Gualeguaychú
Desde la Asociación Síndrome de Down se dicta el taller de teatro. Las clases están a cargo de la profesora Florencia Jara y se llevan adelante en la Sala Sinergia Teatral. “Queremos que se puedan desenvolver no sólo arriba de un escenario sino también que les sirva para su cotidianeidad”, expresó.
José Prinsich
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Ante la monotonía del día a día y la urgencia de lo inmediato, el teatro aparece como una excelente opción para contrarrestar esa rutina. Son las tablas del escenario las que nos permiten desenchufarnos de las preocupaciones y conectarnos con nosotros mismos.
Cada vez las luces se encienden y el telón se corre, la imaginación se despliega por los aires, posibilitando un sinfín de beneficios para quienes deseen sumarse a las artes escénicas desde elevar la autoestima y las formas de comunicación hasta interpretar diversos personajes y viajar por mundos anhelados. Eso fue exactamente lo que se propuso la Asociación Síndrome de Down de Gualeguaychú cuando tomó la decisión de incorporar el taller de teatro como proyecto institucional.
Como bien señalaba Paulo Freire, reconocido pedagogo y educador brasileño, “enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción”. Así lo entiende y lo manifiesta Florencia Jara, la profesora que actualmente está a cargo de las clases de teatro. Las mismas se dictan los viernes en la Sala Sinergia Teatral, ubicada en calle Alem 367.
“Queremos que se puedan desenvolver no sólo arriba de un escenario sino también que les sirva para su cotidianeidad y que puedan expresar con palabras lo que a ellos les sucede. La idea es brindarles herramientas para que ellos puedan apropiárselas, siempre pensando desde el desarrollo de cada individuo, tratando de potenciarlos en las cosas que a ellos les va bien o en las que se les hace más sencillo. Buscamos potenciar a cada individuo desde el lenguaje del teatro. Esa es mi función dentro del grupo”, expresó la docente en diálogo con Mirador Entre Ríos.
Un viernes distinto
Cada vez que Flor arriba a la sala, no faltan los abrazos, las sonrisas y el buen humor. Las ganas de actuar, de bailar y de expresarse están a flor de piel todo el tiempo. La predisposición para llevar adelante cada actividad es total y la creatividad sale a la luz inmediatamente. Las muestras de afecto generan un clima de amistad, respeto y solidaridad, donde todos aportan desde sus respectivos lugares.
Este año, el foco estará puesto en la oralidad. La voz, esa herramienta clave para comunicarse, será la columna vertebral de las puestas en escena y la que permitirá el vínculo con sus pares, amigos, familiares y hasta con los mismos espectadores, permitiendo una mayor inclusión social. A las clases asisten unas 14 personas, de las cuales la mayoría ya son adultos, mientras que un porcentaje menor son adolescentes.
La egresada de la Universidad Autónoma de Entre Ríos dejó en claro que “la idea de hacer teatro en Sinergia tiene que ver con acercar el teatro a todas las personas. Ahora estamos trabajando específicamente el lenguaje y la expresión desde lo oral. Las personas que tienen síndrome de down casi siempre están desarrollados desde lo motriz, a parte disfrutan mucho el movimiento y bailar, pero desde la oralidad a veces se dificulta un poco más. Entonces trabajamos la proyección de la voz y el discurso oral. La idea es que, a fin de año, todos se animen a hablar en público y no que siempre hable la misma persona. Ese es nuestro desafío de que todos puedan manifestar sus emociones y deseos desde la oralidad”.
La diversidad de actividades y propuestas planeadas desde el taller hacen al disfrute del mismo. Las clases están estructuradas, generalmente, en tres partes. En una primera instancia, se trabaja la movilidad del cuerpo, ya sea en el lugar o por el espacio. Seguidamente, se pasa a interactuar mediante la palabra. La utilización de tarjetas ilustrativas o la implementación de personajes de cuentos son algunos de los recursos empleados. Finalmente, para materializar todo lo anterior, se procede a la dramatización de las escenas. Los alumnos suelen armar historias para ser representadas frente a sus compañeros.
“En los espacios donde habito, siempre pienso en poder sembrar algo y que eso dará sus frutos. Los chicos con síndrome de down son muy afectivos. Demuestran todo desde el cariño. Son tan corporales que yo llego los viernes y me abrazan fuerte, que te juro que te llenan el alma. Esto es un respiro, una caricia. Ellos me dicen ‘seño te amo’, ‘que linda que estás hoy’ o ‘que lindo que está el día’. Es decir, tienen toda esa energía y no tienen prejuicio. Tienen esa cosa que tienen los niños como de frescura. Esa es una de las características que más me atrae. Desde lo afectivo, es un ida y vuelta. Es más lo que me dan ellos que lo que yo pueda aportarles. Soy una privilegiada de poder estar ahí”, reconoció la oriunda de la ciudad de los carnavales.
En este sentido, Jara manifestó que “cuando arranqué a estudiar teatro, mi idea siempre fue tirarme a esta rama del teatro. Estoy contenta por la convocatoria. Si hay algo que creo es en la creación colectiva y que nadie se salva solo. No es solo dar herramientas sino también es todo lo que recibo desde el otro lado, desde ellos y los directivos. Para mí, es un aprendizaje día a día. Yo, en lo particular, no estudie nada que tenga que ver con la educación especial. Lo mío fue trabajo de campo. Fui aprendiendo de otros profesores de teatro. Yo soy gracias a otros y otras que han aportado y creído en mí”.
Finalmente, Florencia destacó el trabajo de la asociación y enfatizó que “la idea también es poder trabajar con las otras profesoras de las diferentes áreas. Esta ONG tiene muchos proyectos para este año. Vamos a tener una pijamada y un día en el que vamos a compartir en el parque. Toda la energía del nuevo staff está puesta en el trabajo colectivo y en visibilizar este espacio. Además, para que la gente colabore con la misma.




















