Del crespense Maximiliano Schonfeld
El joven cineasta Maximiliano Schonfeld, oriundo de Crespo, resultó ganador con su película “Jesús López” del segundo premio oficial más importante del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, al ser elegida en primer lugar de la Competencia Latinoamericana.
Hagar Blau Makaroff
redaccion-er@miradorprovincial.com
Cuando el día ya se hizo noche frente a la playa Bristol el sábado 27 de noviembre, frente a un teatro Auditorium repleto se anunciaron las películas ganadoras del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, y en la Competencia Latinoamericana, segundo premio oficial más importante, resultó ganadora la magnífica “Jesús López”, del realizador audiovisual entrerriano Maximiliano Schonfeld, quien en los agradecimientos destacó la nueva Ley de Cine de Entre Ríos aprobada el jueves 25 de noviembre.
En esta 36° edición, con esta película que roza entre el costumbrismo y lo fantástico de una forma magistral, con el valioso aporte de la –también entrerriana– escritora Selva Almada, se llevó nada menos que el Premio Astor Piazolla al Mejor Largometraje, y la justificación del jurado fue “por su valentía en sostener y seguir creyendo en un relato clásico, asumiendo las formas de su contemporaneidad, poniendo la brillante puesta en escena y la actuación al servicio del espectador”.
De santos, glifosato y pandemia
MIRADOR ENTRE RÍOS pudo conocer en profundidad y de primera mano la cocina de la película premiada y en un mano a mano con el cineasta obtuvo algunas respuestas enriquecedoras, y que dejan con ganas de una producción de un libro en ciernes, ya que el propio director adelantó que “junto a Selva Almada estamos editando algunas de las escrituras sobre los personajes del film, trabajando en un posible libro sobre ese universo”.
–La trama me remitió a los simbolismos del Gauchito Gil y a las creencias religiosas de esta región litoraleña. ¿Cómo surgieron esos condimentos en el guion para dar misterio al relato?
–La verdad no me había puesto a pensar en el Gauchito, pero ahora que lo decís hay algo de eso, de un santo salvaje, quizás algo despiadado muy arraigado al paisaje. Creo que los santos populares son constitutivos en la forma de ser de los litoraleños.
Con respecto al misterio siempre hubo varias capas dando vueltas. Por ejemplo, una idea que trajo Selva de que los que murieron jóvenes tienen envidia de los vivos y no se quieren ir y entendíamos que el personaje de Jesús todavía podía estar ahí dando vueltas, molestando a los demás o queriendo tomar el cuerpo de alguien para estirar su vida. También la sensación de peligro permanente que implica jugar con la velocidad, como si la vida necesitaría de esos momentos para que tenga un sentido. Al menos en los pueblos lo veo así.
–¿Cómo fue trabajar en el relato junto a Almada cuyo universo creativo tiene tanto de misterio como de regionalismo?
–Selva trabajó a los personajes de una manera literaria, escribiendo pequeños relatos de cada uno de ellos. Esos relatos tenían un aire muy poético, pero también describían algunas escenas que no estaban dentro de la narración principal y esas derivas les daban cuerpo a los personajes más allá de la película. Yo intentaba encauzar todo eso y darle un pequeño arco dramático y “rellenar” las partes para que se entienda la historia.
–El contexto de la historia es muy representativo de la vida rural litoraleña, y hay un diálogo donde se sugiere la resistencia al cambio productivo del glifosato. ¿Por qué se pensó en ese contexto para narrar la historia?
–Creo que es la gran tragedia de nuestra provincia. De verdad pienso que la agricultura industrial es un genocidio silencioso. Las tierras están envenenadas, los arroyos también, la gente en los pueblos muere de cáncer, el Estado permite el desmonte. Para mí es imposible hablar de los pueblos de mi provincia sin este contexto. Creo que es un tema que atraviesa todas mis películas, quizás de una manera tangencial, pero constante.
–Este film fue atravesado por la pandemia. ¿Cómo fue esa experiencia tan particular, en la que debieron sumar protocolos y burbujas, aunque también esa suerte de espera los hizo mejorar la producción, al sumar en el rodaje un subsidio internacional en el camino?
–Sí, tuvimos que parar en la tercera semana de rodaje y luego retomamos ochos meses más tarde, el verano pasado. Por suerte en ese momento habían bajado los casos y pudimos trabajar muy cómodos, pero obviamente con los cuidados necesarios y haciendo burbujas con actores y equipo.
En el medio del parate ganamos un fondo del Centre National du Cinéma et de L'image Animée (CNC), que es un fondo muy importante de Francia y sin eso hubiese sido imposible terminar la película.
Este dinero se concede a proyectos de largometrajes extranjeros que buscan el apoyo de coproductores franceses. En 2021, tuvo un presupuesto total de 6,4 millones de Euros. Cada año se organizan cuatro sesiones, apoyando unos 50 proyectos, uno de ellos fue el film entrerriano “Jesús López”.
Sorpresa y alegría
En la ceremonia de premiación, en Mar del Plata, y rodeado de su equipo técnico y sus dos protagonistas, un movilizado Maxi Schonfeld expresó: “Qué sorpresa y qué alegría. En primer lugar, gracias al festival, a los programadores por hacernos parte de esta fiesta. Gracias al equipo, que está acá presente, que nos han acompañado, a las productoras de Murillo Cine, que sin ellas era imposible hacer esta película que era una aventura”.
La película
En el argumento de la película ganadora en cuestión, Jesús López es un prometedor piloto de carreras que muere en un accidente de tránsito con su moto. Su primo Abel, joven campesino solitario y sin rumbo, empieza a habitar los espacios de Jesús. Se muda con los tíos, ocupa su habitación, empieza a vestirse igual que él, se relaciona con sus amigos, frecuenta recitales y motoencuentros, y también a la ex novia del corredor. Pero la mímesis alcanzará límites imprevisibles, que lleva a una inesperada y misteriosa transformación.
Enmarcada en un impreciso pueblo litoraleño de Entre Ríos, esta historia sucede durante el proceso de cambio de producción agrícola a mayor escala, con utilización de glifosato y la resistencia de algunos campesinos a esta nueva ola.
La historia cumple con un tempo propio muy particular, con atmósferas enrarecidas y a su vez una rápida identificación con los vínculos de esta familia atravesada por un duelo, donde sin embargo no hay drama sobrante, y donde aparece un guiño certero a las creencias populares y religiosas para marcar el tono místico de la narración.
Ficha técnica
-Guion: Selva Almada, Maximiliano Schonfeld
-Fotografía: Federico Lastra
-Edición: Ana Remón
-Dirección de Arte: Tatu Ravotti
-Sonido: Sofía Straface
-Música: Jackson Souvenirs
-Producción: Georgina Baisch, Cecilia Salim, Maximiliano Schonfeld
-Compañías Productoras: Murillo Cine, Luz Verde
-Duración: 90 min.
-País: Argentina, Francia
-Año: 2021




















