mucha diferencia con respecto al nivel que había visto siempre. Cuando finalizó esa etapa estaba segura que no quedaba porque sostenía que me había ido muy mal. El último día me llamó Germán Portanova (DT) y me dijo que fui la mejor del grupo y me comunicó: “Tenés que venirte a vivir a Buenos Aires”. No me quedó otra, pero tampoco lo pensé mucho porque era por lo que había peleado desde chica. Fue todo muy rápido porque apenas llegué al club, me tuve que ir a jugar una Copa Libertadores a Colombia, no lo podía creer.
–¿El 2018 fue tu mejor año?
–Sí, sin dudas. Afortunadamente pude afianzarme en el equipo titular en una posición en la que nunca pensé jugar y hacerlo bien. Fuimos campeonas indiscutidas del torneo ganándole la final a Boca con lo que eso significa. Jugué otra Copa Libertadores que pude disfrutar pese al resultado y pese a haberla pasado mal con todo lo que nos hicieron desde la organización.
–¿Qué es la familia para vos?
–El pilar fundamental en mi vida. Cada vez que tengo un tiempito o vacaciones, no se me ocurre irme a otro lado que no sea a mi casa en Crespo para estar con ellos. Soy re familiera. Los extraño mucho estando allá. Son todo para mí. Siempre me apoyaron en los momentos más difíciles y disfrutaron conmigo los buenos. Cuando le ganamos a Boca la final del último campeonato lloraba porque los tenía ahí atrás del alambrado con una bandera para mí y no lo podía creer porque era un sueño. Mi viejo está re loco (entre risas), es incondicional, no se cansa. Hace hasta lo imposible por seguirme, es capaz de no dormir o no comer por varios días. En la Copa Libertadores de Manaos (Brasil) apareció en el hotel y me acompañó durante todo el torneo. Es hermoso tenerlos.
Mujeres
El año pasado fue especial para los movimientos feministas por todo lo que pasó y las movilizaciones de las diferentes agrupaciones. Cuando le preguntamos qué piensa y qué postura toma con respecto a ese tema, Sofi respondió: “Cuando llegué a Buenos Aires pensé que eran unas locas, tenía un pensamiento cerrado y no escuchaba ni leía nada. Hoy me siento muy mal por haber hecho eso. Entendí muchas cosas y las apoyo cada vez que puedo, obviamente hay cuestiones en las que estoy a favor y otras no tanto. Pero me intereso, me informo y leo. Con el equipo nos sentamos y hablamos muchas veces sobre esa temática, y nos llevó a apoyar la lucha desde nuestro lugar en el deporte. Me parece re lindo lo que está pasando porque siento que de a poco estamos consiguiendo la igualdad.
Objetivo
En cuanto a objetivos para el 2019, la crespense no titubeó: “Yo siempre me pongo metas tranquilas y paso a paso trato de cumplirlas. Pero este año quiero jugar el Mundial. Sé que estoy capacitada más allá de que no concuerdo en algunas cosas con el DT y eso creo que me lleva a no poder estar hoy. Me gustaría porque es un sueño. Es muy difícil porque obviamente el equipo ya está armado, pero no imposible. Estoy muy bien y entreno tan al máximo que entiendo que existen chances de tener otra oportunidad en la Selección”, afirmó.
“Soy consciente también de que todo llega a su debido tiempo. Quizás no es ahora y es más adelante, pero ese anhelo no me lo saca nadie. Además me gustaría irme a jugar afuera. Porque lamentablemente para ser profesional tenemos que irnos de Argentina. Esa cuestión se puede concretar porque hablamos con mi representante que me está ayudando mucho. Viajó a un destino apuntado para estudiar el lugar y la situación, y después veremos si se puede llegar a buen puerto. Yo estoy tranquila porque sé que estoy haciendo bien las cosas”, aseguró.





















