Nadie estuvo cerca de lo que puede dar…
Algo de Meza con sus proyecciones, algo de Farías con jugadas lejos del arco de Armani y la voluntad de siempre de Aliendro. Muy poco ante tanto River.
(Enviado Especial a Santiago del Estero)
En un partido sin equivalencias, que se terminó con el primer gol, las figuras no surgen espontáneas en Colón. Los niveles han bajado muchísimo. Cuando los jugadores no funcionan, es muy difícil que un equipo lo haga. Y esto viene pasando desde hace un tiempo con este equipo de Domínguez, llamativamente goleado en este torneo cuando, si en algo se destacaba, era en la capacidad para hacerse sólido del medio hacia atrás y en aprovechar las debilidades que le otorgaba el rival.
Rascando la olla, la búsqueda apunta a algunos “ratitos”. Por ejemplo, la peligrosidad que en algún momento pareció imponer Meza (5) por el sector derecho, proyectándose mucho en el tiempo que estuvo en la cancha. Es cierto que regaló espacios a sus espaldas y Paradela los aprovechó, pero también es verdad que cuando pasó al ataque, le llevó no pocos problemas a Casco y metió algunos centros que no prosperaron por la ausencia de un “9”.
Aquí está clara una de las grandes diferencias. Mientras River arranca la sucesión de goles con un centro que capitalizó un centrodelantero con todas las letras como Julián Alvarez, Colón no tuvo un jugador en esa posición para aprovechar los tres o cuatro centros que desde la derecha llegaron al corazón del área.
Otro jugador que se puede rescatar es Farías (5), uno de los pocos junto con Bernardi (5) con capacidad para sacarse una marca de encima. Ocurre con Farías que baja demasiado a buscar la pelota y eso le quita presencia en el lugar en el que puede lastimar, que es en los últimos 20 metros de la cancha. Es difícil que el desequilibrio lo produzca arrancando a 40 o 50 metros del arco. Podrá hacerlo en los primeros metros, pero enseguida se diluirá naturalmente. Bernardi arrancó por izquierda y metió varias diagonales que abrieron espacios pero que no pudieron prosperar.
Aliendro (5) siempre “salva la ropa” por su empuje, sus ganas y esa entrega voluntariosa de siempre. Trató de empujar al equipo, pero no puede ser el único en cargárselo al hombro. Igualmente, es otro que se puede rescatar. Punto y aparte.
El resto hizo poco y nada. Con problemas Bianchi (4), que arrancó bien pero que a medida que pasaron los minutos y crecieron los espacios se fue complicando muchísimo por su lentitud. Algo similar pasó con Goltz (4) y con un Delgado (4) que a medida que pasaron los minutos también se fue complicando mucho con la mayor velocidad y habilidad de un River ágil y contundente.
En el medio, flojo lo de Lértora (4), lejos de ese nivel de excepción y con regularidad que se le vio en la Copa de la Liga. Totalmente intrascendente lo de Castro (4), que jugó su último partido en Colón y también fue un jugador que bajó notoriamente su nivel hasta caer en este piso que lo alejó muchísimo de aquello que mostró en el torneo pasado. Ferreira (4) fue otro de los que hizo poco y nada, pues se ubicó por el costado derecho, un poco más adelante que Castro y no se formó esa sociedad que ambos supieron armar en otros tiempos, sobre todo en aquella recordada final ante Racing.
De los que entraron, tampoco hay nada para rescatar. Solo la voluntad de Pierotti (5) para buscar la pelota e intentar un aporte que casi siempre cayó en la nada; flojo lo de Beltrán (4), bien tomado por los defensores de River y también lo de Mura (4), que no encontró nunca la forma de clausurar su lateral. Más adelante se produjo, en el final, la entrada de Leguizamón, cuando ya el equipo estaba totalmente vacío de fútbol y con un resultado imposible de remontar.
Queda para el final lo de Burián (4). Pudo haber tenido otra reacción en el primer gol y fue anticipado en el segundo. De aquél arquero salvador de tantos partidos y que muchas veces pareció imbatible, pasó a ser un arquero vulnerable. No termina bien un año que fue muy bueno para él en la primera parte, aunque se desdibujó en la segunda mitad.
Hay jugadores con olor a ciclo cumplido, más otros que por su cotización será difícil de retener. La prioridad es arreglar con Lértora, Aliendro y Bernardi, cuyos vínculos vencen a mitad de año y todos tienen una propuesta para seguir. Lo mismo pasa con Garcés, una ausencia que se notó mucho y que resulta inexplicable, máxime después de la trascendencia que tuvo durante todo el año y sin hacer ningún mérito ni cometer ningún pecado para salir. Este final que, insisto, no puede manchar todo lo bueno que logró Colón durante el año, que fue muy bueno e histórico por el título ganado.
Duele perder de esta manera. No por la derrota en sí, sino por la manera, por las formas. Perder con River es para cualquiera. Se trata del mejor equipo del fútbol argentino, con una línea de juego que lo diferencia de todos. River somete a sus rivales. Y Colón no fue la excepción. Ocurre que se puede perder, pero si se hace de otra manera, por más que valga lo mismo, el costo y el dolor se matiza, se mitiga. El 0-4 duele. Pero no tiene remedio.

















