Siempre presente
A pesar de que el final era inminente y de que las fuerzas apenas le permitían disponerse a escribir, Enrique Benvenaste, hizo pública su situación. Le pidió a los legisladores que analicen la posibilidad de que los marcadores tumorales sean incluidos, ley mediante, en los análisis de rutina y de esa manera detectar el cáncer a tiempo y proceder a su cura.
Sabina Melchiori
redaccion-er@miradorprovincial.com
Enrique Aníbal Benvenaste, a quien sus conocidos llamaban “Quique”, murió el 29 de octubre de 2016. Tenía 44 años y era un excelente periodista de política. Los análisis que hacía al aire de su programa de radio y de televisión eran minuciosos. Manejaba información de calidad que obtenía tras varios viajes a la Legislatura nacional y otros tantos a la capital provincial. También solía trasnochar, whisky de por medio, con protagonistas de la agenda política entrerriana. No tenía hijos pero sí una novia joven que lo acompañó con dulzura durante todo el proceso doloroso de su enfermedad, un cáncer de páncreas que lo aniquiló en menos de un año, a pesar de cuatro cirugías, cadenas de oraciones y la tenacidad con la que Quique se aferraba a la vida.
Desde mi rol de colega y amiga, me tocó conducir con él su programa de televisión y hacerlo sola cuando sus fuerzas no le permitían estar presente. Una noche, antes de que se encendiera la luz de aire me confesó que le dolía muchísimo una pierna y me mostró lo hinchada que estaba. Fue lo más parecido a una queja que le escuché. La última vez que lo vi, él estaba en la cama de un sanatorio esperando que le dieran el alta para irse a su casa, donde finalmente murió un par de meses después, no sin antes encarar una batalla nueva: la de reclamar que en los exámenes médicos de rutina se incluyan los marcadores tumorales para que quien padezca cáncer, se entere antes de que la enfermedad esté avanzada.
“Les cuento que la enfermedad me venció. Que ya elegí quedarme en casa para pasar los días que resten. Estoy padeciendo mucho después de una cuarta cirugía que me ha dejado desarmado por dentro. No quiero dramatizar, aunque este sea una especie de despedida. Pero insisto en que al cáncer hay que darle lucha. Que el tema marcadores tumorales se analicen aunque muchos especialistas sostengan que no son parámetros para poner en análisis de rutina. Sin esos marcadores yo no hubiese llegado al diagnóstico en su momento. Pero que el tema se analice…A mis colegas, legisladores, les pido que no dejen de tenerlo en su agenda (…) por favor, más allá de que mi tratamiento no funcionó, a los que luchan deben siempre pensar que es posible porque hay un porcentaje importante que sí funcionan los tratamientos y se puede vencer. Por eso a ellos ‘Hasta la victoria siempre”, escribió el 21 de octubre de 2016 en su cuenta de Facebook.
Un tiempo antes había escrito:
“´Hasta la victoria siempre’ es el lema contra el cáncer. La lucha para vencer una enfermedad oncológica es larga y muchas veces la batalla se pierde. Eso no significa que sea en vano darla, sobre todo pensando que se puede hacer algo por el bienestar de otros. Elegí una frase histórica para el título de esta columna no por condición ideológica, sino porque me pareció la más adecuada para expresar lo que siento, y como creo en lo personal que se debe afrontar una enfermedad delicada como el cáncer, sabiendo, más allá de la fe y la medicina, que el final no puede ser el más feliz (…) es cierto que cuando en la batalla, por más dolorosa que sea, uno se pone objetivos más allá de la curación, se redoblan las energías por más que las drogas nos debiliten y en algunos momentos del día nos desanimen.
Entre tantos objetivos, además de luchar por amor a la vida, y los seres queridos que nos rodean, yo me puse como meta que mi enfermedad sirva para difundir, desde mi lugar como comunicador, todo lo que pueda ayudar a prevenir el cáncer y que hagamos todo lo posible por lograr un medio ambiente más sano.
Para prevenir hice un planteo a horas de mi operación en el mes de febrero, de que se podría analizar desde las legislaturas tanto provincial como nacional, la posibilidad de incluir ciertos marcadores tumorales por protocolo, ya que yo llegué a mi diagnóstico por una intuición mía, y que le pedí a la bioquímica que me los hiciera a pesar de que el médico no los había solicitado.
Debo reconocer que algunos legisladores provinciales y nacionales se interesaron en mi planteo y lo agradezco, pero también debo decir que es probable que el tema se prolongue demasiado y que no se llegue a buen puerto.
Durante todo este tiempo diferentes especialistas médicos me han explicado que determinados marcadores no se pueden poner en protocolos porque las estadísticas establecen que no son estudios viables ya que hay un determinado porcentual de error. Eso generaría todo un movimiento en el sistema de salud que no se justificaría y que no se podría aplicar en muchísimos lugares del territorio, ya sea nacional o provincial.
Es cierto que cuando hay un estudio precoz y ese error se transforma en certero se puede, tal vez, salvar una vida. Entonces me he preguntado: ¿hasta donde se está dispuesto a pensar y estudiar que detrás de las estadísticas hay vidas que se pierden y que tal vez podemos evitarlas? Cuando ensayo posibles respuestas pienso que en materia de políticas de salud aún estamos muy atrasados y en muchos casos, se sigue llegando tarde. Por eso es importante insistir para que el tema al menos se analice y evitar que alguien tenga que ir sin el aval de su médico a pedir marcadores tumorales, cuando en muchos casos hasta desconocen que existen.
Vuelvo a la frase del título, porque la victoria de luchar contra el cáncer puede no ser tan solo la curación, sino el hecho de que podamos contribuir para que otros se curen o puedan dar batalla precozmente, más allá de que el final que a uno le toque no sea el deseado.
También elegí la frase del título porque hace aproximadamente 19 años tuve la posibilidad de visitar Cuba, y charlando con un admirador y estudioso de la figura del Che, me contó que cuando estaba por viajar a Bolivia le dijo a sus más cercanos que probablemente encontraría la muerte, por el clima de la selva para su asma y porque temía no tener el apoyo suficiente. Pero les dejaba en claro que lo aliviaba saber que su muerte no sería en vano y valdría la pena luchar”.
La palabra de los especialistas
En diálogo con Mirador Entre Ríos, el oncólogo Franco Ramello (MP 10827) explicó que “si bien a él (por Enrique) los marcadores le diagnosticaron la enfermedad, porque lo llevaron a la consulta bastante rápido, hoy ninguna guía internacional los incluyen porque se han ido bajando en consideración en cuanto a la efectividad del diagnóstico. Las guías lo han ido bajando porque son poco efectivos, por eso no se piden como rutina para diagnosticar cáncer”.
Seguidamente, el profesional adelantó que “lo que va a venir a futuro es la realización de una medición de proteínas de cada tumor, o medir en sangre el ADN circulante de los tumores, pero todo está investigación, es todo inicial. Los marcadores clásico casi que no sirven y cada vez se usan menos”.
Por su parte, la bioquímica Débora Kesselman (MP 800), explicó que los marcadores “son inespecíficos y no se usan para diagnóstico salvo el caso del PSA, además, algunos marcadores aumentan en caso de inflamaciones que no son tumores”. En ese sentido, aclaró que los marcadores tumorales “se usan como seguimiento una vez que el tumor fue diagnosticado o cuando el paciente terminó el tratamiento y se realiza un marcador por año para ver si hay una reactivación”.




















