Historias
Julieta López, una joven de 22 años, oriunda de La Paz, nació prematura y sin el sentido de la vista. MIRADOR ENTRE RÍOS dialogó con ella, para conocer la historia de una paceña que trabaja por y para las personas con discapacidad.
Conrado Berón
redaccion-er@miradorprovincial.com
Con una gran voz, una locuacidad propia de alguien que por sobre todas las cosas tiene ganas; Julieta no para de hacer y de soñar. Asistió a la escuela número 7 “San Lorenzo” e hizo el secundario en el Colegio Nacional, de La Paz, donde egresó en 2017. Además, fue a la escuela especial Hellen Keller, de Paraná, donde le enseñaron los contenidos específicos de la discapacidad visual, el sistema Braille, el uso del bastón, informática, actividades de la vida diaria, entre otras cosas.
Desde marzo de este año se integró al Área de Discapacidad, perteneciente a la Secretaría de Desarrollo Social de la municipalidad de La Paz. Desde ahí trabaja para mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad.
—¿Cuándo y cómo surgió la idea de sumarte al área de discapacidad? ¿Estaba en tus planes este trabajo?
—La idea surge a principios de 2021, después de varias charlas con el intendente Bruno Sarubi, donde comenzamos a hablar sobre las problemáticas en cuanto a la discapacidad visual en la sociedad y el por qué las personas ciegas no estaban asistiendo a ningún taller, ni tenían un espacio donde aprender las cosas necesarias a sus necesidades. Ahí surge la propuesta de sumarme, aportando desde mi experiencia propia ciertas herramientas para ayudar a chicos con discapacidad y a sus padres. Por otro lado, también se comenzó con campañas de sensibilización sobre discapacidad visual en la sociedad en general. Si bien yo sabía de estas problemáticas, nunca me imaginé trabajando en este lugar, pero desde el comienzo me sentí bien, al principio con ciertas dudas sobre cómo encararlo, más que nada porque era mi primera experiencia laboral. Pero con el tiempo voy tomando más confianza ante las situaciones que se presentan a diario.
—¿Cómo reacciona la gente cuando te ve realizar tus actividades en la calle?
—Lo que siempre noto en la gente es asombro, sorpresa y curiosidad. Me preguntan cómo hago las cosas cotidianas, les intriga mucho saber cómo manejo la computadora y el celu, les explico que uso lectores de pantalla que leen todo el texto. Siempre destaco la amabilidad de la gente cuando llego a algún lugar nuevo, siempre al pendiente de mí, si necesito algo, jamás sentí discriminación ni en la calle ni en ningún lugar público.
—¿Cómo lo toman las personas con otras discapacidades?
—Cuando la persona tiene alguna discapacidad ya no es tanto el asombro, y a veces tenemos necesidades en común, como el caso de las rampas, los obstáculos en las veredas que también son dificultades para las personas con sillas de ruedas. Hay otras discapacidades donde la comunicación se dificulta, en el caso de las personas sordas, por ejemplo. Ahí no se puede interactuar mucho. Pero más allá de eso, trato de acercarme, me siento de la misma manera y con la misma afinidad.
Lo cotidiano
—¿Qué pasatiempos tenés?
—En mi tiempo libre lo que más me gusta es cantar y tocar la guitarra. También me gusta leer, ir al gimnasio de forma recreativa, me gusta mucho escuchar partidos de fútbol, soy fanática de Boca, pero me gusta estar informada sobre el fútbol en general. El periodismo y la locución también son cosas que me gustan, siempre estoy haciendo algún curso y la idea es hacer radio en un futuro cercano.
—¿Cómo es ser funcionaria?
—Como empleada municipal, lo que me gusta es que aporto mi granito de arena para que la inclusión sea un hecho y no quede en palabras. Sobre todo en los niños con discapacidad visual que son los que más necesitan las herramientas y con sus padres, que son los que deben acompañarlos en este camino. Pero no todo son cosas positivas. Desde que empecé a trabajar me tocó ver que no todos tienen las oportunidades que yo tuve, que hay mucha desigualdad y que no siempre las personas con discapacidad tienen el acompañamiento familiar y del Estado que son fundamentales sobre todo en los primeros años de vida.
Pilares
—¿Qué rol ocupa tu familia en todo esto?
—Mi familia fue y es el pilar de mis logros. Por más predisposición que yo tenga, nada sería posible sin el apoyo de todos ellos. Siempre están ahí bancando todos los proyectos y desafíos que me propongo. Sobre todo es fundamental el apoyo en la infancia, donde uno no puede resolver ciertas cosas solo, y menos si tenés alguna discapacidad. Fue una gran tarea de mi familia acompañarme a la escuela, viajar conmigo a Paraná para ir a la escuela de ciegos, enseñarme cosas cotidianas que surgían sobre la marcha. Ellos aprendieron conmigo porque nada está en un manual y jamás me dejaron sola.
—¿Qué es lo peor de tu discapacidad?
—Lo más difícil es movilizarme sola en las calles. La Paz es una ciudad donde solamente hay veredas en el casco céntrico, ya en los barrios no hay referencias. Le estoy buscando la vuelta para usar el transporte público pero es un poco complicado. Pero igual insisto con eso. Tengo la ventaja de que la gente me conoce, siempre encuentro a alguien que se ofrece a ayudarme.
—¿Está cerca la sociedad de ser inclusiva con todos?
—En lo personal, siento que la gente me incluye. Si cometen algún error es por desconocimiento, pero cuando me conocen se adaptan a mí. Siempre me han abierto las puertas sin problema en el gimnasio, en los locales cuando voy a comprar algo, en la vida cotidiana en general.




















