Homenaje
"Chicha", como la llamaban sus afectos, nos dejó sólo tres días después de haber dialogado con El Litoral. Por esa misma razón, queremos homenajearla compartiendo esta última charla en la que rememora con orgullo y emoción sus años vividos.
Por Laura Burlando
Esta es la historia de Margarita Gallo Vigo, una santafesina que nació en 1919 y comenzó a leer el diario El Litoral cuando tenía 10 años. "Era el único diario que había y costaba 5 centavos. Leía algunas notas interesantes para mí, el chisme y las vidas ajenas nunca me importaron", relató. Para sus tres hijos y muchos nietos ella era "Mamina", una abuela amorosa y alegre, dedicada a cuidar con amor de su familia, lo más importante en su vida.
Pero muchos años atrás fue también una adolescente enamorada. Le brillaban los ojos cuando hablaba de Rodolfo, su único y gran amor. "Con mi esposo nos conocimos a los 15 años; estuvimos 10 años de novios y luego nos casamos. En aquel entonces tener novio no era como ahora: sólo nos veíamos una hora los martes, jueves y sábado, en la puerta de mi casa. Ambos vivíamos a una cuadra de distancia, yo iba a la escuela y él me esperaba en su puerta para verme pasar. Un día pidió permiso a mis padres para poder hablar conmigo. Así estuvimos un tiempo hasta que volvió a pedir permiso para entrar a mi casa. Fue un amor sin rupturas, hasta que falleció a los 67 años, hace ya mucho tiempo".
"Chicha" ayudó a su marido a que rindiera las últimas materias y se recibiera de abogado: "Cuando nos casamos él era delegado de Trabajo y Previsión; eran los menos quienes tenían un título universitario, en esa época el hombre se dedicaba más al trabajo manual alcanzada la mayoría de edad. Yo veía un futuro incierto y quería que tenga un título para que a su vez, sea un buen ejemplo para mis hijos. Muy sutilmente a la siesta, cuando los chicos jugaban, le decía que venga porque le iba a leer la materia y luego la comentábamos. Así pudo recibirse a los 40 años".
Margarita recordó con cariño a Leonor, quien la ayudaba en las tareas del hogar y a quien crió como a una hija. "Leonor era huérfana y había vivido en el campo, hizo el primer grado en mi casa y vivió con nosotros 30 años. Como estaba ociosa a la tarde le dije que ocupara esas horas en algo útil. '¿Por qué no estudias enfermería?', le pregunté. La inscribí en la Cruz Verde, empezó y se recibió. Tenía mucha voluntad y luego trabajó como enfermera toda la vida", narró.
"A mis nietos también los apuntalé en el estudio. Me fui con uno de ellos un mes a Rincón, solos para que se concentre en estudiar la última materia de medicina, ya que en su casa se distraía. Me apasionaba Rincón así que mientras mi nieto estudiaba, me ponía a pintar todo lo que encontraba, faroles de la quinta, etcétera. Siempre me gustó estar en actividad".
Para "Chicha", festejar sus 102 años en perfecto estado de salud fue algo natural. Su vida la puso al servicio de los demás y a la educación de sus hijos. "Soy de la 'vieja escuela', creo en la disciplina y el orden. Actualmente los hijos mandan y los padres callan, yo no. Si creía que alguien estaba en condiciones para afrontar algo, constantemente lo apuntalaba. Me he dedicado mucho a mi familia, incentivándolos para que se desarrollen y dándoles el ejemplo todo el tiempo. Los hijos aprenden de la vida, observando lo que hacen los padres".
Margarita no sólo tenía una enorme sonrisa, sino también un gran corazón. "Cuando mi suegra enviudó, alquilamos una casa más grande para que viva con nosotros. Al poco tiempo se enferma mi madre y la traje también, tenía dos personas mayores en mi casa y tuvimos que contratar una empleada para ellas", relató.

En la foto, con toda su familia.Foto: Gentileza
Durante los últimos 100 años el rol de la mujer en el hogar y en la sociedad fue cambiando mucho. "Como logro y avance social, creo que hoy a la mujer se la valora mucho más. Antes era más recatada, íbamos a algunas reuniones, sólo las que correspondían. Ahora salen con amigas y los maridos quedan a cargo de los chicos. La mujer es más libre a la hora de hacer su vida, no hay renunciamientos. En el pasado el hombre tenía privilegios y toda la libertad, se sentía dueño de su mujer, la cual era servil y aguantaba aquello que no le gustaba. Creo que se debe valorar a la mujer siempre y el diálogo debe ser permanente", consideró Margarita.
"Cuando era chica terminabas la escuela primaria y te mandaban a una escuela industrial para aprender a coser, y luego quedabas en tu casa para realizar las tareas del hogar. Particularmente me siento una privilegiada: he tenido una vida muy feliz porque he hecho lo que he querido. Siempre me he sentido valorada y ayudada para conseguir todo lo que me proponía. Estudié magisterio y trabajé en la Escuela Belgrano N° 2. También la educación ha cambiado, los alumnos de aquel entonces eran más respetuosos, había silencio y disciplina, con sólo mirarlos se calmaban, no necesitaba alzar la vos".
Si bien nunca se interesó por la política, "ahora veo todo más incierto y las ideas fugaces", contó Margarita. "Prometen cosas que no cumplen. Vivíamos más tranquilos y seguros en todos los órdenes sociales. Había mayor seriedad y respeto. No teníamos esa ambición desmedida que hay ahora, nuestras vacaciones eran en Rincón, donde muchas familias veraneaban. Se vivía más humanamente, ahora es todo más superficial y ficticio".
"Chicha" enviudó a los 65 años, vendió el auto que no usaba y se fue con su hija a Europa. "Era un sueño que tenía, ya que mi marido no quería salir del país. He viajado por todo el mundo, he sido muy audaz". Dijo no tener una receta para vivir tantos años con plena salud, pero dialogando con ella se encontró la clave: no se llevaba mal con nadie, cuando veía algún desacuerdo trataba de equilibrarlo y emparejarlo. Pensaba que todos, por más rival que sean, tienen algo de reconocimiento e inteligencia. Creía en la paz, no discutía, se adaptaba a las situaciones de manera flexible. Mantenía el equilibrio y la armonía en cualquier circunstancia de la vida.
N. de la R. Margarita Gallo Vigo falleció días atrás. Esta nota es un homenaje a su historia de vida.




















