miércoles, abril 29 2026

Fútbol

El paranaense Gastón Sangoy dio cuenta de su trayectoria deportiva. El entrerriano habló de sus orígenes en su ciudad natal; recordó detalles de su debut en Boca Juniors; repasó su trayectoria en el extranjero; contó detalles de lo vivido en Atlético Paraná; y compartió sus proyectos para el futuro.

Kevin Rivero

Hace casi 32 años, precisamente, el 5 de octubre de 1989, el paranaense Gastón Sangoy pisaba por primera vez las instalaciones del Club Deportivo Argentino Juniors, ubicado en Avenida Zanni y Jorge Newbery, en la capital entrerriana. Cumpliendo cinco años de edad, fue acompañado por su familia para que comience a ser parte de las categorías infantiles de la institución distinguida por los colores celeste y blanco. Sin imaginarlo, allí se inició su carrera deportiva.

A los 13 años, “El Toro”, como fue conocido posteriormente en el ambiente futbolístico, saltó a las divisiones juveniles del Club Atlético Boca Juniors, donde transitó un camino plagado de obstáculos y dificultades, pero nunca bajó los brazos. El 22 de octubre de 2003, con 19 años, y dirigido por Carlos Bianchi, debutó en la Primera División del Xeneize, en un encuentro que terminó con derrota por 1 a 0 frente a Atlético Nacional -Colombia-, en el marco de los cuartos de final de la Copa Sudamericana.

A su manera, fue construyendo su carrera y, rápidamente, emigró al exterior. En primer lugar, se sumó a las filas del Jong Ajax, el elenco juvenil de la histórica institución de Países Bajos; luego, continuó vistiendo las camisetas del Club Universitario de Deportes, de Perú; Millonarios, de Colombia; Hapoel Ahskellon, de Israel; Apollon Limassol, de Chipre; Real Sporting de Gijón, de España; Al-Wakrah, de Qatar; Arka Gdynia, de Polonia; Mumbai City, de India; y Nea Salamina Famagusta, de Chipre. En 2018, regresó a las tierras que lo vieron nacer para jugar en el Club Atlético Paraná; y en la actual temporada, se vinculó al Club Atlético Diamantino, pero no concretó su estreno en el conjunto entrerriano.

Hoy, radicado en Paraná, junto a su esposa Fabiana y sus hijos Bastián, Guillermina y Samuel, Sangoy, con 36 años, realiza el curso de director técnico y planifica su futuro.

En un diálogo muy ameno que mantuvo con MIRADOR ENTRE RÍOS, repasó su historia, habló de los sucesos más trascendentales que atravesó como futbolista y dio cuenta de sus proyectos para lo venidero.

-¿Por qué el fútbol? ¿Por qué empezaste a jugar?

-En Paraná arranqué a jugar a los cinco años en el Club Argentino Juniors y mis papás me llevaron a jugar como un regalo por mi cumpleaños. Ya era fanático del fútbol y estuve hasta los 13 años, donde me marché a Boca.

-¿Cómo llegaste al equipo del barrio de La Boca?

-Boca vino a hacer una prueba en 1998 y fuimos aproximadamente 300 chicos. Recuerdo que llegué a las ocho de la mañana y terminé jugando a las tres de la tarde. Era algo increíble. Quedé seleccionado, me pidieron un número de teléfono y al mes me invitaron para participar de un torneo de chicos a prueba que se desarrollaba en Misiones. En el segundo partido, me dijeron que me quede tranquilo porque ya era jugador de Boca. Hablé con mi familia y le insistí que me dejaran ir a Buenos Aires porque era lo que más quería.

-¿Cómo fue vivir solo en los primeros años?

-Vivía en la pensión en Casa Amarilla y fue un cambio grande. Convivía con chicos de mi edad y algunos más grandes, y eso me ayudaba; sin embargo, fue muy duro dejar la familia, pero era lo que soñaba y nunca me bajé. La peleé porque estaba en un club grande y la mayoría de mis compañeros llegaron a Primera División, como Matías Silvestre, Pablo Álvarez, Carlos Tévez, Franco Cángele, Juan Caffa y Federico León.

-¿Fue complicado insertarse en un vestuario que estaba lleno de glorias?

-No fue difícil porque los mayores te hacían sentir cómodo, dejando de lado que dentro de la cancha eran muy duros -desliza entre risas-. Sin embargo, siempre a todos los que subían, los hacían sentir bien. Estaban Raúl Cascini, Rolando Schiavi, Guillermo Barros Schelotto y ellos tenían su grupo, pero te hacían sentir como uno más.

-Con 19 años te marchaste a Europa. ¿Cómo lo viviste en ese momento?

-Fuimos con la cuarta división de Boca a un campeonato que se disputaba en Países Bajos. Nos vio Van Gaal y me llevó a préstamo junto a Sebastián Rusculleda. Fue una experiencia tremenda porque el fútbol era totalmente diferente. En lo personal, me costó la adaptación porque en invierno nevaba mucho y demoré cuatro meses en acostumbrarme. Aprendí mucho de las exigencias, ya que la gente en Europa, generalmente, es correcta, van por el camino que deben ir y siempre tiran para el mismo lado.

