Los narcos disputan territorio
Tras la detención de Machuca, la banda de los Monos quedó desarticulada. Pero la violencia ligada a los grupos narco no se detiene.
Germán de los Santos
gsantos@miradorprovincial.com
Ramón Machuca, alias Monchi, fue atrapado en el barrio de Flores, en Buenos Aires por la Policía Federal, después de estar prófugo durante tres años. Un día después fue trasladado a Rosario, y empezó a desfilar por los tribunales provinciales, donde por ahora enfrenta dos causas: una por asociación ilícita y otra por el homicidio de Lourdes Cantero, una chica de 14 años que fue asesinada luego de que Los Monos decidieran disparar, con la venia de un policía de Drogas Peligrosas, contra un búnker que competía con ellos.
A pesar de que la caída de Monchi significó un duro golpe para esta organización narcocriminal que provocó mucho daño en Rosario, la detención dejó un sabor amargo a las autoridades del Ministerio de Seguridad de Santa Fe. El ministro Maximiliano Pullaro había incrementado la presión sobre la policía para que lograra atraparlo. Estuvieron cerca, dicen. Sin embargo, cada hecho es interpretado en un prisma de especulaciones políticas permanentes. Pero las conspiraciones sólo habitan los despachos. La realidad está muy lejos.
Ni bien llegó a Rosario, Machuca le pidió a su abogado Fausto Yrure que trasladara a la jueza Alejandra Rodenas una solicitud para que lo saquen del área restringida de la cárcel de Piñero y lo pasen al pabellón 7, donde están los 21 miembros de la banda. En el Servicio Penitenciario no quieren que estén todos juntos. Ya demostraron que la convivencia del clan los regenera. Se comprobó en dos oportunidades que desde la prisión podían seguir manejando el negocio de la droga, como se confirmó en el operativo de la justicia federal de noviembre pasado denominado Los Patrones.
Pero ahora los Cantero ya no manejan la red de búnkeres en la zona sur que le garantizaban a este grupo una entrada líquida y permanente de dinero, que luego reinvertían en autos y propiedades. Sufrieron además un duro golpe en sus finanzas. La justicia de Santa Fe decomisó en abril pasado a Los Monos unos 55 vehículos y siete propiedades, entre ellas una mansión y un haras en la localidad de Peréz. También les quitaron cinco chapas de taxis que estaban en poder de las mujeres de Machuca y Guille Cantero.
Ocupar espacios
No sólo Los Monos perdieron el control de la red de búnkeres, sino también otra fuente de ingresos muy importante: desde que surgieron a fines de los ‘90 en La Granada, Los Monos ofrecían “protección” en el universo narco a cambio de dinero y droga. Ahora esa veta también se cerró. El poder de fuego, con decenas de soldaditos, y la violencia extrema que mostraban sin dudar, convencían a otros narcos para sellar pactos de convivencia. “El que pretendía vender droga en Rosario tenía que pagar a Los Monos”, contó uno de los investigadores.
El espacio vacío que empezaron a dejar Los Monos desde los últimos tres años no liberó a Rosario de la violencia. Cada lugar, cada espacio dentro de ese mapa difuso del narcotráfico en la ciudad muta en todo momento. Y esas fluctuaciones geográficas se vislumbran a través de los asesinatos. Porque las fronteras se delimitan a balazos desde hace tiempo. Entre 2008 y 2015, según cifras oficiales del Ministerio de Seguridad de la Nación, crecieron un 50 por ciento los crímenes en la ciudad.
“Hay un reacomodamiento del gerenciamiento narco y en los barrios hay una interna desesperada entre bandas que tienen armas y drogas. Y se matan para ver quién queda y manda”, graficó el diputado provincial Carlos Del Frade, quien investiga desde el periodismo el fenómeno narco hace más de una década.
Barras y drogas
El martes 7 a la tarde, mientras Monchi conocía las instalaciones de la cárcel de Piñero, fue asesinado en la puerta Nº 6 de la cancha de Newell’s, Hernán Matías Franchetti, quien desde hace un tiempo ocupaba una posición de liderazgo dentro de la estructura de la hinchada leprosa.
La fiscal Marisol Fabro planteó como hipótesis del homicidio que se trata de “una disputa que estaría relacionada con la barra brava y que está directamente vinculada al narcotráfico”. Lo mismo se sospecha de los otros dos barras de Rosario Central asesinados en las últimas tres semanas, como Julio Navarro, alias Cara de goma, y Mario Visconti. Los puntos de contacto entre estos tres asesinatos tienen que ver con la venta de droga en las zonas norte y oeste de la ciudad, donde desde hace por lo menos dos meses se libra una batalla por quién domina el territorio.
A Cuatrero Franchetti lo habían amenazado a través de las redes sociales. En realidad un grupo contrario, que se investiga, anticipó su final. “Traidor como vos no hay ninguno. Ahora vamos por vos, careta”, escribieron en el perfil de Facebook “Los pibes sin calma”. Esas advertencias se cumplieron el martes a las 16.30, cuando fue acribillado de 9 balazos en la puerta de uno de los accesos al estadio Marcelo Bielsa. Luego, la policía detuvo a cinco sospechosos. Pero quienes presagiaron su muerte publicaron en ese mismo perfil unos minutos después de su fallecimiento una foto del cadáver con la leyenda: “Finado de visitante, por gil robado y por boca floja. El que avisa no traiciona”.
Franchetti tenía 23 años pero un largo prontuario, incluso en el extranjero. En marzo de 2012 cayó preso en Lisboa, junto con parte de una banda narco que ejecutó uno de los mayores contrabandos de la historia de cocaína a Europa, un caso que se conoció como Carbón Blanco.
Cuatrero conoció Portugal gracias a Patricio Gorosito, quien fue condenado en setiembre pasado en Resistencia a 19 años de prisión, junto con otros cuatro miembros de la organización, entre ellos el abogado Carlos Salvatore. Este joven rosarino era el encargado en Lisboa de bajar las bolsas de carbón vegetal de los contenedores con doble costura que provenían de Quitilipi, Chaco.
Franchetti volvió a Rosario a su núcleo de siempre, ligado a los negocios turbios en torno a la barra brava de Newell’s, donde ascendió en la estructura de la hinchada después que ese espacio de liderazgo quedara vacante tras la detención de Diego Panadero Ochoa en 2013 por el crimen de Roberto Pimpi Caminos.
Pedido de renuncia
El diputado provincial del PRO, Rodrigo López Molina presentó un pedido de informe ante el error admitido por el titular de Asuntos Penitenciarios de la provincia, Pablo Cococcioni, de haber trasladado a Ramón Ezequiel Machuca, alias Monchi, a la misma celda que el resto de los integrantes de la banda Los Monos. El legislador solicitó la renuncia del funcionario.


















