A 20 años
CONRADO BERÓN | redaccion-er@miradorprovincial.com
En la provincia de Entre Ríos, recordar la crisis del “corralito” es recordar los federales, las protestas, los saqueos y una situación tan angustiante como dolorosa para aquellos que aún llevan marcada esa época en su memoria. El castigado norte entrerriano no fue la excepción a la hora de sufrir una recesión económica con pocos antecedentes en nuestra historia reciente.
En La Paz, el intendente electo por el Partido Justicialista, Mario Ceferino Golly, falleció luego de atravesar un momento complicado de salud, y el resto de su período (1999-2003) fue completado por su viceintendente, José Nogueira.
De profesión médico pediatra, Nogueira asumió en enero de 2002 y nunca imaginó ser el capitán de un barco en medio de una tempestad más que furiosa.
“Joselo”, como se lo conoce en La Paz, activó su memoria y dialogó con MIRADOR ENTRE RÍOS sobre esa crisis y los mecanismos que se usaron para atravesarla.
–¿Cómo fue el momento en el que te enterás que vas a ser el intendente por la muerte de Golly?
–Me enteré por un llamado del exintendente José Aimone, contándome que había fallecido Golly y tenía que asumir como intendente. Estuve pensando bien qué hacer, ya que había una debacle económica y social. Yo asumí cuando estaba (como Presidente, Adolfo) Rodríguez Saa. Me tomé tres días, se especulaba con que no iba a asumir, pero yo tenía ese compromiso. Si no aceptaba, pensaba en lo que le iba a decir a mis hijos en relación a no cumplir con la palabra dada. Acepté y lo primero que hice fue hablar con Lidia, mi hermana, (también médica) que estaba trabajando en el hospital, para decirle que la quería al frente de Desarrollo Social. También pensé en Susana Gabini para que fuera secretaria de gobierno. Los primeros días fueron duros, hacía tres meses que no se pagaban los sueldos porque se había caído la coparticipación. Les sinceré la situación y le buscamos la forma de sobrevivir. Había hambre en la ciudad. Mucha gente de La Paz tenía sus hijos estudiando afuera y se tenían que volver a vivir acá porque con el federal no se podía hacer nada.
CONVOCATORIA
–¿Qué les tocó hacer como Ejecutivo?
–En el municipio decidí abrir la participación a través de una propuesta de los sistemas locales de salud, que consiste en convocar a todos los sectores sociales y en eso noté mucho compromiso. En ese momento asume (como Presidente, Eduardo) Duhalde y el Concejo Deliberante siempre estaba lleno de gente que convocábamos para salir juntos de la crisis.
–¿Tuviste miedo, a qué?
–Sí, obviamente que tuve miedo, todos los días lo tuve. Miedo a cómo se iban a alimentar los chicos, cómo me iba a ir con la toma de decisiones. Tenía mucho miedo a que se repita el estallido social. Cuando llegaba al municipio, pasaba por las carpas armadas en la plaza, docentes y desocupados, siempre con el diálogo fuimos armando algunas cosas para buscar soluciones.
–¿Cómo fueron esos días previos al estallido social?
–La cuestión económica en el año 2000 denotaba un estancamiento económico muy grande, había un gran desencantamiento de la gente, recuerdo que comenzaron los clubes del trueque. Como en esa época el viceintendente no cumplía ninguna función específica, recuerdo que en mi consultorio pediátrico atendía a cambio de bonos de trueque. Había desocupación y hambre. Todo esto desencadenó esos días de diciembre de 2001. En La Paz escuchaba la policía ir y venir y fueron horas tenebrosas.
DIARREA O HAMBRE
–¿Qué recordás de tus primeros meses como intendente?
–Una de las cosas que más recuerdo es que no había para darle de comer a los chicos en los comedores, entonces llamé a una amiga y colega mía que era nutricionista en el Hospital Garrahan, le conté que tenía leche cruda donada en parte por la gente de la estancia La Vigilancia, que me regalaba muchos litros y el resto me los dejaba al costo prácticamente. Cuando le planteo esto, la respuesta de ella fue simple: entre una diarrea por tomar leche sin tratar o una muerte por hambre, nos quedamos con lo primero. Me dio consejos para que traslade la leche en frío y la hierva antes de servirla y así solucionamos en parte el tema de los chicos. Algunas instituciones nos donaban carne, soja o maíz y con eso fuimos paliando el hambre entre los chicos más carenciados.
–¿Cómo se hizo con el pago de sueldos?
–Pusimos el eje en el pago de los sueldos, la cuestión principal era cómo pagamos los sueldos y cómo se estabilizaba la parte económica del personal y cómo se atendía a los barrios paceños mas carenciados. Buscábamos cuál podía ser una salida. En ese momento estaba trabada la habilitación y las excavaciones para el pozo termal, entonces hicimos mucho hincapié en avanzar con eso, para darle una oportunidad a La Paz.
Recuerdo que regularizamos la situación con mucha solidaridad por parte de los empleados municipales, con quienes se generó algo muy lindo en ese tiempo. Yo pedí no cobrar mi sueldo, era sólo un viático, ya que no aportaba a la Caja de Jubilaciones y se viajaba en colectivo, sin gastar en casi nada del estado.
Unión y decepción
–¿Te atendían el teléfono en la provincia o en nación?
–En la provincia estaba el paceño Oscar Berón, como ministro de Economía, y él nos consiguió los primeros 200 planes que recién empezaban a aparecer. Después se abre el Plan Trabajar y gracias a una entrevista con “Chiche” Duhalde, quien me dio acceso permanente a su teléfono y así en agosto de 2002, vino ella con los planes de las manzaneras.
Julio Solanas como diputado en el Congreso, y Daniel Scioli, como ministro de Turismo, nos ayudaron mucho. Me quedo con la unión que hubo para salir de la crisis, cosa que hoy no puedo visualizar.
–¿Alguien te decepcionó en ese momento?
–Algunos legisladores del Partido Justicialista al que yo pertenecía, no me atendieron el teléfono en ese momento. Varios de ellos, que estaban en Buenos Aires, no nos atendieron.



















