sábado, abril 25 2026

Entrevista a la directora del Ifise

Cristina Carrillo dirige el Instituto de Fisiología Experimental de Rosario (Ifise), y hoy vive en carne propia el hundimiento de una de las instituciones más respetadas y renombradas a nivel mundial. Dialogó con Mirador Provincial.

Ignacio Pellizzón
redaccion@miradorprovincial.com

El emblemático Bernardo Houssay dijo: “Un país pobre no se puede dar el lujo de no tener ciencia”. La dura frase refleja un poco la triste situación que vienen atravesando los investigadores del país desde hace dos años.

Sin los recursos necesarios para comprar insumos de vital importancia, la falta de pagos de subsidios, la ruptura de acuerdos bilaterales y el cierre de ingresos al Conicet están provocando que muchos jóvenes que se fueron a terminar su formación al exterior no quieran regresar, que cientos de proyectos queden truncos por falta de presupuesto, que no se puedan continuar con investigaciones de larga data. En síntesis: que el Conicet no pueda funcionar.

Estos son algunos de los temas que más preocupan y ocupan a la directora del Instituto de Fisiología Experimental de Rosario (Ifise), Cristina Carrillo, quien vive en carne propia el hundimiento de una de las instituciones más respetadas y renombradas a nivel mundial.

— ¿En qué estado se encuentran los proyectos de investigación del Conicet?
— Lo concreto es que por un lado, hace pocos días recibimos una comunicación telefónica para aquellos que tenían convenios bilaterales con otros países sobre que estos convenios no se iban a realizar. Personas que tenían que viajar a España, Italia, Francia y tenían sus pasajes comprados, les avisaron que no podían ir, porque no se los iban a pagar. No hubo comunicación oficial con respecto a esto. Básicamente el acuerdo bilateral permite que investigadores de Argentina puedan viajar al exterior con pasajes pagos por el Estado local y los viáticos sean sustentados por el país vecino para que puedan presentar sus investigaciones, desarrollarlas y demás y también a la inversa con los extranjeros. Estos convenios cesaron sin previo aviso con investigadores que estaban preparados para viajar y les avisaron por teléfono que no iban a poder ir. Esto pasa en institutos como el Ifir, el IBR, entre otros. No se están pagando los proyectos de diversas investigaciones, además de que los valores nunca se fueron actualizando en base al dólar y la inflación. En mi caso, por ejemplo, gané en 2015 una beca para investigar. En aquel año estábamos con un dólar a 9 pesos y todavía no se terminó de pagar la primera cuota. Estos son pequeños ejemplos que grafican cómo estamos.

— Sin la entrega de los subsidios, ¿cómo están llevando adelante sus investigaciones?
— Los que estamos dentro de los institutos del Conicet somos bastante solidarios entre todos y nos ayudamos. Solemos hacer “vaquita” para lograr subsistir entre todos, porque los institutos necesitan un presupuesto y todavía no tenemos presupuesto de 2018 por ejemplo, porque el de este año no fue aprobado para las diferentes unidades ejecutoras (son institutos del Conicet y hay 266 en el país). Estamos funcionando nominalmente a un 20% menos en pesos que el año pasado. Los que están en peores condiciones son los investigadores jóvenes que se encuentran en grupos que recién se están consolidando. Realmente están muy mal, porque el monto que reciben es muy inferior al resto. No podemos ni siquiera ponerlo en cifras, sobre todo con lo que pasó con el dólar. Perdimos la cuenta de cuánta plata no estamos recibiendo para investigar.

— ¿Para qué se utilizan los recursos destinados al Conicet?
— El dinero que el Estado entrega para investigar se destina, por ejemplo, para comprar insumos y bienes de capital como aparatos o máquinas costosas y sofisticadas para investigar que se traen del exterior y que no cuestan menos de 30 mil dólares, porque los que trabajamos en ciencias duras o biología, física, química, ciencias biomédicas requerimos de activos importados como anticuerpos, reactivos específicos. No sólo tenemos problemas de costos sino con la retención en la Aduana de estas herramientas que necesitamos para desarrollar nuestras investigaciones. Esta situación nos retrasa muchísimo.

