jueves, mayo 14 2026

Música litoraleña

 

Gisela Mesa

Rufino vive en Puerto Gaboto, Santa Fe, pero nació al otro lado del río, en Las Cuevas, provincia de Entre Ríos. "Donde nacen los isleros", dice. Porque el hombre del río no dice isleño, dice "islero". No dice cazar, dice "mariscar". No dice "las islas", dice "la isla". ¿Quién les va a cambiar quinientos años de hablar igual y llamar las cosas por el nombre que siempre tuvieron?

Pescador, constructor de instrumentos, guitarrero, cantor y compositor, hoy en día este hombre alto y fornido, que viste elegantemente a manera tradicional, es una de las voces más características de la chamarrita, aunque también canta y compone chamamés.

-¿Cómo fueron tus inicios con la música? ¿Qué recuerdos tienes de los primeros pasos que diste en el cántico?
-Yo vivía en la isla, para la temporada de clases a los cuatro o cinco años íbamos a Puerto Gaboto para asistir a la escuela. Era muy chico y tuve que adaptarme a las costumbres del pueblo, tan distintas de la vida libre.

Recuerdo todos los días cantábamos Aurora con todos los compañeritos, esa fue la primera experiencia que me transportó en la música.

Como cantar solo, lo primero que me acuerdo es estar cantando en casa con mi viejo, en el patio, Zamba de mi Esperanza.

A los once años me gané mi primera guitarra trabajando. Fue como un sueño para mí. Era mágico hacer sonar cada cuerda, descubrir los acordes. Con ella aprendí las primeras notas.

De chico me marcaron esos niños que cantaban en la radio, en audiciones. Yo quería ser uno de ellos también me llamaba la atención componer, y sabía que para eso tenía que aprender a tocar y a entender lo que hay en el corazón de la música. En eso sigo, aprendiendo siempre. Por otra parte confieso que me fascinaba que Beethoven esté muerto hace cientos de años y su Paraelisa todavía esté en la memoria y en la vida de tantas personas.

-¿Qué podés contar sobre tu infancia? ¿Cómo fue probar suerte en Buenos Aires?
-A los veinte años armé un bolsito con algunas ropas y me fui a probar suerte a Buenos Aires. Fueron cinco años en Capital y seis en Provincia. En ese tiempo menos de cosmonauta, hice de todo. De cada trabajo aprendí algo; una de las actividades que más me fascinó fue hacer de ayudante de un luthier que fabricaba guitarras. Cada madera es diferente, porque el árbol es un ser vivo. Hay que escucharla para saber cómo va a sonar después el instrumento. Actualmente estoy reconstruyendo un antiguo contrabajo que conseguí, para usar en las canciones.

De esa década en Buenos Aires aprendí un montón sobre la vida, de la cultura urbana, de las personas, de las anécdotas y contradicciones de la subsistencia en una ciudad multitudinaria, siempre desde la perspectiva de un hombre que nació y se crió en un lugar muy distinto.

En Puerto Gaboto se sembró el primer trigo, se rezó la primera misa, se armaron las primeras amistades y las primeras discusiones entre españoles y nativos. Acá empezó todo lo que ves ahora. Desde acá se mide el catastro de todo el país.

Siempre supe rescatar las cosas más llamativas de distintas microculturas que componen nuestro país, así entre mis composiciones también hay zambas, chacareras, chamamés, valses, canciones, hasta algún bolero. Pero si un género me identifica especialmente es la chamarrita. Es que, aparte de los Hermanos Cuestas, que ya no están en los escenarios, o los del Gualeyán, cuyo cantor histórico nos dejó hace no tanto, sin pecar de egocéntrico soy el mayor exponente de este género musical tan característico de esta zona de nuestro país.

-¿Es cierto que el Chaqueño te invitó a cantar en el escenario mayor de Cosquín y vos ya te habías ido?
-¡Algo así pasó! En el 2005 fui a Cosquín, las cosas no estaban fáciles, fuimos con unos amigos, y el día que cantaba el Chaqueño, que iba a interpretar mis temas porque estaban muy de moda, nos tuvimos que volver.

Resulta que cuando volvíamos, paramos en una estación de servicio y vemos en la televisión al chaqueño decir "quiero presentarles a un amigo, Rufino Conde" y las cámaras me empiezan a buscar entre la gente. Pero yo nunca subí porque ya estaba en la ruta, volviéndome. Por suerte pude ir después, un par de veces, y cantar para todo el público que participa de ese maravilloso festival.

-¿Cuáles son tus influencias musicales?
-En mi vida escuché de todo, sobre todo obviamente folklore. Me gustan los grupos ortodoxos, me gustan también los que innovan. Escucho mucho la música del litoral, pero también me llama la atención la canción del norte, los Tucu Tucu, los Fronterizos, los Chalchaleros. Estos últimos años los Huayra salieron con un sonido y una propuesta nueva, hicieron algo muy interesante. Me pareció que proponían algo distinto, con una sonoridad nueva. Los de Imaguaré, y músicos como Ernesto Montiel, Barboza, Isaco…

Un solista que me gusta mucho como expresa la música es Francisco Benítez, actual ganador de La Voz Argentina.

Después hay gente amiga que se me hace difícil separar la relación humana de lo que me gustan como artistas, pero bueno, Orlando Veracruz, los Hermanos Cuestas, Néstor Cuestas me apoyó mucho a mí, los del Gualeyán, que tanto extrañamos a Pancita, Monchito Merlo también, siento un gran respeto por todos ellos.

