Fútbol, campo y vida
Joaquín Barolín dejó de ser un desconocido en el Mundo Patronato, que desde los trece años buscó tenerlo en sus filas, para disfrutar del presente siendo goleador de la Reserva. Además se profesionaliza en la Educación Física y disfruta de los fin de semana libre arriba de un tractor en La Paz.
Gabriel Obelar
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Los resultados no acompañaron a la Reserva de Patronato en la Copa de la Liga, aunque fueron los rendimientos individuales quiénes pudieron destacarse en diferentes partidos. Uno de los destacados fue Joaquín Barolín, el joven delantero de 19 años recién cumplidos que no solo convirtió su primer grito en la División, sino que terminó siendo el goleador del Rojinegro en el primer semestre.
El joven paceño, de un semblante simple, alegre a la hora de interactuar, busca y quiere más, esperando usar en algún momento la camiseta N°19 que espera guardada hasta que llegue el momento: “Estoy muy contento porque se me pudo abrir el arco, lo que me faltaba para ganar la titularidad. Jugué, tuve continuidad y pude marcar goles para ayudar al equipo”, le contó el nueve de Graciani a Mirador Entre Ríos en un mano a mano.
En un banco del predio La Capillita, a centímetros de su habitad natural como el césped del campo de juego, y de su presa, el arco, ‘Baro’ continuó hablando de su presente: “Me sentí bien, me faltaron corregir cosas, llegó el gol, pero falta corregir pases y demás cuestiones. Lo mejor fue terminar como goleador”.
“Siempre busqué ser el goleador del equipo, porque estoy para eso, pero lo más importante es que pude ayudar al plantel. Además de la felicidad de mi familia”, sentenció el paceño, aludiendo al apoyo de su círculo íntimo, que no se perdió ningún partido en Paraná.
Trabajó su llegada
Patronato y Barolín desde hace un largo tiempo se cruzaron, fue uno de los deseos de Oscar Regenhardt y Abel Almada cuando Joaquín aún rompía redes en Caballú, club de La Paz, donde tocó sus primeras pelotas el delantero que, en sus inicios, fue arquero.
“Llegué a través del Torneo La Capillita, donde vine a jugar con Caballú de La Paz en el 2015, ese año salimos campeones dejando afuera a Patronato, al año siguiente volvimos, todavía estaba Abel Almada (mano derecha de Regenhardt), que quería que jugué acá, habló con mis padres, pero ellos no querían saber nada que venga a vivir solo con 13 años acá”, confesó.
“Después de fui a Córdoba una semana con Patronato, volvieron hablar con mis papas y la respuesta siguió siendo la misma. En 2017 jugué con la Selección de La Paz contra Patronato, otra vez me llamaron, pero ya estaba desistiendo del no de mis viejos, hasta que en 2018, en Octubre me tocó jugar nuevamente con la Selección de La Paz, me contactaron otra vez y la quinta fue la vencida. Hice dos pruebas en Patrón y en 2019 ya estaba acá”, sentenció.
El quinto llamado fue clave, aunque la decisión personal ya estuviese tomada: “Yo había desistido ya, estaba decidido a venirme a Paraná y a Patronato, más allá de si mis papás querían que venga o no. Estaba jugando al Voley también en mi pueblo además del fútbol, y un día me dijeron que me iban a dejar venir, yo pensaba ‘están locos, me dijeron una cosa y ahora otra’, pero salté de alegría y gracias a Dios salió todo bien”.
Adaptación
De un pueblo en La Paz, al microcentro de la ciudad de Paraná, el cambio fue rotundo en varios aspectos para Barolín, que si bien no estuvo solo en sus primeros meses en la capital entrerriana, no fue sencillo desprenderse de lo que ya era costumbre para él.
“Fue brusco el cambio, desde lo deportivo y personal”, contempló el delantero; “de entrenar una o dos veces por semana, a practicar todos los días y de pretemporada en Enero, casi me morí. Después, ese año se hicieron los carnet para jugar, no me llegaba y recién a finales de Mayo me llegó el carnet de AFA, casi me vuelvo, pero fueron mis padres quiénes me insistieron en quedarme y el 18 de Mayo jugué mi primer partido”, dijo.
“No extrañé tanto, primero porque el primer año estuve viviendo con mis hermanas que estudiaban acá, después porque sabía que este era mi sueño, estaba preparado para afrontar estos cambios. Ahora, después de la pandemia, convivo con un compañero, pero ya más grande”.
Pero como se dice de forma habitual, no todo es fútbol, al menos para Joaquín, que además de buscar su sueño, se profesionaliza, agarra las carpetas y busca un título: “Es una decisión familiar y propia también, estoy estudiando profesorado de Educación Física, porque sé que el fútbol es complicado, llega uno de tantos chicos, es un plan B por si no se da lo del fútbol”.
Su lugar en el mundo
Las líneas de cal, con dos arcos y la N°5 no son el único lugar en el mundo donde ‘Baro’ es feliz, sino que, en las lejanías de la gran ciudad, lejos del ruido de los autos, en el campo de su familia, aprovecha cada fin de semana que tiene libre para subirse al tractor o trabajar en su otra pasión.
“Cuando puedo me doy una escapada al campo, me subo al tractor como lo estuve todas las vacaciones”, contó y lanzó: “El campo es lo mejor que hay, hay paz, tranquilidad. Me relajo mucho cuando voy al campo, hacer lo que sea. Me voy del centro de la ciudad al campo y es otro mundo. Toda la vida viví en el campo con mi padre, así que sé todo lo que te imagines, porque él me lo inculcó”.
Sobre la trilladora, a la cuál recurre en tiempos libres, expresó: “Arriba del tractor me olvido de todo, me concentro en lo que hay que hacer, es algo que me encanta, es otra de las grandes pasiones que compartimos con mi papá. Me despejo de todo, como cuando entro a una cancha, que me olvido de todo”.
Ante la duda de porque no estudió algo relacionado al campo, fue contundente: “Para estudiar en el campo es ingeniero agrónomo y es complicado, primero porque no me gusta mucho estudiar, por eso elegí educación física que son cuatro años, intercambiando hojas con actividades físicas y se me hace más fácil. Además me gusta estar con los chicos, es decir, el enseñar, compartir valores y la docencia”.
Sueño y metas
“El sueño está siempre, jugar en Primera, poder ayudar a tus papás y vivir de lo que te gusta”, indicó el paceño sobre objetivos y anhelos, a lo que agregó: “Vivir del fútbol es una de las cosas más lindas que hay, porque es hacer lo que te gusta”.
“De chiquito siempre quise ser jugador de fútbol, poder llegar a River, algún grande o Patronato, pero después como mis papás no querían tanto, fui pensando en otras cosas, pero cuando quedé en Patronato, me mentalicé que quería debutar y tener el contrato profesional”, contó el delantero que trata de imitar a Rafael Santos Borré: “Me gusta la forma de presionar, de atacar, de siempre estar y sacrificarse. Intento copiar eso, creo que trato de imitar mucho la presión, de estar ahí y puede ser lo más similar que tengo con él”, cerró.



















