Concordia
José María fue docente y carpintero. Decidió jubilarse, pero no quedarse quieto, así que junto con dos amigos idearon y llevaron adelante el proyecto. La aeronave está casi lista y la llevará al aeroclub para poder probarla.
Belén Fedullo
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En los documentos, actas y papeles dice que José María Belardi ya lleva vividas 8 décadas, pero en su modo de ver y vivir la vida, se reflejan menos. La pasión y la ilusión no lo dejaron frenar, siquiera en tiempos de pandemia, luego de haberse jubilado.
Hace 3 años, con los planos en la mano, decidió cumplir un desafío más. Carpintero y docente de profesión, el pensar, analizar y ejecutar son las tareas que sabe cumplir y por eso se animó a comenzar a construir nada más ni nada menos que un avión.
Fueron dos amigos que conoció en el mundo del aeromodelismo, Adolfo “Fito” Bikkesbakker y Mario Ziegler, los que lo animaron a tomar semejante decisión. “Un día vinieron dos amigos a mi taller y me dijeron ‘mira lo que tenemos para vos Bale’; eran los planos del avión. Me encantó la idea, así que abandoné lo que estaba haciendo para ponerme a pensar cómo hacer esa aeronave”, contó. Lejos de creer que era una idea imposible, aceptó la propuesta y comenzó a delinear el proyecto en compañía de quienes lo creyeron capaz de lograrlo.
Fue así que José María construyó desde las raíces de un Woody Pusher, es un monoplano biplaza en tándem, ala alta tipo parasol, diseñado en los años 60. El nombre que eligió no pasa desapercibido: “Le puse ‘El viejo Bale’ porque así me dicen mis amigos y me pareció que eso quedaba bien”, comentó, entre risas.
Dedicar tiempo a “hacer ciencia”
Cuando confirmó que quería dedicarse de lleno al proyecto del avión propio, Balerdi decidió jubilarse y ocupar todo su tiempo en lograr su objetivo. En ese lugar en el que pasó tantos días, su taller, comenzó a ver los planos, hacer cuentas y ensamblar, con paciencia, todos los materiales.
“Nos llevó 3 años en total la construcción. Se que se puede hacer en menos tiempo, pero este es un trabajo que lleva muchísimas medidas y muchísima exactitud, se vuelve muy cansador y no podés trabajar 8 horas como en un oficio convencional. De todos modos lo tomé como una rutina, trabajé siempre de lunes a viernes y durante los fines de semana descansé, no entré en el taller”, dijo a Mirador Entre Ríos, mientras reconoció que “no había nada que me apurara para terminarlo”.
“Los que saben mucho más que yo calculan que un avión de este tipo lleva entre 2000 y 3000 horas de trabajo, e incluso hay gente que ha hecho otros aviones similares y a lo mejor les lleva 7 u 8 años por distintos motivos”, contó luego.
Sobre el proceso de armado, especificó: “Tengo todos los planos de una fábrica en Estados Unidos y con eso hice el trabajo. Como soy carpintero, tengo las máquinas, sé elaborar madera, aunque tenía mucho respeto, tal vez algo de miedo. De punta a punta tiene un listón de madera de pino de 19 por 19 milímetros. Estaba solo en el taller, me los puse en la mano a los listones y me dije ‘voy a volar arriba de esto’, pero después cuando lo armé vi que era una estructura segura y fuerte, aunque a simple vista no parezca”.
Si bien la actividad fue llevadera, sabe que la precisión que necesitó y los detalles a los que hace alusión no son sencillos. Después de muchos años haciendo aeromodelismo, Balerdi reconoce que no hay que dejar nada librado al azar y eso le es reconocido por quienes lo acompañan. “Yo lo vivo con naturalidad, es algo que me gusta, pero uno de mis amigos me decía que esto es una ciencia, y si bien creo que no es ninguna obra de arte, no es fácil, así que tal vez algo de eso haya”, reconoció.
La sensación de volar en su propio avión
Aunque dice que su origen “Vasco” no lo deja manifestar del todo sus emociones, en su tono se refleja la alegría y satisfacción, y reconoce estar “ilusionado”.
“A mí me hace mucha ilusión poder volar en un avión hecho por mí. Es algo emocionante el decir un día ‘voy a volar mi avión’, creo que esto no estaba ni en mis mejores planes y suena lindo, es hermoso pensarlo así, pensar en volar algo propio y encima hecho con mis manos. De otra manera hubiera sido difícil porque no tengo dinero para ir a comprar un avión”, comentó.
Son muchos los “sentimientos encontrados”, pero el proyecto en el que invirtió su tiempo durante los últimos 3 años está cerca de carretear e ir a las alturas. “Estoy cerrando los detalles finales, pero en cualquier momento llevaremos el avión al aeroclub, lo ensamblaremos y probaremos”, dijo esperanzado y agregó: “Ya probamos el motor, y cuando lo encendí me sentí feliz, es algo inexplicable, muy fuerte, en cierto modo yo siento que lo parí”.
A poco de llegar al día de ensamblado y prueba, Balerdi ya tiene el público asegurado. Es que la expectativa es tanta, que hay un grupo numeroso de personas que irá al aeroclub a acompañarlo y aplaudir el momento en que el octogenario encienda el motor y salude desde los cielos.




















