40 años
Excombatientes brindan charlas en escuelas para dar a conocer lo que pasó y sus vivencias en las islas. Quieren reconstruir los capítulos de una historia que no debe ser olvidada.
Belén Fedullo
redaccion-er@miradorprovincial.com
El 2 de abril de 1982, tropas argentinas desembarcaron en las islas Malvinas para recuperar la soberanía, según anunciaron desde el gobierno de facto. A pocos días del desembarco y toma del lugar por parte de la tripulación argentina, la entonces primera ministra de Inglaterra, Margaret Thatcher, envió una fuerte dotación de militares ingleses para dar respuesta y desplazar a la milicia argentina.
40 años pasaron desde aquel día en el que se dio el desembarco, y hay heridas que son difíciles de sanar.
Cada 2 de abril, Argentina conmemora el día del Veterano y los Caídos en la Guerra de Malvinas. Un combate que dejó herido al país, llevó a la muerte temprana a 649 jóvenes que habían sido convocados a combatir sin experiencia, además de otros 450 que luego se quitaron la vida, y dejó traumas irrecuperables en muchos de los que lograron volver.
Con esa historia sobre sus espaldas, excombatientes de Concordia decidieron hacer algo especial para recordar lo que vivieron y concienciar a quienes no conocen la historia. Como lugar, eligieron las escuelas y las presentaciones van dirigidas a niños y adolescentes.
El proyecto nació por una necesidad que tenían los veteranos de hablar, de poner en palabras su vivencia. La Municipalidad y la Departamental de Escuelas estaban realizando eventos por los 40 años del desembarco y decidieron implementar la Semana de Malvinas en los colegios. El lugar elegido como escenario es la Escuela Vélez Sarsfield, en donde se dan los encuentros.
El desahogo
Guillermo Pérez integra el Centro de Veteranos de Malvinas de Concordia. Es uno de los que participa en el ciclo de charlas y dialogó con MIRADOR ENTRE RÍOS acerca de la actividad, la respuesta del público y sus sensaciones, en una fecha tan importante.
“Empezamos el 28 de marzo a la mañana con estas charlas. Lo hicimos en doble turno, casi con jornada completa, con escuelas nocturnas incluidas. Lo que hicimos fue compartir un pequeño museo con fotos, pertrechos traídos de Malvinas, otros similares, algunos objetos que especialmente preparamos para la ocasión y los relatos”, contó.
Sobre quienes formaron parte del ciclo, explicó: “Lo fundamental es que cada uno de nosotros brinda su experiencia, en mi caso, yo pertenecía a la Armada y estuve en la operación Rosario, eso es lo que cuento. Después están los infantes de Marina, que cuentan lo que vivieron, también quienes pertenecieron al Ejército y además tenemos un piloto de la Fuerza Aérea, tripulantes del Belgrano, tenemos justamente al último timonel de ese crucero. Creo que es muy dinámico, variado y enriquecedor lo que ofrecimos”.
El intercambio que se genera entre los excombatientes y los jóvenes en edad escolar fue lo que más satisfacciones trajo a los disertantes. “Es increíble lo que vivimos. Los más chicos preguntaron muchísimo, tenían mucha imaginación para ubicarse en el lugar y mucha empatía. En la secundaria las preguntas fueron más directas, técnicas y profundas. A nosotros nos dio mucho gusto, porque demostraron mucho interés, algo sabían porque leen o ven videos, pero saberlo de primera mano les dio otra idea de lo que sucedió. Los docentes también se interesan, algunos nos invitaron a volver para seguir tocando el tema, y eso nos alienta a seguir y a pensar en nuevas instancias de diálogo y reflexión conjunta”, dijo.
El trabajo hecho en las escuelas tiene un significado muy especial para el grupo de veteranos. Cada una de las actividades de este estilo, parece volver a “malvinizar”. “Para nosotros esto es muy lindo. Le damos valor porque es algo que queríamos hacer, porque sentimos que le ponemos voz a los 649 compañeros caídos, los que quedaron en el Sur como de guardia eterna. Nosotros tuvimos la suerte o desgracia de llegar vivos y de seguir acá 40 años después, así que es nuestro deber hacer memoria, poder contar lo que vivimos y transmitirles las vivencias a los chicos para que ellos puedan sostener esta historia en el futuro, de esa manera no mueren nuestros caídos. Cuando volvimos, la propaganda hizo una ‘desmalvinización’, nos reprimían, no podíamos contar nada y por eso si bien allá quedaron 649 personas, después muchos se suicidaron porque no podían soportar la vida al volver a la Argentina. La guerra fue grave, tuvimos un enemigo grande, pero volvimos y nuestro enemigo interno, el que tuvimos en el país, hizo más grande la herida, entonces queremos tratar de inculcar valores, de llevar la experiencia a los chicos, de transmitirles algo y que no haya más falta de valoración ni olvido acerca de lo que pasó”.
Romper la coraza
A 40 años de lo que sucedió, Pérez hace un repaso de lo que fue el proceso que tuvo que atravesar para poder hablar, luego de haber ocultado esa parte de su vida en la cotidianidad, y por eso valora la oportunidad de hacerlo cada vez que puede. “La población civil nos trata muy bien, pero eso fue algo paulatino, pasados los 15 años empezaron a contactarse con nosotros. Creo que ahí empezamos a salir más a la calle, a hablar, a contar. Sin ir más lejos, estuve 10 años sin hablar del tema. Nadie en mi barrio sabía que yo había estado en Malvinas, salía a trabajar, volvía y no hacía nada más. Luego pude romper esa coraza, formamos el Centro de Veteranos y nos dimos cuenta de que muchos vivimos lo mismo, que muchos están medicados, con tratamientos psicológicos y psiquiátricos. Una vez que entendimos que nos podíamos ayudar, salimos adelante y hoy creo que esta herramienta de expresarnos en lugares públicos nos hizo aprender a hablar y sacar todo eso que nos hizo enfermarnos durante tanto tiempo”, concluyó.
El dolor de la guerra
El excombatiente también hizo una reflexión acerca del conflicto entre Rusia y Ucrania, que hoy gana las portadas de los principales diarios y las pantallas de noticieros. “Eso me genera una reflexión sobre los humanos. Somos animales que exterminamos y eso es triste. Muchos hacen negocios con la muerte, dicen amar la paz, pero venden armas sofisticadas y negocian. Me abstraigo un poco de todo el tema, los veteranos tratamos de no ver noticias sobre eso porque no queremos sentir el dolor de la guerra, es algo que nos hace mal y deseamos que pronto haya paz”.




















