Sastre
Fueron 292 días de una guerra feroz entre el oficialismo y la oposición. Tras un escándalo que incluyó amenazas, agravios, denuncias, inhabilitaciones y multas, el pasado 6 de octubre hubo finalmente pipa de la paz.
Rodrigo Pretto
redaccion@miradorprovincial.com
Después de casi un año sin funcionar, el Concejo de la ciudad de Sastre volvió a poner primera. Pasaron casi 10 meses de una interna política feroz. Todo se desató el 10 de diciembre y la puja por la presidencia del recinto entre la oposición y el oficialismo llevó a que la actividad en la Sala “Raúl Cragnolino” quede paralizada casi 365 días. El pacto sellado entre ambos bandos le puso fin a la guerra el pasado 6 de octubre. En el medio se vivieron momentos tensos con cruces mediáticos, denuncias penales y amenazas. Los vecinos pasaron de la ira por la situación al hartazgo y la desconfianza. Con la tensa paz de por medio, algunos relojean el 2017 para salir por la puerta chica de la política local.
Fueron 292 días de momentos tensos y un enfrentamiento que parecía no tener fin. Desde aquel 10 de diciembre cuando todas las autoridades santafesinas electas en junio juraban y asumían a su cargo, en la cabecera del departamento San Martín se vivía un escándalo político nunca antes visto. La disputa por el máximo cargo del recinto fue tan fuerte que ese mismo día ningún edil electo pudo sentarse en la Sala “Raúl Cragnolino”. Y hasta a la propia intendente le tuvo que tomar juramento un concejal ante la presencia de una escribana para corroborar los procesos. Después de eso, los cruces, amenazas y denuncias penales que llevaron que la actividad quede freezada casi todo un año.
Una historia de película
En la calurosa tarde del jueves 10 de diciembre del 2015 la tensión se olfateaba en la atmósfera de una política sastrense que ya venía convulsionada desde el mes de marzo. La Sala “Raúl Cragnolino” era la antesala de la asunción de María del Carmen Amero de Brunazzo, intendenta electa por el Frente Progresista Cívico y Social que tenía que hacerse cargo del Ejecutivo tras 16 años de justicialismo en el poder.
La sesión en la cual debían asumir 3 concejales fue bochornosa. Por un lado la nueva oposición hasta ese día oficialismo encabezada por Matías Reccia (edil en funciones por FpV), Damián Galliano (concejal en funciones por el FPCyS pero enfrentado con la intendente) y Albino Moreno (funcionario electo por el Justicialismo que debía asumir a su banca). Del otro lado de la trinchera Oscar Cagliero (en funciones por el FPCyS), Susana Bruno y Edgardo Figueroa (electos por el FPCyS).
Insólitamente, a las 17 de ese jueves, el Concejo tenía dos presidentes. Por un lado, Cagliero se proclamaba como tal por ser quien estaba en funciones con mayor edad. Del otro, Moreno tomaba la palabra para dirigir la sesión por ser el concejal (hasta ahí sólo electo) más longevo, concepto bajo el cual se amparaba para ser la máxima autoridad en la Sala. Lo cierto es que el reglamento era confuso, se prestaba a la libre interpretación y el escándalo era cada vez mayor.
Los gritos predominaban en el universo. Las acusaciones e insultos sobrevolaban por todo el ambiente. Agravios, llantos y chicanas se adueñaban del clima. Incluso funcionarios que se despedían de su banca intercambiaban una acalorada discusión que llegó al límite de poner en duda si quien hasta ese día comandaba las sesiones y dejaba su lugar (Paola Lemos) había terminado su mandato o aún lo seguía ocupando. Y para completar una ecuación completamente bizarra, vecinos que estaban presentes tenían voz en plena reunión y se atrevían a un mano a mano con funcionarios.
El absurdo momento terminó en la nada misma. La reunión se levantó en medio de gritos, concejales que debían asumir no pudieron hacerlo ni se les tomó juramento. Y hasta los mismos ediles que dejaban su banca nunca fueron despedidos. La realidad marcaba que el Concejo había quedado acéfalo con sólo 3 personas en funciones.
El receso de verano pareció enfriar un poco el ambiente caldeado que vivía la política sastrense. El retorno de la actividad en el mes de marzo encontró nuevamente los tironeos en el seno del Concejo. Ambos grupos se negaban a ceder y en el punto caliente, el de la presidencia, no cabía discusión alguna.
El Ejecutivo mediante la intendente Amero intentó tomar la posta y elevó un pedido al gobierno provincial para que intervenga. Pasaron días, semanas, meses. Pero la respuesta nunca llegó. La Justicia había decidido quedar al margen y dejar que la solución salga de las manos de quienes habían generado el conflicto. Más adelante, agotadas todas las instancias y hasta las propias fuerzas de los concejales ante incansables reuniones, la oposición apostó a continuar el mismo camino. La negativa desde la máxima autoridad santafesina fue nuevamente contundente.
Más capítulos
Pero a la historia le faltaban capítulos, y quizás uno de los de mayor importancia. El oficialismo comenzó con una embestida direccionada a Moreno. Al concejal del PJ quien ya había ocupado una banca en ocasiones anteriores le descubrieron un pedido de quiebra del año 1979 que se tramita en el Juzgado de la 9º Nominación de Santa Fe. Bajo esa ala el FPCyS inició su operativo. Tras acciones impulsadas en la Justicia, determinaron que el edil estaba inhibido para asumir un cargo público y, por ende, sus aspiraciones a la presidencia se esfumaban por completo.
