Dejar todo para ayudar
Recorrió más de 500 kilómetros para ponerse a disposición de un cuartel de bomberos en Corrientes. Se sorprendió al llegar y asegura que vuelve a su ciudad con regalos que no son materiales.
Belén Fedullo
redaccion-er@miradorprovincial.com
Martín Fernández vive en Concordia, tiene 44 años y es comerciante. Conmovido por la crisis desatada por los incendios en Corrientes recorrió 550 kilómetros desde su ciudad natal hasta San Miguel. La decisión para él fue simple. Estaba sentado en su casa mirando las noticias, creyó que podía ayudar, habló con su esposa y partió solo en su camioneta.
No sabía en dónde quedaba el pueblo al que se dirigía, pero llegó hasta allí luego de preguntar e informarse. Fue la primera persona ajena a la ciudad en ir a asistir a los bomberos y lugareños. Lo conocen como “el loco de la camioneta”.
En diálogo con Mirador Entre Ríos hizo un resumen de lo que define como una de las vivencias más asombrosas de su vida.
“El pueblo está en el centro norte de la provincia y tiene 7 mil habitantes. Yo no tenía esa información, me puse a leer noticias en internet sobre los incendios y me impactó mucho todo lo que vi. El que publicaba era un periodista de un diario provincial, Roberto Zorrilla, me contacté con él y le pregunté por la situación, me contó y le dije que tenía mi camioneta, ganas de ir, y le pedí que me contacte con algún lugar en el que me necesitaran. Él se contactó con el jefe de Bomberos de San Miguel y emprendí el viaje”, contó acerca de cómo eligió el lugar a donde ir.
Aunque tiene pocos habitantes, el pueblo correntino al que viajó el concordiense tiene una gran superficie y muchos esteros, humedales, bañados y lagunas, pero todo eso fue castigado por una impresionante sequía. Según los expertos no hay evaporación, nubes, ni lluvias, por eso hay zonas en las que hay fuego hace más de un mes, ya que apagan las llamas, pero reviven por focos que quedan en el interior.
La importancia de la compañía
Ante la difícil situación, desde el lugar describen a Martín como “una luz”. Más allá del equipo que llevó para colaborar, lo que logró, según los lugareños, fue llevar energías cuando parecía que ya no quedaban, en un lugar en que todas las acciones deben ser urgentes. “El gesto no tiene precio, para nosotros es algo increíble, algo que no vamos a olvidar”, aseguran. Para él, la vivencia también es emotiva desde el principio.
“Llegué y me estaba esperando un bombero en el cuartel. Me llevó a hablar con el intendente porque me quería conocer, luego me ofrecieron un lugar en donde dejar mis cosas y salimos porque sonó la alarma; de hecho, nos presentamos dentro de la camioneta con quienes me acompañaban, porque todo fue rápido y cada salida a sofocar llamas es inmediata”, recordó sobre sus primeros pasos en suelo correntino.
Su llegada también desnudó los problemas que hay en el cuartel de San Miguel. “Ellos no tienen una camioneta, se les había roto. Lograron armarla para estos días, pero solo les sirve como unidad de traslado. Mi camioneta estaba apta para trasladar el equipo y meternos a apagar focos de incendio asi que eso hicimos”.
La tarea no resulta fácil. Además de afrontar el largo viaje, Martín debió adaptarse al ritmo de las actividades. “Es muy difícil descansar porque a toda hora prácticamente es necesario asistir lugares y personas. El primer día llegué y me acosté a las 2 de la mañana y para las 4 me llamaron de nuevo. Es una experiencia cansadora, pero enriquecedora. Yo sé que tal vez mi vehículo no es el más grande o mejor equipado, pero toda ayuda sirve y eso es lo importante”, expresó.
Según pudo averiguar el entrerriano, la situación de sequía viene en crecimiento. Hasta hace dos años, al circular por la zona se veían espejos de agua de lagunas y lagos. Eso desapareció. “Había mucha agua ahora no está y tienen que hacer perforaciones para llevarle a la gente algo tan básico, eso es algo insólito”, comentó.
La vocación de servicio no es nueva. En diciembre y enero su ciudad había sufrido los embates de la sequía y hubo incendios en zonas de montes y plantaciones. El calor hacía su aporte y los elementos para combatir las llamas también eran escasos para los bomberos. En esa situación Martín compró el tanque para agua y bombas para proveer de energía el equipo. Lo que en su localidad le sirvió para ayudar a los bomberos, en Corrientes se convirtió en pieza fundamental de ataque, pero todo tiene vasos comunicantes.
“Había ayudado en incendios en Concordia. En la zona de Calabacillas hubo uno muy complicado y estuve ahí. Armé el tacho con agua y me metí en el monte a llevarles a las cisternas de bomberos que venían de otras ciudades porque estaban metidos en medio del fuego y no tenían agua, pero eso fue suficiente. En Corrientes eso mismo sirvió para el ataque al fuego y otros como yo proveen de agua, así que es otra experiencia, pero lo que encuentro en común es que está la voluntad. Lo que tengas y quieras invertir, más la ayuda y presencia pueden ser fundamentales. Es increíble que con poco puedas salvar vidas, que puedas salvar una casa, toda la historia de una familia a la que si le llegaba el fuego perdía todo. Eso me motiva”, aseguró desde San Miguel.
El acompañamiento de la familia, nuevas amistades y emoción
Fernández está casado con Carolina y juntos tienen dos hijos, Camilo y Fátima. Antes de partir decidió consultarles y ellos no dudaron en manifestarle su apoyo. “Mi familia me dijo que viniera, que hiciera lo que sentía y eso es lo que más ganas me dio. Me están acompañando todo el tiempo y creo que eso es fundamental. Estamos en contacto siempre, mi mamá también me envió algunas capturas porque había publicaciones con mi nombre, es todo muy loco y estoy muy agradecido con ellos porque sé que es difícil bancarse tantos días solos y acompañarme en esta locura”.
Su estadía no pasó desapercibida. Desde que llegó a San Miguel es señalado como el ayudante desinteresado que fue a llevar energías, pero también se animaron a ponerle un apodo “el loco de la camioneta”. “Así me llaman. La gente es amistosa. Un día terminamos con un incendio de madrugada, pasé por la plaza y había unos chicos, me preguntaron si era el loco de la camioneta, me convidaron algo de tomar y nos quedamos charlando. Todos son muy agradables”, describió entre risas.
Más allá de algunos regalos, la experiencia le deja recuerdos que no se borrarán. “Me dieron varios presentes y también me hicieron pasar momentos muy lindos. El miércoles hicieron una peregrinación con la virgen de Itatí y me dieron para que la llevara en la camioneta y en un tramo de a pie. Me paraba la gente para saludarme, para aplaudirme, me agradecían y eso me parece increíble. Más allá del cansancio y toda la actividad, también tuve momentos de mucho llanto, pero todas fueron lágrimas de alegría, de emoción, porque la situación es difícil, pero la bondad, el compañerismo y el agradecimiento están siempre y eso es algo que no tiene precio”, comentó.




















