Acrobacias aéreas
Cristian Grecca es vicepresidente del Aero Club Paraná, piloto privado e instructor de la institución. Hace años realiza shows de malabarismo aéreos mostrando maniobras y piruetas en su avión por todo el país. En esta nota cuenta la trayectoria hasta cumplir el sueño de ser aviador que tanto anhelaba y de su interés en lograr tener su propia escuela de acrobacias y pasar sus conocimientos a las futuras generaciones.
Inés Haddad
redaccion-er@miradorprovincial.com
Las acrobacias aéreas, también conocidas como vuelo acrobático, es la realización de maniobras y piruetas con un avión especial, ideado para este tipo de actividades. En el Aero Club de la ciudad de Paraná, que se encuentra ubicado en la Ruta Nacional 12 kilómetro 454, se puede aprender mediante cursos y capacitaciones que ofrece la institución a ser piloto y a futuro se proyecta enseñar acrobacias.
Mirador Entre Ríos dialogó con Cristian Grecca -instructor del Club, vicepresidente del mismo y gran acróbata de la capital entrerriana- acerca de sus pasos hasta lograr ser uno de los mejores en acrobacias aéreas.
– ¿Cómo fue la trayectoria para poder alcanzar esto tanto deseabas?
-Cuando termino mis estudios secundarios en 1991 ya estaba en mi cabeza ser piloto. Mi idea era volar, pero mis padres no tenían la posibilidad económica para costear una carrera de tal magnitud y hacía poco tiempo mi papá había entrado en quiebra, teníamos muchos problemas económicos, hasta costaba comer. Fue una situación muy difícil la que pasamos en esa época. Soy el mayor de cuatro hermanos y en ese momento entre en un pozo depresivo porque no podía hacer lo que tanto deseaba.
– Qué hiciste para seguir con tu proyecto?
– Mi padre, al tiempo con un dinero que tenía ahorrado, compra un corralón de materiales que estaba fundido y había que levantarlo nuevamente, entonces empecé a trabajar con él. Fueron meses sin sueldo, manejaba el camión haciendo repartos de la empresa y ni bien mi padre me da un sueldo fijo, me inscribo en el curso de piloto privado. Desde ahí nunca más deje de volar.
– ¿Cómo te capacitaste para enseñar?
-En 1994 comienzo a volar ya con el curso terminado, era piloto privado, después piloto comercial, piloto aero aplicado y finalmente instructor de vuelo. Comienzo a trabajar en el Aero Club de la ciudad y paralelamente en el corralón familiar. Por cosas de la vida, quizás no era para mí, nunca entre en una Aerolínea, pero estoy contento de todo lo que llegué a cumplir hasta el momento.
– ¿Cuándo decidiste ir por la rama de las acrobacias?
-Alrededor del año 2000 veo a Julio Benvenuto haciendo un show de acrobacias y me enamoré completamente de lo que veía, me imaginé haciendo eso y lo quise así. Él no enseñaba ni nada. Un día le escribo que quería aprender y cuando me pasa los precios era inalcanzable para mí, no podía pagar eso. Pasaron los años y nuevamente volví a contactarlo y ya era otra mi posición económica que si pude costear el curso y aprender con él. Gastaba todos mis ingresos en capacitarme, una vez por mes iba todo el fin de semana a La Plata y practicaba. Lo hice por lo menos diez meses, al tiempo lo empiezo asistir en los shows. Lamentablemente ese mismo año tiene un accidente y muere. Me quedé sin mi mentor, íbamos a comprar juntos un avión para mí. Teníamos proyectos juntos y quedé solo.
– ¿Sentiste en algún momento que la acrobacia no era para vos?
-Hubo varios momentos complicados en mi vida, de no tener nada, pasar mal económicamente, como podía pensar en tener un avión para hacer eso. Estaba totalmente alejado de mis sueños, pero se me fueron dando las cosas y logré tener mis aviones, de todos modos, en mi cabeza nunca dejé de volar. Hoy disfruto de lo que hago con mucha pasión.
– ¿Qué sentiste cuando compraste tu primer avión?
-Una sensación muy linda, fue realmente increíble. Recuerdo que mi amigo Gustavo Pasano se trae un avión de Brasil y al tiempo me dice que no era lo de él, que quería dármelo a mí y que se lo pague como pueda. No sabía qué hacer, pero le hice una entrega y lo pagué de a poco. Desde ahí creo que sintonicé y creé mi propia realidad, porque nunca tuve los recursos para semejante gasto y vino a mí. Todo se fue dando como tenía que ser y lo acepté.
Las acrobacias
El mejor momento de Cristian surge después de tener su propio avión y cuando comienza hacer shows por todo el país. De ahí en más las experiencias para él fueron únicas. Compró en Alemania su segundo avión, el Extra 330, lo mejor para acrobacias hasta el momento. Ampliamente dedicado a crecer en esta disciplina se centra en entrenar, enseñar y planificar lo que a futuro va a ser su escuela de acrobacias.
– ¿Qué proyectos a largo plazo tenés en mente?
-Mi proyecto es tener mi propia escuela de acrobacias, quiero enseñarles a las nuevas generaciones todos mis conocimientos y que más personas como yo crean que es posible, porque el universo es abundante y no existen los no. Creo que con lo que está en nuestro estado de conciencia uno va creando su propia realidad. Con todo lo que logré, es el ejemplo y la enseñanza de que las cosas si tienen que llegar, llegan. Que todo lo que tenga que ser, será y las cosas forzadas nunca llegan a buen destino. Si no pasa lo que esperábamos es porque no nos correspondía o no había sintonización con el objetivo o uno no lo percibía con amor. Por eso siempre recalco que las cosas y situaciones que tengan que ser serán y las que no hay que dejarlas ir.
Curso de Piloto en el Aero Club Paraná
En los cursos que Cristian enseña en el Club de piloto se tratan temas como: márgenes de vuelo y recuperación de situaciones anormales, iniciando con definiciones como pérdida de control, actitud de la aeronave, pérdida de sustentación aerodinámica, factor de carga, reacción por torque, precisión giroscópica, spiraling slipstream, carga asimétrica del factor-P, guiñada, maniobras defensivas, recuperación de una barrena involuntaria. Contacto para más información: 343-6986859, Cristian Greca.



















