Opinión
La Liga Paranaense de Fútbol aplicó severas sanciones tras los incidentes ocurridos el pasado fin de semana. ¿Será el primer paso para erradicar la violencia de nuestras canchas?
VÍCTOR LUDI
redaccion-er@miradorprovincial.com
Los hechos de violencia acontecidos el pasado fin de semana en dos partidos de la Liga Paranaense de Fútbol (LPF) no fueron novedad, lamentablemente. Estos penosos actos en el fútbol doméstico han sido tantos, que los fuimos naturalizando poco a poco.
¿Las razones? ¡Muchas! Por su puesto que no podemos pasar por alto que el fútbol es un reflejo de la sociedad, ya que lo que sucede en un campo de juego no varía demasiado de lo que podemos ver día a día en la calle.
No obstante, durante años fue moneda corriente que desde la LPF se hiciera poco y nada para erradicar esta violencia. Por ejemplo, algunos futbolistas reconocidos por agredir en más de una ocasión a los árbitros –no es la intención de mencionar ningún nombre en particular, pero en el mundillo futbolero de la ciudad se conocen todos-que, tras purgar con algunos pocos partidos de suspensión, volvían a jugar sin ningún tipo de problemas.
No es la intención de este espacio analizar lo sucedido en cancha de Don Bosco y, sobre todo, Universitario, ya que las imágenes hablan por sí solas. Fueron los primeros incidentes “graves” que se registraron en la gestión de Alejandro Schneider como presidente de la LPF, cargo que ocupa desde marzo de 2018.
Ante esto, surgió el interrogante de cuál sería la posición de la entidad. Por eso, la rápida medida de suspender las actividades y las inmediatas sanciones aplicadas apenas dos días después de los hechos, hacen pensar que algo realmente está cambiando. Llamó la atención que, de manera rápida y eficaz, los implicados fueron sancionados masivamente, recibiendo algunos hasta 36 meses de suspensión.
Con esto, el Tribunal de Disciplina y la dirigencia de la Liga marcó la cancha. No se pueden seguir admitiendo estos hechos de violencia grotescos y una medida ejemplificadora podría empezar a marcar el camino. Los protagonistas deben saber que, a partir de ahora, si “se les sale la cadena” pueden pagarlo muy caro.
Por otra parte, esto marca un precedente. La LPF se verá prácticamente obligada a medir con la misma vara todos los hechos que se registren –claro está analizando cada caso en particular-, ya que es difícil dar marcha atrás en estas circunstancias.
El tiempo será el encargado de despejar las dudas de si estas sanciones fueron las que marcaron un antes y un después en la postura de la LPF ante los hechos de violencia, o solo fueron un oasis en el desierto. Por lo pronto, solo podemos afirmar que son medidas que deberán sostenerse.




















