Villaguay
Gael Gamarra hoy tiene 7 años, concurre a una escuela común y habla con lenguaje a un 95% para su edad. Cuatro años de trabajo, estudios de profesionales y terapia le permitieron recuperar la audición: pasó de necesitar audífonos a bajar el volumen paulatinamente y prescindir de ellos, recuperando la calidad de vida, integrándose de manera normal a las actividades que cualquier niño realiza diariamente.
Ceferino Azambuyo
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La mamá de Gael, Andrea Gómez, tuvo un parto normal y los estudios que le realizaron a su bebé estaban bien, pero a partir del año y medio se empezó a dar cuenta de que el niño no respondía, le parecía que no escuchaba o no prestaba atención. “Cuando lo llamaba no giraba la cabeza y desde entonces comenzó mi preocupación y las visitas al pediatra, pero me dijo que el niño estaba bien y hasta los cinco años tenía tiempo de esperar para que alcance esos aspectos madurativos”.
Si bien en el futuro esta respuesta determinaría que el facultativo cometió un error muy grande, la mamá siguió insistiendo e investigando, pero la respuesta fue la misma.
“En primera instancia, nosotros no sabíamos de qué se trataba porque él tenía tres años y medio y si bien gesticulaba, no se le entendía lo que intentaba decir, como padres interpretábamos su ‘lenguaje’ que era ininteligible en su expresión. “Al nacer su hermanita hice la consulta con la fonoaudióloga Lina Galeano. Comenzó con sesiones para conocerlo y analizar lo que podía tener en cuanto a la dificultad del habla y luego me comunica que mediante estudios había que descartar la posibilidad de problemas de audición o autismo”, contó Andrea.
La fonoaudióloga Lina Galeano comentó a MIRADOR ENTRE RÍOS que “la mamá de Gael vino a la consulta para hacer el estudio de otoemisiones acústicas a su hija recién nacida, que se realiza a los bebés para estudiar el oído. Allí consulta sobre su hijo y realizamos el estudio porque no lo tenía. Era llamativo que el niño, de tres años y medio, prácticamente no articulaba palabras, casi sin lenguaje oral. El resultado dio positivo, aunque no es determinante, por eso es necesario continuar el estudio observando las conductas del niño”.
Estudios y tratamiento
“Gael tenía un lenguaje muy inmaduro, con pocas palabras y conductas desorganizadas no pudiendo armar un juego simbólico. Durante la atención que le dediqué hubo cosas que no cerraban porque no respondía a los estímulos sonoros en el juego lingüístico, donde podemos analizar en fonoaudiología las respuestas a las conductas auditivas y presentaba algunas parecidas al trastorno del espectro autista (TEA)”, agregó la profesional. Fue allí que comentó que ante lo observado en el niño decidió derivarlo a la psicopedagoga Mónica Piñón. “Ella me dice que se nota una patología del lenguaje y descarta que haya autismo. De esta manera para sacarnos las dudas le sugerí a la mamá que debíamos hacer otros estudios con una derivación para realizar potenciales evocados auditivos, se trata de un estudio neurológico, para graficarlo con una burda comparación sería un electroencefalograma de la audición. El mismo estuvo a cargo de Ángela Rodríguez Matesic y el resultado indicó hipoacusia de moderada a severa, ubicada entre los 70 a 80 decibeles de pérdida auditiva. Allí comienza el recorrido para equiparlo con audífonos y empezamos una terapia específica para la estimulación auditiva”.
En otro pasaje del relato sobre el acompañamiento del niño con el tratamiento señaló que “desde la primera consulta hasta llegar al inicio de la terapia transcurrió poco menos de ocho meses y, aunque parece mucho, en el medio hubo problemas de salud familiares y en mi caso debí esperar un tiempo prudencial porque no me gusta derivar enseguida sin tener un panorama conociendo el caso a fondo. Posteriormente los padres de Gael lo llevan a control a otro centro y las mediciones determinan que estaba recuperando audición lo que resulta muy significativo”, señaló la Fonoaudióloga.
Notable recuperación
En el contexto descripto, la profesional que hizo el seguimiento dijo que “la mamá nota que el niño siente molestia con el uso de los audífonos y entonces le pide a la audióloga que los calibre y baje el volumen porque no los quería usar al provocarle mucha molestia. Así continuamos con la terapia y empieza a recuperar lenguaje, con el inicio de un tratamiento psicopedagógico porque ya empezaba la escolaridad, entonces había que acompañar. Concurrió al servicio de sordos con una intervención integral como corresponde en estas situaciones. A pesar de la pandemia, que provocó inconvenientes, a fines del año pasado noté que el lenguaje se estaba organizando rápidamente y que aparecían muchas palabras que sorprendían porque eran espontáneas y estaban ligadas a su notable recuperación”.
“Este año la mamá lo llevó a la audióloga para una nueva calibración del audífono porque se notaba que el chico escuchaba mejor y la sorpresa fue que no había más hipoacusia. Es decir, estábamos en el inicio con casi 80 decibeles de pérdida de auditiva y ahora con 10 o 15dB, es una audición prácticamente normal”.
Lina Galeano consideró que “con 34 años de trabajo en mi profesión nunca vi una recuperación de hipoacusia, excepto que fuera un virus, bacteria o problemas en la conducción del sonido en el oído que, a veces con cirugía se recupera, pero a este nivel nunca lo experimenté durante mi trayectoria. Creo que las audiólogas de Entre Ríos están haciendo un análisis de esto en su especialidad porque realmente es increíble. Científicamente podríamos decir que la estimulación auditiva de la cóclea hace que se recupere y después queda a criterio de cada uno, al pensamiento o filosofía de vida de cada uno. Opino que son las dos cosas, estimulación de la cóclea, entorno familiar, nunca dejó de estar en tratamiento y cuestiones de fe, esa podría ser mi conclusión.
Felicidad y agradecimiento
Hoy se lo puede ver a Gael, junto a sus padres y su hermanita de cuatro años, relatando con voz clara y demostrando su felicidad: “Ya puedo escuchar y hablar bien, la doctora me dijo que no tengo que usar más los audífonos”, contó.
“Es mucha la emoción de saber que mi hijo, después de tanto luchar, no necesita equipamiento auditivo para escuchar, habla fluidamente y se le entiende de manera perfecta. Fue una alegría enorme para todos”, aseguró con profunda emoción Andrea, la mamá, y agregó: “No sabíamos dónde estábamos parados y por eso queremos como familia expresar nuestro eterno agradecimiento para la fonoaudióloga que lo trató y siempre dijo la verdad, exponiendo la situación, nos acompañó en todo momento y se pudo llegar a este resultado. Nuestra perseverancia tuvo sus frutos como padres y la voluntad de Gael porque tenía ganas de superarse y gracias a Dios es muy inteligente, nunca se quedó. Los muy buenos profesionales que estuvieron acompañando e investigando han sido una bendición para nosotros”, confió.




















