Historias de Victoria
La ciudad de Victoria se fundó principalmente bajo el brazo de seres prodigiosos que supieron transformar una pequeña villa en uno de los principales focos productivos de la Argentina a mediados del siglo XIX y principios del XX. He aquí un breve relato de uno de ellos.
Ignacio Etchart
redaccion-er@miradorprovincial.com
La historia siempre recopila aconteceres coyunturales, grandes anécdotas que a la distancia que el tiempo provee parecen ser hechos determinantes en la constitución de un relato. Pues, en definitiva, eso es la historia: un simple relato. Y la fundación de la ciudad de Victoria no es ajena a este fenómeno narrativo.
Y como en todo relato existen buenos y malos, pero sobre todo existen destacados y olvidados, este texto se propone rescatar a uno de los segundos.
Antes de comenzar se debe subrayar el detallado y profundo trabajo realizado por historiadores de la localidad, cuyas investigaciones son publicadas en la página de Facebook “Historias de Victoria” y que son la fuente de este escrito.
El pasado, desde el hoy
En el Quinto Cuartel de Victoria, zona antes conocida como El Barrio de las Caleras, existe una calle de singular importancia que cruza frente a la Capilla San Benito con dirección a la escuela “Florentino Ameghino”, para luego desdibujarse en las imprecisiones viales trazadas a lo largo del lugar.
Esa antigua calle lleva el nombre de “Carlos Reggiardo”, figura icónica de aquella Victoria pujante durante la segunda mitad del siglo XIX e inicios del siglo XX y cuya mención no es la primera en este periódico, pues su trascendencia y relevancia en la historia de Victoria requiere de infinitas tintas para abarcar toda su trayectoria.
Gracias a las investigaciones de un corpus de documentos y entrevistas realizadas en 1996 por la Prof. Marina Lares, hoy se puede disfrutar de múltiples testimonios esclarecedores sobre la personalidad del distinguido don Carlos Reggiardo.
Don Carlos nació en Costa Clavarezza, provincia de Génova, Italia, un 17 de enero de 1834, hijo de José Reggiardo y Luisa Firpo. Llegó a la ciudad de Victoria hacia 1852 y seis años después fundó una importante casa de ramos generales en el barrio Las Caleras, comercio cuyas estructuras aún persisten y se sitúan frente a la antigua Barraca Gorelik, a escasos pasos de la Plaza XX de Septiembre.
Relatan las viejas memorias que cuando don Carlos Reggiardo desembarcó en las costas del Paraná, llegó con muy escasos recursos, pero acompañado de dos de sus hermanos: Agustín e Ignacio. El primero se casó con Hermenegilda Alday y falleció de tifus en 1877 a los 38 años de edad. El segundo contrajo matrimonio con Irene González y, al parecer, por disputas familiares que se dieron entre Carlos e Ignacio hubo un irremediable distanciamiento que terminó desvinculándolos para siempre.
En la ciudad
Al llegar a Victoria, Carlos vivió temporalmente en la casa de los Taquela (Tachella), familia mercantil de la región que inspiró al muchacho xeneize en iniciar una carrera comerciante.
Fue tal la influencia de los Taquela que al poco tiempo el joven Reggiardo levantó, y mediante un gran esfuerzo, su afamada casa de ramos generales, alrededor de 1858.
El afán de don Carlos en los primeros años de su llegada fue encontrar yacimientos de cal y montes para extraer leña.
Con el tiempo, su producción calera se fue acrecentando. Logró expandir su negocio y estableció asociaciones con otros comerciantes que desembocaron en la fundación de una empresa naviera y un banco local, por sólo mencionar algunas de las tantas actividades comerciales que ejerció don Reggiardo dentro y fuera del poblado.
Durante sus años de negocios entabló además un fluido comercio con Buenos Aires e incluso instaló una filial de su casa de ramos generales en “La Vuelta de Rocha”, hoy calle Patricios.
Esta sucursal, con los años fue administrada por don Lorenzo Balbi, familiar del afamado constructor victoriense Ángel B. Balbi. En el mencionado lugar tuvo una casa de familia y un gran corralón que prácticamente comprendía toda una manzana y, frente a este, otro de iguales dimensiones donde se depositó buena parte de la cal que se destinaba para la construcción de la ciudad de La Plata.
En Victoria, la cantera más importante que llegó a poseer se situaba por el paraje Puente Verde. En aquel mismo lugar levantó tres grandes hornos e hizo un desvío férreo para facilitar el traslado de la producción. Lo mismo hizo en el Puerto Viejo, donde construyó un amplio galpón para almacenar los diversos productos que llegaban por vía fluvial. De aquella vieja estructura todavía se pueden apreciar las bases de ladrillos y parte de un murallón de piedra destinado para la contención acuífera.
Su vida familiar
Una vez instalado en la ciudad, don Carlos se casó con Luisa Fontana, una dama cuya familia italiana fue de las primeras en llegar a aquella zona del Quinto Cuartel. De este matrimonio nacieron los dos hermanos mayores: José y Fortunato.
Tras la muerte de doña Luisa, Reggiardo volvió a casarse con una porteña llamada Juana Vaccaro, con quien tuvo siete hijos: Santiago, Albina, Luisa, Ernesta, Carlos, Agustín y Juan.
Don Carlos Reggiardo falleció en Buenos Aires en 1920, a la edad de 84 años.
La mayor parte de su vida estuvo encarnada por una visionaria capacidad y energía dedicada y enfocada en el consecuente apogeo económico de la zona del Quinto Cuartel de la que él fue parte central. No está de más recordar que durante su etapa como comerciante y productor, Reggiardo generó numerosas fuentes de trabajo en la zona.
Con el tiempo, sus restos fueron trasladados a Victoria. En aquel momento se realizó un merecido cortejo de importante concurrencia, el cual se extendió a lo largo de varias cuadras hasta llegar a la actual Basílica de Aránzazu.
En la concurrencia se hicieron presentes los infaltables miembros de la Sociedad Italiana, una de las tantas instituciones a las que supo brindar un gran impulso y de la que fue, durante muchos años, un valioso consejero y honorable agente consular.




