-Hay quienes dicen que el artista no debe tratar de ser más que la obra. ¿Coincide?
-Uno no se debe sentir más que su obra. La obra que realmente trasciende, es más importante que el artista. Uno se muere, pero una canción puede seguir viviendo en los demás. Eso es lo importante. "Para Elisa" sigue ahí. Elisa y Beethoven están vivos en esa musiquita que escuchamos en cualquier rincón, a veces mal tocada. Atahualpa. Horacio Guarany. Tejada Gómez. Ellos viven en sus canciones, en sus letras.

-A esta altura de tu carrera, ¿te sentís un folklorista o un cantautor?
-Mi familia toda la vida cantó y escuchó folklore. Para mí el folklore es lo que identifica al hombre del interior. Las cosas simples. Un rancho. El campo, el caballo, el viaje en sulky… hoy hay autos, hay caminos de asfalto, es cierto. Pero a través de tantas generaciones vinimos caminando para llegar acá. Porque el presente no viene de afuera, es algo que hace todo el ser humano y nosotros somos parte de eso. Y todo eso que fuimos recorriendo es parte de nuestra historia, es lo que nos hizo como somos. Así que hay que rescatar las cosas lindas. Las historias. El mate, tomarse un vino, el encontrarse, y todas esas cosas que son tan nuestras. Eso es el folklore para mí. No una música nomás, toda una manera de vivir, como es la gente del interior. Eso es el folklore.

Y ser cantautor, y ser folklorista, entonces es un orgullo y una satisfacción diaria para mí. Porque con lo que canto trato de representar, de expresar, la vida de la gente que está haciendo tantas otras cosas en los pueblos, en el campo, en la isla. Entonces es un orgullo y una satisfacción.

Tus letras marcan tu identidad. Describen paisajes, personajes litoraleños y se pueden sentir como un viaje.

-¿Desde dónde abordás las letras y cuál es tu mirada la música actual?
-Las letras uno las aborda como un viaje. Son todas vivencias. Cosas que me han ocurrido, cosas que he compartido. Cosas que uno ve.

El lugar donde yo crecí, donde yo viví, es muy rico en cuanto a mensajes poéticos, a esencias y expresiones, costumbres, cosas que tienen una cadencia natural, cosas que sólo hay que mirarlas, darles importancia a cada actitud que tenemos los paisanos, los isleros, los puebleros, son cosas que nos identifican como un costeros, como un paranacero, como un litoraleño. Como un paisano de un lugar distinto, quizá un lugar agreste para un hombre de la ciudad. Pero no peligroso, ni primitivo. Un lugar distinto. Uno se encuentra sobrado de mensajes poéticos, de cosas que sólo tiene que orquestarlas para que se hagan música o poesía.

Un amigo dice en una chamarrita que "por libros que tenga un leído / la isla tiene un libro más". Y eso es así. Acá hay otras cosas que también te enseñan. Pureza. Tranquilidad. La lluvia, los sonidos del monte, todas las especies con todo lo que también nos pueden enseñar. Es tan hermosa, tan linda nuestra región que nos cobija a todos los isleños. En la isla la naturaleza tiene una potencia, una plenitud que no se puede terminar de describir.

-¿Cuál es la foto que te definiría a vos y a tu lugar?
-Puerto Gaboto es mi lugar. Es el lugar donde hago cosas, donde viví toda mi vida. Y es un tesoro, como algo guardado en un cofre al que nadie sabe sacarle la tapa. Han venido personas de Santa Fe, de Buenos Aires, de España, a escarbar, a trazar cosas, pero nunca se hizo bien, uno no quiere ofender a nadie pero de acá salieron nuestros chistes, nuestra gracia, nuestras maneras de argentinos, acá se hacen las huertas criollas como hace siglos. Y de acá tienen que salir también las soluciones y los acuerdos que se necesitan.

Aquí en mi pueblo hay un lugar que a mí me resulta muy especial, más que los otros. En la barranca del Coronda, cerca de la desembocadura, un artista hizo un cristo de los pescadores – igual que tienen los de Baigorria en el Remanso Valerio. Está parado ahí en la vera del río. Si buscás en Google las palabras Puerto Gaboto, Cristo Pescador, encontrás la postal que te digo. Ese lugar es la foto más emblemática de mi pueblo. Esa obra pintada de celeste, cuando uno viene de la isla, cuando se asoma al río, sale por el arroyo, ver eso todo iluminado al pie de la barranca me da una emoción muy especial, me hace muy feliz. Y me siento realmente muy identificado con esa obra porque yo también fui pescador. El cristo de los pescadores. Esa es mi foto preferida de este pueblito del litoral, como le llamo en "Amanecer gabotero".

Este es un lugar muy hermoso y un pueblo muy lindo para conocer. Nos encanta mostrarle al visitante nuestro lugar y contarle nuestra cultura costera. El que quiera venir, cuando quiera venir, será bien recibido. Hay promesa de guitarra, de empanadas de pescado y de muy buena conversación.

-¿Cuáles son las novedades para los próximos meses?
-Estoy empezando a grabar mi cuarto material. Vamos a ver si le podemos dar la trascendencia en los medios que yo creo que merece. Trascendencia siempre tiene: tengo un montón de seguidores que me siguen fielmente y que quiero mucho, hay gente que escribe de las más lejanas partes del mundo. Pero tener la difusión masiva es otra cosa.

Hay que mencionar que es todo un tema componer y difundir estando en Gaboto, no es lo mismo que estar en Buenos Aires. Por eso es muy importante dar a conocer nuestras raíces, no alcanza con componer y grabar, hay que difundir.


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