La historia de Cristian Jeandet
Entre 1995 y 2015, el concordiense Cristian Jeandet fue futbolista profesional y vivió momentos inolvidables tras vestir las camisetas de 25 clubes. Hoy, trabaja en las divisiones inferiores de Vélez Sarsfield y proyecta su continuidad como entrenador.
Kevin Rivero
redaccion-er@miradorprovincial.com
La carrera futbolística de Cristian Jeandet fue muy vertiginosa. Sin proponérselo, fue de un lugar a otro y, desde su debut en 1995, el entrerriano que se formó en las categorías juveniles de Newell’s Old Boys, defendió los colores de 25 equipos.
El inicio de su periplo se produjo en Ferro Carril de Concordia y continuó en Patronato, Lanús, Fidelis Andria (Italia), Casertana (Italia), Firenza (Italia), FK FK Smederevo (ex Yugoslavia, hoy Serbia), Palestino (Chile), Central Córdoba, Instituto, Blooming (Bolivia), Aurora (Bolivia), Sport Boys (Perú), Gimnasia de Concepción del Uruguay, Mineros de Guayana (Venezuela), Sarmiento de Junín, Estudiantes de Caseros, Wydad Casablanca (Marruecos), Sarmiento de Leones, Almagro, Villa Dálmine, Laferrere, Unión Aconquija, General Paz Juniors, Talleres de Perico hasta que retornó a Sarmiento de Leones para retirarse en 2015.
Luego de su retiro, abrió caminos y afrontó nuevos desafíos. Hoy, radicado en Buenos Aires, da sus primeros pasos como entrenador y se desempeña en las divisiones inferiores de Vélez Sarsfield.
El concordiense, de 46 años, padre de cuatro hijos (Catalina, Constanza, Jeremías y Felipe), dialogó con MIRADOR ENTRE RÍOS, repasó su trayectoria y dio cuenta de sus proyectos para el futuro.
– ¿Cómo llevas adelante esta primera etapa como entrenador?
-Después que me retiré, comencé colaborando en Nueva Chicago, trabajando solamente con los delanteros juveniles. Al año siguiente, me fui a Argentinos Juniors y estuve con las categorías infantiles; y luego pasé a Vélez Sarsfield, dónde estoy desde hace cuatro años con los juveniles que compiten en las ligas locales. Estoy muy cómodo, muy tranquilo en el club. Es una institución muy organizada, que nos cumple en todo y de esa manera da gusto trabajar.
– ¿Te costó mucho asumir el retiro?
-El duelo fue muy largo, me costó muchísimo. Me fui de Concordia a Newell’s cuando tenía 14 años y toda la vida estuve relacionada al fútbol como jugador y se me hacía muy difícil pensar cómo sería mi vida al día siguiente de mi retiro. Mi cabeza y mi cuerpo ya tenía un mecanismo con los horarios organizados, era muy estructurado, con una rutina armada que la llevé adelante durante muchos años.
– ¿Cuánto tiempo lo padeciste?
-En los primeros meses no podía mirar fútbol, no podía escuchar. Si hacía zapping y había algo de fútbol, lo cambiaba automáticamente porque sentía que me hacía mal. En el año previo a mi retiro, asistí a charlas con un psicólogo para que me ayudara a asumir la edad que tenía, pero igual me costó. Por suerte, después de siete u ocho meses que no hacía nada, me surgió la posibilidad de arrancar como entrenador.
-¿Qué balance haces de tu carrera?
-De chiquito soñaba con ser futbolista, pero nunca pensé que lo iba a poder concretar. Estoy conforme con la carrera que realicé, con todo lo que viví. Si me muero y vuelvo a nacer, quiero la misma vida, con la posibilidad de corregir errores, pero nunca pensé que el fútbol me iba a dar tanto. Gracias al fútbol conocí países, costumbres, idiomas y comidas, y pude vivir en distintos lugares que jamás me hubiese imaginado cuando estaba en Concordia. Recuerdo que mi objetivo era ir a Buenos Aires y sin darme cuenta, prácticamente, recorrí el mundo. Lógicamente, siempre queremos un poco más, pero estoy muy conforme porque pude jugar Copas Libertadores, Sudamericanas, hasta la Copa de Campeones en África.
