Historia de vida
Juan Pablo Massaferro consumió drogas durante 15 años. Llegó a vivir en la calle y a pesar 45 kilos. Tocó fondo pero pudo salir, y desde hace casi dos años lidera “Proyecto Unir”, un equipo terapéutico conformado por profesionales de diversas áreas de la salud para acompañar y contener a quienes quieren recuperarse de las adicciones. Además, sueña con que Gualeguaychú cuente con una comunidad terapéutica.
Sabina Melchiori
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Juan Pablo recibe a MIRADOR ENTRE RÍOS en un dúplex ubicado sobre la calle Cervantes al mil quinientos. Allí es donde funciona “Unir”, el proyecto de acompañamiento y contención terapéutica que ideó tras haberse recuperado de su adicción a las drogas y haber trabajado en la comunidad donde logró su recuperación. En la sala hay sólo tres sillas distantes entre sí y otras tantas apiladas a un costado para, llegado el caso, desplegarlas y formar una ronda. Juan, vestido todo de gris, a excepción de sus zapatos de cuero marrón, se ubica en una de las sillas y nos ofrece lugar en las otras dos.
Sobre la pared cuelga un banner con el logo y el eslogan de Unir: “Acompañamiento y contención terapéutica”, el proyecto que Juan Pablo —en su rol de operador socioterapéutico en adicciones—, dirige desde hace casi dos años: “Transitamos… acompañamos un proyecto de vida en el cual es importante la unión, es decir, todo lo contrario al aislamiento que genera la adicción”, explica, y a continuación detalla que el equipo terapéutico está conformado por profesionales de la psicología, de la psiquiatría, de la educación física, acompañantes terapéuticos y diversos talleristas de áreas como música, yoga, arte y equinoterapia, entre otras.
El propósito de Unir es armar tratamientos ambulatorios personalizados según lo que cada persona necesite, pero el objetivo principal de Juan Pablo es fundar una comunidad terapéutica público-privada para ofrecer también el servicio de internación, tal como lo necesitó él para recuperarse: “Falta el espacio físico y el compromiso del Estado para acompañar a la persona que se quiere recuperar y no tiene los medios económicos para hacerlo”. Según Juan Pablo, el compromiso del Estado es clave porque “un adicto afecta a una familia y a su comunidad”.
Vivir para contarlo y rescatar a otros
Juan Pablo Massaferro tiene 35 años. A los 13 empezó a fumar cigarrillos de tabaco y a tomar alcohol, y un año después, junto a un grupo de amigos en una plaza, pitó por primera vez un porro. A los 16 probó la cocaína y no la dejó sino hasta un mes antes de cumplir los 30 cuando la policía lo encontró en la calle y lo llevó al hospital.
Para ese entonces, ya habían nacido sus tres hijos. El más pequeño tenía un mes de vida y él lo había visto tan solo dos veces. “Siempre lo cuento porque marca la dimensión de lo grave que estaba”, expresa Juan Pablo desde una situación totalmente antagónica a aquella que relata.
Al preguntarle si fue la curiosidad lo que lo llevó a probar aquel primer porro, Juan Pablo aclara que “es la curiosidad en un contexto inapropiado, porque muchas de las veces que yo estaba en la plaza tendría que haber estado en la escuela. Es mucho más que la curiosidad, porque la curiosidad fue a la droga y no hacia, no sé… aprender a hacer una huerta”.
“Hay una historia de vida que hay que tratar de comprender y entender detrás de cada consumo”, asegura Juan Pablo ya desde su rol de operador socioterapéutico en adicciones; “tuve la oportunidad de pasar por todas las etapas del consumo, entonces cuando un pibe viene y me cuenta lo que le pasa, yo lo viví, yo sé lo que es estar en la calle, sentirte culpable, sentirte solo, porque uno se aleja tanto que llega un punto que estás totalmente solo”.
Al narrar su historia, Juan Pablo asegura que en los primeros 10 o 13 años de consumo nadie de su entorno familiar hizo algo para sacarlo de donde estaba: “Yo no demostraba estar tan mal porque dentro de todo laburaba, en el medio hice una carrera de producción musical, viví en Buenos Aires, en Neuquén, me recibí de productor de música electrónica, pero llegó un punto en el que la situación fue realmente crítica”.
Y cuando la situación fue realmente crítica, fue su pareja, la mamá de sus hijos más chicos, quien pidió ayuda a los padres de Juan y ellos le pidieron a la Justicia una protección de persona. “Yo estaba en la calle sin comer y sin dormir. La policía me levantó en el barrio, me llevó a sala 6 del hospital con seguridad policial y después de tres días, me vinieron a buscar desde la comunidad terapéutica de Buenos Aires donde me internaron. Pesaba 45 kilos y no quería saber nada con dejar de consumir, no porque me gustara, sino porque era como mi alimento, no me imaginaba la vida sin consumir cocaína”, relata. Para ese entonces, Juan estaba tan involucrado en el ambiente que disponía de la cantidad y la calidad de cocaína que quisiera.
Sobreviviente
Respecto del daño que causa la droga, Juan asegura que, contrario a lo que se dice, es peor la droga de mejor calidad: “Si bien la droga siempre te va a hacer mal, la de mejor calidad es la que te va a generar más dependencia, mayor adicción. La de mala calidad te puede hacer mal al cuerpo, te va a doler la panza…”
Aquel febrero, hace cinco años, Juan Pablo fue alejado a la fuerza de todo tipo de drogas. Cuando llevaba apenas 25 días de internación, su mamá lo llamó por teléfono y le contó que la Policía Federal había allanado la casa del barrio donde él solía estar siempre y había detenido a 15 personas. Todas conocidas de Juan Pablo, todas parte de su vida hasta hacia un par de semanas. “Sentí agradecimiento, algunos están presos todavía… Zafé de morir y de caer preso”, expresa, y de esa manera explica por qué en las redes sociales se define como un sobreviviente. Hoy, si bien lleva una vida saludable, entiende que hay cosas que se pueden recuperar y otras que no: “La recuperación de una persona es difícil si la familia no acompaña. Es tan grave el problema de las adicciones que afecta a todos”.
Tocar fondo
“Muchas veces, lo irrecuperable tiene que ver con la manera de ser, con la personalidad de uno, pero también hay confianzas y cariños que se pierden. Gente que te quería de una manera que no te va a querer más de esa manera, y no le podés pedir que se olvide de lo que le hiciste ahora porque estás bien”, asegura Juan Pablo y concluye: “Estoy agradecido de haber tocado fondo para poder transmitir que consumir drogas no sirve de nada”.




















