Mundial de Qatar
El Mundial y una opinión sobre la intensidad con el que lo palpitamos. La vida y el fútbol, una misma metáfora.
EZEQUIEL RE
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Los Mundiales son especiales. Es como reafirmar votos en un matrimonio romántico. De los que van contando los años felices y superando alguna tristeza. Y el Mundial es eso para mí. Es pasar por la tele que alguna vez fue blanco y negro hasta el living ya cincuentón y en la soledad (por cábala) de un partido de la Selección que se sufre, se palpita y saca lo más frío de uno para calentarlo a fuego lento.
El Mundial me da vida, me enceguece probablemente. Para algunos un debate que para mi es insulso. “Si los argentinos seríamos así con los políticos, unidos y enfervorizados, otra sería la realidad”. Mirá que un gol de Messi va a cambiar la historia de un país. Mirá que un gol de Enzo Fernández va a poner fin a un malestar social porque la plata no alcanza.
Si sería así nombro a Scaloni, ministro plenipotenciario. Los políticos tienen, cuando ocupan cargos, miles de chances para cambiar el rumbo. Scaloni, en fútbol, apenas 90 minutos en una primera fase de 3 partidos, de los cuáles se preparó un poco más de 4 años.
No se compara. Pero alejen esa sensación que los argentinos solamente se unen por el fútbol. Y si es así, probablemente es porque en la Selección Argentina creen.
En primera persona, nos atamos a una ilusión que depende de nosotros. Si nosotros alentamos y ellos juegan. Pero perder es parte del juego. Y también hay que prepararse para esa situación.
Tal cuál las cosas disfruten del momento. Del día domingo. Abracen a la vieja, díganle te amo a sus hijos o pareja, abran las ventanas, respiren y rían. Sean felices con la herramienta que puedan. Y miren la Selección. Porque un día podrán jugar bien, otros mas o menos. Pero siempre te muestran el camino de los sueños. Y lleven ese camino al propio. Aunque no sea de fútbol. Aprendiendo de los errores y cambiando a tiempo como la Selección ayer ante México.
Enzo estaba en River, se tuvo que ir a Defensa. Se hizo más jugador y volvió al Millo. De ahí la Selección y Benfica de Portugal. Enzo pudo bajar los brazos, pero vio en Florencio Varela la oportunidad de crecer como jugador. A veces dar un paso hacia atrás no significa decaer, sino tomar envión con lo que viene.
No es fácil estar en la Selección. La presión come mentalidades y hace flaquear las piernas. Alentar es nuestra parte en el juego. Y no lo podemos hacer mal, porque seríamos parte de la derrota.
Es domingo, hace calor y hoy festejamos los 90 de la Tía Belkis. Eso me hace feliz, tanto como el Mundial y la Selección Argentina. Un viaje eterno y cuyo pasaporte renovamos cada 4 años.




