-En una carrera tan larga, me imagino que te ha tocado vivir momentos complejos. ¿Cómo los superaste?
-Cuando fui a Serbia, que todavía era Yugoslavia, fue increíble. Recuerdo que estaba en Milán, Italia, y cuando firmé el contrato no sabía a dónde iba. En ese tiempo no existía internet, no podía googlear, solamente tenía un celular con pocos recursos, y me lo pintaron cómo que iba a un lugar maravilloso. Fui a Smederevo, una ciudad ubicada a 80 kilómetros de Belgrado (capital de Serbia) y cuando llegué, me encontré con un país que un año atrás había terminado de combatir en la Guerra de los Balcanes y el postguerra es muy traumático en todo sentido. Además, nevaba muchísimo, tenía que entrenar de esa manera y nunca había jugado en esas condiciones. Me costó muchísimo el idioma y siempre tuve la idea de adaptarme lo más rápido posible al lugar que me tocara ir, pero fue realmente complejo.
– ¿Qué tan compleja fue esa experiencia?
-Salía a la calle y me encontraba con tanques de guerra y soldados por todos lados. En ese momento, tenía miedo y pensaba ‘si se arma acá, me matan y no me encuentran nunca más’. Mis papás viven en Concordia y pensaba: ‘¿cómo hacen para llevar mi cuerpo de acá?’. Se me cruzaban todas esas cosas por la cabeza y no podía estar tranquilo.
Por suerte, las personas son muy sociables y amables, siempre me intentaron integrar. Recuerdo que pasé mi cumpleaños y los chicos del club me buscaron en el hotel y me festejaron. La pasé bien porque el grupo era muy lindo, pero, a su vez, lo sufrí por las condiciones en las que estaba el país, ya que faltaban muchas cosas. Escaseaban los alimentos y no había combustible porque habían explotado las estaciones de servicios y se notaba que la gente sufrió muchísimo por la guerra. Creo que fue la experiencia más difícil que me tocó vivir.
– ¿Te quedó alguna cuenta pendiente?
-Me hubiese gustado afianzarme en el fútbol argentino. Solamente jugué en Lanús y cuando regresé, volví al Nacional B y no tuve la posibilidad de reinsertarme en la Primera División. Pero, estoy conforme y tranquilo.
– ¿Qué entrenador te marcó más?
-Siempre destaco a (Marcelo) Bielsa, a quien lo tuve en las inferiores de Newell’s. En ese momento estaba en el departamento de captación y me llevó a Rosario. Fue un director técnico que, como dicen todos, me transmitió mucho.
Después, tuve a Jorge Sampaoli en Perú y compartimos muchas cosas, ya que vivíamos en el mismo edificio.
– ¿Con qué estilo de juego te sentís identificado?
-Me gusta mucho el fútbol de (Pep) Guardiola para sentarme a ver en mi casa, pero para jugarlo soy más partidario del estilo de juego de (Jürgen) Klopp, siendo muy vertical, con mucha intensidad y una guerra de transiciones. Me gusta ser más agresivo, yendo al choque y al golpe a golpe porque no tengo mucha paciencia en nada y eso lo reflejo en el campo de juego (risas).
– ¿Qué características te definen como entrenador?
-Trato de ser lo más simple posible. A mí me gusta ser compañero del jugador, remarcando hasta dónde se puede llegar. Podemos hacer bromas o ir a comer algo juntos, pero en el momento de trabajar, se trabaja, y cuando tengo que tomar decisiones, lo hago.
-Por último, ¿qué objetivos tenés para el futuro?
-Me cuesta manejar la ansiedad y mi primer objetivo es sumarme a un cuerpo técnico de Primera División como ayudante. Soy consciente que en este momento no puedo ser un director técnico principal porque no tengo la experiencia suficiente; por lo tanto, quiero ir paso a paso para adquirir experiencia y sumar desde cualquier lugar.




