— ¿Cuándo comenzaron a sentir el ajuste?
— El cambio abrupto lo empezamos a notar fuerte a partir de enero de 2016 cuando empezamos a ver que había muchos proyectos que no se iban a subvencionar más o que el presupuesto asignado no iba a alcanzar para nada. Lo que más fuerte se notó y salió a la luz son los ajustes sobre el Invap y Arsat, es lo más dogmático. Pero por supuesto fueron la punta de iceberg. Inclusive hay proyectos en los que se habían realizado convenios con privados en los que el Estado subsidiaba una porción y el resto lo hacía la empresa y lo que sucedió es que los investigadores quedaron muy mal parados con las firmas, porque los privados aportaron según lo acordado y el Estado no. Todos los años cada unidad ejecutora, es decir, cada instituto dentro del Conicet, eleva una suerte de presupuesto al Estado explicando el monto que necesita para funcionar (luz, gas, compras mínimas e indispensables). En 2016 habíamos pedido sobre el presupuesto del 2015 un aumento del 50% y nos dieron un 15% de incrementos. Para el 2017 pedimos un aumento del 50% y nos dieron otro del 15% y del 2017 al 2018 no nos dieron ninguno. Es decir que estamos trabajando este año con el del año pasado, pero con cuotas mensuales un 20% inferior. Con lo cual la disminución, considerando la inflación y el valor del dólar, supera el 70% en los últimos dos años (sin contar la última corrida bancaria). El recorte es tan abrupto que se paralizaron las obras que se venían desarrollando, no se pueden afrontar los gastos corrientes como luz, agua, gas.

— Entonces, ¿cuál es el rumbo del Conicet?
— Observo que Conicet es un barco sin timón, no hay capacidad de reactivación. Nosotros tuvimos ya dos reuniones con el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación y el director del Conicet a nivel nacional y ellos nos niegan la realidad de lo que estamos viviendo. Nos dicen que no es real el recorte, que hay un aumento en el presupuesto. No hay nuevos ingresos a carreras. Es más, abrieron ingresos para becas, pero lo que sucederá es que estos estudiantes nuevos a los cinco años terminarán sus becas y serán altamente eficientes, pero no tendrán espacio en el país para desarrollar absolutamente nada y se van a tener que ir de Argentina. Esto está generando una quinta fuga de cerebros.

— ¿Hay fuga de cerebros actualmente?
— Lo que se está notando es que los investigadores que están realizando algún tipo de posgrado fuera del país, intentan no regresar. Hasta 2015, las personas tenían otra perspectiva de trabajo, porque se podían terminar de formar afuera y regresar al país para trabajar. Esto no está pasando más. La gente joven se siente muy frustrada y estafada. El Conicet es una institución de larga data y muy importante, que tiene como objetivo impulsar la ciencia y la tecnología en el país, porque sin esto no hay soberanía. La ciencia no es cortoplacista, porque el producto finalizado de un proceso científico conlleva una ganancia en muchos aspectos para la nación. Los científicos argentinos son muy codiciados en el exterior. Por ejemplo, tenemos claros ejemplos de productos santafesinos de alta calidad como la doctora Raquel Chan, quien pudo producir una semilla que resiste todo tipo de estrés y fue fundamental para la industria agropecuaria; tenemos al doctor Gabriel Rabinovich que es muy reconocido por sus trabajos en la inmunología del cáncer que obtuvo resultados sorprendentes y generó enormes avances en estos estudios. Es decir, hay muchos ejemplos que reflejan la grandeza de nuestros investigadores.

Rumbo incierto
— De mantenerse esta situación, ¿qué cree que puede pasar con el Conicet y sus investigadores?

— De sostenerse esta situación directamente tenemos que cerrar las puertas e irnos a hacer otra cosa. Sinceramente lo que necesitamos es que se reaccione de alguna manera. Fuimos al Congreso a pedir que se sancione una ley de protección de la ciencia, que permita financiarla. Hoy hay una que tiene media sanción en el Senado, que promueve un aumento del 0,50 del PBI (lo que tenemos hoy) al 3% del PBI en 2030. Este proyecto sigue retenido en la comisión de presupuesto de la Cámara de Diputados y no se logra discutir aún. Es enorme lo que se destruye en poco tiempo y lamentablemente se va a tardar muchísimo en volver a genera un clima de trabajo medianamente adecuado. Estamos atravesando un momento realmente muy triste, porque encima quedamos horrible como país frente al mundo con la caída de estos acuerdos bilaterales que están tirando abajo. Es evidente que no les interesa, porque no tiene un rédito inmediato. Además, un plan de achique y de ajuste del Estado no es compatible con ningún proyecto científico, porque son dos cosas opuestas. Hay una ausencia absoluta del Estado.

— ¿La crisis es coyuntural o es política?
— Todos los países del mundo que apostaron a la ciencia destinando un porcentaje respetable de su PBI, han logrado avances realmente muy interesantes. Pero se trata de una política de Estado y de un modelo de nación que debe mantenerse durante mucho tiempo para que se puedan desarrollar los proyectos de investigación que han generado en el mundo cambios radicales y Argentina no está exenta, sino todo lo contrario, por eso nuestros investigadores son requeridos por el resto del mundo.

“Estamos atravesando un momento realmente muy triste, porque encima quedamos horrible como país frente al mundo con la caída de estos acuerdos bilaterales que están tirando abajo. Es evidente que no les interesa, porque no tiene un rédito inmediato”.

“Además, un plan de achique y de ajuste del Estado no es compatible con ningún proyecto científico, porque son dos cosas opuestas. Hay una ausencia absoluta del Estado”.

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