-Luego de un paso por Perú y Colombia, te fuiste a Israel…

-Israel es un país muy lindo. Me tocó estar en un pueblo que se ubica a 20 kilómetros de la Franja de Gaza, donde continuamente bombardean; pero, por suerte, en el tiempo que estuve no pasó nada. La pasé muy bien e hicimos historia en el club porque llegamos a la final de la copa nacional.

-Y tu primera vez en Chipre fue una de las mejores etapas de tu carrera…

-Estuve algunos meses en Israel y, luego, me fui a Chipre. Subí mi nivel con el paso del tiempo y en la tercera temporada me fueron a ver desde España. Me llegó una propuesta del Sporting Gijón y no dudé en aceptar porque era la Primera División del fútbol español y cumplía otro sueño. No me esperaba saltar desde un club chico de Chipre a la liga española y no se si ha pasado en otro caso.

-¿Cómo resumes tu etapa en España?

-Estuve tres años y aprendí muchísimo. Compartí la cancha con los mejores jugadores del mundo como Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, Sergio Ramos, Xavi Hernández y Andrés Iniesta. Son momentos únicos e irrepetibles que quedaron en mi memoria.

-Después de tu segundo paso por Chipre, te vas a Qatar. ¿Cómo fue tu experiencia en ese país?

-En Qatar no me fue bien, y no fue por mi culpa. Firmé un contrato por dos años y en el equipo solamente podían estar cuatro jugadores extranjeros; los demás debían ser del fútbol local o de provenientes de países limítrofes. Luego, llegó un jugador portugués que había sido comprado por un jeque y regalado al club; entonces, sí o sí tenía que jugar él y me tocó salir de la lista. Alterné de esa manera, entrando y saliendo de la lista, y cuando me iba a quedar muchos meses sin jugar, hablé con mi abogado para finalizar mi contrato. Fue una lástima porque futbolísticamente no era muy rico, pero vivir en Doha era fascinante.

-¿Y en el fútbol de India?

-En la India estuve durante cuatro meses. Vi mucha pobreza, y entendí que en ese lugar no existe la clase media; sos rico o sos pobre. Yo viví en un hotel y era muy chocante salir y ver a la gente comiendo del piso, bañándose en la calle o durmiendo en los autos, y al lado de esas personas había un auto de alta gama. Para mí, era muy loco pero, tal vez, ellos ya están muy acostumbrados. Por otro lado, para trasladarse era estresante porque podías tardar 45 minutos para hacer diez kilómetros. Fue una experiencia que me enseñó muchísimo.

-Tras jugar en Chipre nuevamente, ¿por qué decidiste regresar a Argentina?

-Fue una decisión familiar. Buscamos que nuestros hijos arranquen el colegio en Argentina y en ese momento surgió la posibilidad de sumarme a Atlético Paraná. Era un equipo nuevo porque se habían ido muchos jugadores, con muchos jóvenes y algunos que aportamos experiencia. Empezamos de cero y lamentablemente nos fue mal, y creo que la culpa no es totalmente de los jugadores porque, para mí, han hecho una mala gestión en el club.

-¿Qué sensaciones te quedaron del descenso de Atlético Paraná desde el Torneo Federal A al Torneo Regional Ameteur en 2019?

-En esa temporada empatamos muchos partidos y con el rodaje de los cotejos, tomamos el ritmo de cómo queríamos jugar, excepto el partido que perdimos por goleada en Concepción del Uruguay. Luego, cambiamos de técnico, me volví a lesionar y no jugué mucho. Pero, no sabía que había tanta corrupción en el ascenso argentino de parte de los árbitros. Era alevoso y generaba impotencia. Además, no tolero la injusticia y pensaba que no podíamos sufrir tanto los fallos arbitrales y en más de alguna ocasión se me salió la cadena por ese tema. Fue demasiado y hubo cosas que no me entraron en la cabeza; pero, había que callarse la boca y jugar más allá de la gran corrupción.

-¿Crees que era una factura del manejo dirigencial?

-No estoy seguro de lo que había detrás y jamás lo sabremos, pero algo detrás hubo. Éramos conscientes que de visitantes podíamos perder; sin embargo, también nos hundían en nuestra cancha. Lo que viví fue una locura.

-¿Te quedaste con ganas de tener una revancha?

-Me quedé mal por la situación que viví. Me jodió que no me hayan llamado desde Atlético Paraná después que tuvimos la mala suerte de descender. Ni siquiera me llamaron para ver si tenía ganas de seguir y, realmente, me molestó eso. Fue muy raro. Yo tranquilamente podía quedarme en otro club del exterior, pero vine porque quería sacarme la espina de jugar en Argentina y en un club de mi ciudad. Justo tuvimos esa mala fortuna.

-Tras este episodio, ¿te quitaron un poco las ganas de seguir compitiendo?

-No encontré nada que me seduzca hasta que apareció la posibilidad de jugar en Diamante. Mientras me divertía en una liga libre en Paraná, me ofrecieron esa oportunidad y quise probar porque recién tengo 36 años y si me pongo en forma, tal vez, podría jugar. Pero, con esta situación no sirve de nada estar entrenando sin un objetivo claro.

-Y ahora, ¿qué proyectas para tu vida?

-Dejé la puerta abierta para nuevas cosas. En este último tiempo, me dediqué a la familia y continué con el curso de entrenador. Quiero seguir haciendo cosas relacionadas al fútbol y me gustaría estar metido en algún club para obtener experiencia de otra forma.

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