A lo largo de los meses de inactividad, el Frente que había sido denunciado en su momento por nombrar a una nueva secretaria del Concejo y hasta cambiar la cerradura del recinto para que nadie tenga acceso llamó a 6 reuniones para intentar motorizar una solución. La oposición nunca asistió y por falta de quórum, la actividad nunca se retomó. El entramado político era claro: si se hacían presentes daban el brazo a torcer y caían sus argumentos.
Ante la negativa, desde el oficialismo se amenazó con ir a buscar a los diferentes funcionarios con la fuerza pública y hasta fijaron una multa de .000 por cada ausencia (el monto total era de 0.000 a Reccia y Galliano. Moreno nunca había asumido y no le cabía sanción).
Un fallo que marcó el quiebre
El pasado 12 de septiembre marcó el quiebre en el alocado mundo político de la cabecera del departamento. Ese mismo día, la Cámara de lo Contencioso Administrativo le bajó el pulgar a Moreno y dictaminó que no existían razones por las cuales el concejal justicialista debía sentarse en el sillón de la presidencia de la Sala “Raúl Cragnolino”. A pesar que el fallo no ratificaba a Cagliero como máxima autoridad, de cierto modo inclinó la balanza en su favor.
Por eso, una vez hecha pública la sentencia, la oposición aceptó la decisión y se acogió a lo que en su momento pregonaba acatarían el resultado de la Cámara. Con la mesa servida a su merced, el edil del FPCyS firmó un pacto confidencial con Reccia la voz cantante de la oposición para ponerle punto final al conflicto y llevar a Cagliero a la presidencia del Concejo.
Pacto y fumata blanca
La Cámara de lo Contencioso Administrativo fue, por así decirlo, quien acercó a las partes. Obligados, por necesidad o cansancio, Cagliero y Reccia firmaron un “pacto confidencial” y le dieron marcha al Concejo. Cinco fueron los puntos claves del acuerdo. Con Moreno inhibido para asumir a su banca, la oposición cedió en la puja por la presidencia y le dio el gusto al FPCyS. Además, levantó las denuncias que había llevado a la Justicia contra la Municipalidad y ediles con quienes mantenían diferencias.
A cambio, el oficialismo le entregó la vicepresidencia un cargo con el cual también pretendía quedarse, perdonó las multas impuestas en su momento a los funcionarios por ausentarse a las convocatorias y le otorgó a Moreno un plazo de gracia de 60 días para que levante la quiebra en su contra. Caso contrario su banca será ocupada por Eva Lucero, quien fuera la número dos en su lista.
Sueldos y donaciones
Hasta el pasado 6 de octubre, fueron 3 los concejales que se encontraban en funciones. A pesar de no estar en actividad por la paralización del Concejo, los ediles no recibieron su dieta sueldos aunque una vez finalizado el conflicto la totalidad de los meses no cobrados deben ser depositados.
Cagliero ya anunció que todo lo que reciba por los meses no trabajados entre marzo y septiembre inclusive la cifra supera los 0.000 lo donará a una institución de la ciudad. La misma suerte correrían los montos depositados en la cuenta de Reccia, aunque el concejal primero exigió al Municipio que abone las deudas que posee no sólo con ellos sino también con funcionarios que dejaron su cargo el 10 de diciembre y, asegura, continúan sin recibir los aportes de noviembre y diciembre 2015.
Un capítulo que anticipó el final
Quizás haya que rebobinar la cinta de esta increíble historia para entender el foco del conflicto. Transcurría el mes de marzo de 2015 cuando una denuncia en el corazón del Concejo sacudió Sastre. A la actual intendenta en ese momento concejal la suspendieron de su banca por 60 días tras una acusación impulsada de forma unánime por los ediles de aquel momento por falsificación de firmas de sus compañeros de bloque en un proyecto de resolución. Las irregularidades desembarcaron en una denuncia penal en su contra.
Sin embargo, 2 meses más tarde Amero retomó su banca. En junio se candidateó para intendente en las elecciones y se quedó con los comicios por una abultada diferencia ante su contrincante. Conseguido el logro, la flamante jefa del Ejecutivo decidió renunciar a su banca y su lugar lo ocupó Cagliero, quien también había conseguido una victoria en dichos comicios pero que en 2013 ocupaba el segundo lugar en la lista de Amero.
Con todo definido, sólo había que esperar que llegue el momento de cambio de gestión para que la guerra política explote.
Una lucha demasiado cara para el Municipio
La guerra terminó siendo demasiado costosa. No sólo en lo político con funcionarios completamente manchados por la situación, sino desde lo económico para el Ejecutivo. Es que la gestión de Amero funcionó a los largo de todo el 2016 con el Presupuesto del año anterior. Las partidas asignadas por el ex intendente no se pudieron modificar. Es más, tampoco hubo una Reforma Trbutaria en el medio que, con el avance inflacionario, dejó un gran desfasaje impositivo que le negó a las arcas públicas el ingreso de un mayor caudal monetario.
El anuncio de “reconciliación” entre el oficialismo y la oposición trajo aparejada la prioridad que le darían en las primeras sesiones del año a los proyectos económicos del Ejecutivo para darle un poco de oxígeno a la caja. Pero nada de eso ocurrió. En el primer encuentro se tiró por el piso esa línea y directamente se barajó una nueva propuesta: esperar que en el mes de noviembre el Municipio gire los proyectos para el próximo año y darle tratamiento. Por eso, cuando el 2016 diga chau, la gestión de Amero habrá funcionado bajo una economía por debajo de los niveles planificados.



















